No se burlen

“La libertad de expresión debe ejercerse dentro de un espíritu de responsabilidad”, dice la autora de este artículo que incide en el afán comercial que motivó la creación de las caricaturas por las cuales los musulmanes protestan en el mundo.

| 23 setiembre 2012 12:09 AM | Especial | 1.2k Lecturas
No se burlen
Atención: El autor de la caricatura ya ha sido parodiado en un dibujo que puede ser una premonición.
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La publicación de unas caricaturas del profeta Mahoma en el semanario francés “Charlie Hebdo”, el día miércoles 19 último, ha motivado que algunas asociaciones musulmanas denuncien a la revista por incitación al odio, por difamación e injuria pública, y también declaraciones de personajes importantes de la política francesa. Pero, a la vez, se ha apreciado cierta indiferencia “sentida” de otros musulmanes que no son tan fundamentalistas y comprenden la realidad.

¿Cuán poderosa puede ser una caricatura?
Hace poco, en Lima, en el mes de junio, se realizó un festival internacional sobre caricaturistas, cómics y la libertad de expresión en el que se subrayó la vigencia y la función de estos géneros artísticos. Un caricaturista, a través del humor, es capaz de sensibilizar al público sobre temas políticos, económicos y otros de la sociedad de una manera eficaz y directa. La fuerza de una caricatura es tal que puede generar cambios en el comportamiento humano. Cuando son mal entendidos generan protestas y violencia en diferentes niveles y espacios.

En París, las actividades religiosas de la Gran Mezquita han sido suspendidas y la policía ha resguardado algunos barrios y lugares turísticos porque se teme aún ataques de ciertos grupos fundamentalistas. En 2005, los estudiantes daneses fueron atacados porque recrearon la figura de Mahoma en un diario danés. En el 2006, el semanario satírico “Charlie Hebdo” retomó y publicó las caricaturas danesas generando protestas, muertes y polémicas internacionales en el mundo musulmán y detenciones del personal de prensa; y en 2011 sufrió el incendio de su local por haber publicado una caricatura sobre la ley musulmana.

¿Libertad de expresión?
No es la primera vez que Charlie Hebdo está en el ojo de la tormenta. Es reincidente contra los musulmanes. A fin de evitar más problemas, los especialistas consideran que es necesario optar por la crítica política. El argumento de la libertad de expresión fue válido solo en el principio porque al parecer este semanario satírico ha abandonado su tradición libertaria por una línea ordinaria (beauf-racista), popular, cuyo objetivo real es relanzar las ventas, pero golpeando regularmente a los musulmanes.

Se le critica el doble discurso y la claridad oscurantista en un contexto muy tenso, al parecer con la lectura de estas caricaturas deliberadamente han tratado de exacerbar y ofender los sentimientos de los musulmanes y provocar ciertas reacciones; nada puede justificar el insulto ni la incitación al odio.

Otro punto que ha sido cuestionado es el momento de su publicación. No ha sido oportuno porque se dio en el contexto de las protestas del mundo musulmán contra el filme anti-Islam “La inocencia de los musulmanes”, con embajadores muertos y una embajada incendiada; es una provocación que juega con el miedo de los franceses no musulmanes y musulmanes que temen ser parte de la estigmatización.

Comercio vs. libertad de expresión
Pero, según la apreciación de otro sector de la prensa, desde el punto de vista comercial ha sido buena porque los 75 mil ejemplares fueron vendidos, de lo cual se deduce que el interés es más comercial que una búsqueda de la libertad.

Es muy fácil criticar o burlarse de alguien que está en el poder. Por ejemplo, si se trata del presidente o sus ministros, porque nos arranca una sonrisa, pero de alguien que está en una situación diferente, como es el caso de los musulmanes que siempre creen que son el blanco de las burlas y porque conocen las dificultades de la integración, ha generado cierto malestar.

La libertad de expresión debe ejercerse dentro de un espíritu de responsabilidad. El límite de esta libertad es la blasfemia, la injuria. En Francia, la blasfemia es un derecho y no hay motivo para que cambie, y es aun un deber frente a la tontería de los integracionistas que desean amordazar toda relación crítica con la religión.


(1) “Nuestro profeta. Nuestro honor”, señalan los musulmanes. (2) “Paren el filme”, reclaman.

No se puede acusar a Charlie Hebdo de que hostiga solamente al Islam porque hace decenios de años se prendió también de los cristianos y últimamente pone en el mismo saco a los judíos y musulmanes, como se puede notar en la caricatura de la carátula del semanario y que hace que uno de los personajes diga “no se rían” o “no es necesario que se burlen”.

¿Por qué insistir en la porfía de que ellos provocan? Porque están hartos de tanto fanatismo religioso y hartos de ver cómo instrumentalizan las religiones, hartos de ver creyentes pacíficos y laicos que se hacen desacreditar por una minoría que no tiene nada que hacer sino influir en la vida de los demás, hartos de ver un filme que no responde a los criterios artísticos de la TNT.

La gran diferencia entre las consecuencias del integrismo, sea cual fuere, católico, musulmán o judío, y las caricaturas, es que las últimas se pueden borrar pero los delitos y crímenes perpetrados indebidamente en nombre de la religión no. En la historia de la humanidad la mayoría de las grandes guerras y movilizaciones se han dado en nombre de la religión, en nombre de Dios.


Gloria Cáceres
Desde París

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