Museo de la Nación

El hombre en el mundo de hoy, acosado y agobiado por el tráfago de la moderna urbe y los embates del gran capital, tanto mundial como nacional, ha sido llevado a niveles de abatimiento y enajenación, y no encuentra el sosiego espiritual. Pareciera que, a medida que avanza en el perfeccionamiento de los bienes materiales, se aleja de las fuentes más prístinas de los valores espirituales por excelencia: como son la cultura y el arte. Es que la dialéctica de los acontecimientos modernos, con su exacerbado pragmatismo y materialismo rampante, ha socavado la esencia espiritual del hombre.

| 10 setiembre 2011 12:09 AM | Especial | 6.6k Lecturas
Museo de la Nación
El Museo de la Nación debe ser integral e interdisciplinario.
PASADO Y PRESENTE DEL PERÙ

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Todo el curso de la historia del país, incluyendo el avance de las ciencias, del adelanto técnico y del arte en la etapa actual deben tener un lugar en este tipo de Museo. Se conseguirá, así, superar la idea de una cultura fragmentada que han venido ofreciendo nuestros museos.
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La concepción de un gran Museo de la Nación, puesta en marcha por un país como el nuestro, lleva en sí un propósito y una forma de ejecución diferentes a los de carácter tradicional. Tal Museo no puede ser simplemente un conjunto de colecciones de objetos de arte o de ciencia, pertenecientes al pasado, que se exhiben a la consideración pública en un recinto relativamente adecuado. Es decir, algo así como aquellos que hoy existen en el Perú en forma dispersa y aislada. Estas últimas pueden seguir subsistiendo, en particular cuando se trata de museos especializados, pero no cumplen el rol de un auténtico Museo de la Nación.

Un museo del tipo indicado tiene una ambición estrechamente vinculada a las exigencias del país encarado como una entidad dinámica.

El Perú es, entre otras cosas, un país subdesarrollado o insuficientemente desarrollado, como se dice de una manera un tanto más eufemística. Y sus habitantes tienen frente a sí el reto fundamