Necesitamos una educación de calidad en el Perú

De nada vale asignar mayor presupuesto a este sector, si los gobiernos lo administran de modo inadecuado.

Las reformas educativas han estado en las agendas de los gobiernos de los últimos 50 años. En 1968 el general Juan Velasco Alvarado anunció una reforma de la educación para abrir paso a la revolución que proclamaba la ideología que inspiró su gobierno, la que se basó en un cambio de los contenidos educativos con ideas progresistas de izquierda.

| 17 octubre 2014 04:10 PM | Especial | 2.3k Lecturas
Necesitamos una educación de calidad en el Perú
Necesitamos una educación de calidad en el Perú
Por: Beatriz Mejía Mori
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El general Morales Bermúdez representando la derecha militar diluyó los planes de reforma ideológicos y la orientó a una educación técnica basada en conocimientos para desarrollar capacidades para el trabajo y las diversas profesiones.

Las décadas posteriores y más recientes, no trajeron cambios sustantivos, a pesar que casi todos los gobiernos anunciaron reformas, las cuales no pasaron de ser administrativas, las que han tenido su mejor indicador, en la reducción del Ministerio de Educación a la mínima expresión, desde haber tenido uno de los edificios públicos más importantes a estar arrinconado ahora en unas cuantas oficinas de un edificio como huésped incómodo del Ministerio de Cultura.

El ministro Castilla luego del anuncio reciente de mayor inversión en educación, a la pregunta de una periodista, por qué habían esperado el cuarto año de gobierno para tomar esta decisión, respondió “…porque no sabían aún, en qué se podía invertir en educación”; lo cual es muy revelador de lo que pasa con los gobiernos: no saben en qué invertir para mejorar la educación.

De nada vale asignar mayor presupuesto a este sector, si es que los gobiernos lo administran de modo inadecuado a los cambios que la educación demanda en el Perú.

El sistema educativo nacional atraviesa una crisis estructural y moral, sobre las cuales no se puede edificar el edificio educativo encargado de educar a los niños y jóvenes peruanos, su administración es burocrática y lenta, las UGELES son elefantes que se mueven muy lentamente, están llenas de personal que ve su empleo con absoluto desinterés, muy lejano de comprometerse con el servicio social que deben brindar.

Los directores y maestros de las escuelas públicas formados en facultades e institutos superiores, donde en su mayoría les enseñaron una pedagogía del conocimiento, están limitados a impartir una currícula educativa dirigida a enseñar conocimientos pero no a formar personas con habilidades para la vida, con conciencia moral de las cosas y aptitud para ser ciudadanos de bien.

Los cursos que podían introducir algunos espacios de reflexión y enseñanza sobre estos temas, han sido suprimidos y se ha convertido la educación actual en una escuela de conocimientos, muchos de los cuales los alumnos jamás aplican en la vida.

Las fiestas “perreo”, las “discotecas de mañanas” para estudiantes y los “internets” llenos en horario escolar de niños y adolescentes uniformados sumidos en juegos violentos, frente a la absoluta inacción de sus colegios, de la Policía y de las Fiscalías de Prevención del Delito, la promiscuidad adolescente y la violencia escolar, son sólo el reflejo de la pavorosa educación que están recibiendo los niños y jóvenes en el Perú.

De no hacerse un cambio drástico del sistema educativo, la sociedad que estamos formando, es una de personas sin conciencia moral, sin capacidad para comportarse correctamente en la vida, envueltos en indignidad e incapaces de forjar su propio destino, gente que aumentará las cifras delincuenciales y de niños abandonados por padres sin capacidad moral para asumir su paternidad.

La crisis de la educación se extiende a nivel universitario, donde la multiplicación de universidades con condiciones inadecuadas para la formación profesional no es el principal problema, ni siquiera la carencia de rigurosidad académica de las mismas, sino la orientación del tipo de educación que se pretende impartir en ellas.

Una educación que se advierte es la continuación de la escolar, privada de lo esencial para formar verdaderos profesionales en todas las disciplinas, meramente instructiva de los conocimientos que capacitan al individuo para desempeñar una profesión, pero sin la habilidad moral para ser un verdadero profesional capaz de ejercer su profesión con excelencia en bien de los demás.

La mayor parte de universidades se jactan de formar profesionales con excelencia académica, de abrirles paso en el mundo económico, de tenderles puentes al mundo exterior, de asegurarles un empleo, es decir les prometen ayudarles a cumplir su propio proyecto personal. ¿Pero cuántas centran sus objetivos en formar profesionales íntegros capaces de consagrar sus vidas para servir a los demás?

He visto una, que bajo el lema UT SERVIAM, proclama como su signo distintivo: “Formamos profesionales para servir a los demás”, es la Universidad Jesuita Antonio Ruiz de Montoya, en cuya currícula y contenidos de las diferentes disciplinas se puede advertir un desarrollo ideológico que, cautelando la excelencia académica se encamina a formar profesionales diferentes, capaces de tener una visión de servicio social y no buscadores de beneficio personal.

Desde una educación principalmente cristiana desarrollada por la Iglesia Católica y reconocida por la Constitución en el artículo 50 de la Constitución, a la aparición actual de colegios que se jactan de negar toda filosofía de fe religiosa para permitir una “apertura de pensamiento” que según sus promotores impide la educación cristiana, se ha gestado un pensamiento colectivo de negación de los principios y valores que enseña el cristianismo como modelo de vida para las sociedades, y no han faltado quienes han levantado una voz de secularización de la educación.

Pues ahí tenemos el resultado en los niveles de delincuencia, de familias desintegradas, niños en abandono, madres solas criando a sus hijos en condiciones de pobreza, hombres engendrando hijos cuya paternidad no asumen, que componen una sociedad sin norte y sin destino.

La educación que el Perú necesita para salir de esta tragedia moral, es la que cambie el concepto mismo de educar, de mera enseñanza de conocimientos a la impartición de principios y valores, para formar hombres y mujeres de bien, capaces de asumir su rol social en un oficio o profesión dedicados al bienestar de los demás.

Entonces la ciencia y la investigación para el desarrollo del conocimiento tendrán el debido lugar para mejorar la calidad de vida de los pueblos, y el Perú se levantará como una nueva nación capaz de alcanzar un destino superior.

*Ex Directora de Capacitación del Poder Judicial y ex Directora Gral. de la Academia de la Magistratura.

Beatriz Mejía Mori


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