Navegar río arriba

Con la mirada puesta en el año 2021, bicentenario de la república criolla, el grupo Otra Mirada (formado por Salomón Lerner Ghittis, Nicolás Lynch, Humberto Campodónico, Pedro Francke, www.otramirada.pe) ha presentado en setiembre último el texto Una democracia sin cimientos se puede caer con el propósito de debatir el tema, y ofrecer algunas propuestas para buscar un nuevo contrato social.

| 11 octubre 2009 12:10 AM | Especial | 1.8k Lecturas
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(1) La trascendencia de la rebelión indígena de Bagua es para tomar en cuenta. (2) García prometió reponer Constitución de 1979. Tampoco cumplió.
Por una nueva Constitución y un Estado plurinacional.

Más datos

DETALLE

Está en marcha un proceso nuevo en Perú: la cultura se vuelve política. En otras palabras, la diversidad cultural y lingüística del país es ya visible. La rebelión de Bagua fue el momento cumbre de este proceso Un Estado plurinacional correspondería a lo que es el país, en reemplazo del estado unicultural impuesto por el pensamiento político eurocéntrico de los criollos.
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No a la Constitución de 1993
La crítica del grupo Otra Mirada a la Constitución de 1993, impuesta por el fujimorismo, es contundente:

“La precariedad de nuestra democracia es tal porque, entre otras cosas, se sostiene en una carta ilegítima e ilegal, con un contenido contrario a los intereses del pueblo y de la nación peruana, que es la mal llamada Constitución de 1993… El texto de 1993 no surgió de un Acuerdo Constitucional que refleje la construcción de una mayoría ciudadana. No fue un acuerdo de paz, como suelen ser las constituciones políticas sino más bien una Declaración de Guerra contra el pueblo peruano de un régimen ilegítimo para maquillar su dictadura y aferrarse al poder después del autogolpe de 1992. Ella ha servido para intentar legalizar la masiva expropiación de bienes sociales y públicos en beneficio de unas cuantas empresas nacionales y extranjeras que ha ocurrido en las dos últimas décadas. Debemos abandonar por ello este texto írrito que encarna los principios de una minoría y establecer otro conjunto de reglas básicas que promuevan el desarrollo nacional. De lo contrario, nuestra democracia seguirá siendo precaria con instituciones débiles y poco representativas, y los frutos del desarrollo seguirán sin alcanzar a millones de ciudadanos”.

Sostiene el grupo que “se debe apuntar a un cambio integral de la Constitución y no a parches o reformas parciales como se ha pretendido en años recientes”. Destacan 4 bloques de propuestas: 1. “Definir un Estado Social y Democrático de Derecho que sea Descentralizado, Laico y Plurinacional”…“reconsiderar la situación de los pueblos originarios y la particularidad de sus derechos en la democracia peruana”. 2. “por un régimen económico para la justicia social”. 3. “una forma de gobierno que devuelva la confianza al ciudadano”. 4. “Una descentralización que dé poder efectivo a municipios y regiones”.

La Constitución de 1993 y la esquizofrenia entre la economía y la política goza de excelente salud.

El consenso de Washington recomendó, con todo su peso que en países del llamado Tercer Mundo se requería de nuevas constituciones para cambiar las reglas económicas y políticas. El ciudadano japonés Alberto Fujimori se prestó perfectamente al juego: después del golpe de Estado en 1992, impuso una Constitución para que el capital extranjero reciba el mismo trato que el capital nacional (artículo 63), que las concesiones en territorios con recursos naturales como petróleo, gas, y productos mineros, se conviertan en derechos reales, (Art.60) para que el Estado no se interese más en la seguridad social (Art. 10 y 11) y en la estabilidad laboral (Art. 27), y para que el Congreso no pueda modificar los contratos a favor de las inversiones (Art. 62). Como sabemos, el candidato Alan García prometió en su campaña electoral que su nuevo gobierno repondría la Constitución de 1979, firmada por Víctor Raúl Haya de la Torre.

Se trataba sólo de una promesa para ganar las elecciones. La alianza entre el Apra y el fujimorismo, vista como un simple intercambio de favores en el Congreso, es mucho más, es un acuerdo de fondo sobre la entrega de los recursos nacionales a las grandes empresas multinacionales y nacionales, la voluntad de reducir el Estado a su mínima expresión y la práctica de expropiar los derechos de los trabajadores y de todo el pueblo en general. Si a las fuerzas del Apra y Fujimori se suman los votos de la Unidad Nacional y una veintena de tránsfugas de diversas procedencias, está asegurada en el Congreso la mayoría para dejar intacta la Constitución de 1993. No habrá, en consecuencia, voluntad alguna para cambiar la Constitución desde el Congreso. Sería inútil apostar por una nueva mayoría en el Congreso capaz de cambiar la Constitución.

¿A quiénes interesa una nueva Constitución?
A pequeños grupos políticos dispersos, de lo que en general se llama izquierda, muy lejos aún de formar una alianza capaz de afirmar una alternativa, a núcleos académico-políticos como Otra mirada, y a un Movimiento político indígena que después de la rebelión de Bagua (2008-2009), aparece como un nuevo actor en el escenario. Este movimiento de indígenas amazónicos y andinos -Confederación de Comunidades Peruanas Afectadas por la Minería, Conacami y la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas, CAOI- propone la necesidad de acabar de una buena vez con el Estado nación y de constituir un Estado plurinacional y comunitario. Se trata de una vertiente política nueva. Ruego a las lectoras y lectores no asustarse con el término Estado plurinacional, que no es obra de un cuco ni del demonio sino una reivindicación que tiene fundamento y debe ser cuidadosamente estudiada y discutida.

El grupo Otra Mirada propone “Definir un Estado Social y Democrático de Derecho que sea Descentralizado, Laico y Plurinacional” y cree que es necesario “reconsiderar la situación de los pueblos originarios y la particularidad de sus derechos en la democracia peruana”. Por el momento, se trata de un enunciado, sólo eso, de un reconocimiento de algo nuevo que ocurre en la política peruana. Me parece que es importante señalar esta coincidencia porque abre un nuevo espacio que podría ser el comienzo de una nueva alternativa política.

¿Qué movimiento político tiene la fuerza suficiente para introducir en la agenda política el tema de una Asamblea Constituyente y una Nueva Constitución?

Por el momento, ninguno. La llamada oposición en el Congreso de la república realmente no existe. Es sólo un conglomerado de intereses de pequeños grupos y de individuos que tratan se sobrevivir en el escenario político mediante una posible reelección. Para hablar de una oposición en serio en el país, hay que volver los ojos sobre Bagua y lo que Bagua representa como símbolo. Este es el momento para renovar en serio la política y enriquecerla con el aporte del movimiento indígena, sus propuestas, reivindicaciones y prácticas distintas, sus caras nuevas, sus propios apellidos. Llegó el momento de tomar en serio a ese nuevo actor político. Quienes siguen creyendo que se trata de “chunchos” o menores de edad que no sabrían lo que quieren, cometen un grave error y siguen representando la propuesta colonial del siglo XVI.

Está en discusión resolver el problema de la colonialidad del poder, de hablar en serio de regiones más allá de lo poco que hay sobre descentralización, de proponer formas organizativas autónomas para una ciudadanía étnica complementaria a la ciudadanía que ya conocemos y de pensar de nuevo el tema de desarrollo para no confundirlo con el desarrollo capitalista. Tenemos el deber político de examinar a fondo la experiencia boliviana de una nueva Constitución y un Estado plurinacional, luego la experiencia ecuatoriana. Circulan en libros y en redes de Internet las propuestas de “Otro mundo es posible”, en particular las ideas de Aníbal Quijano y Boaventura de Souza. Ha sido ya publicado el libro de la Coordinadora Andina de Organizaciones indígenas, CAOI, Estado plurinacionales comunitarios: para que otros mundos sean posibles (335 pp. Lima).

Rodrigo Montoya Rojas
Colaborador


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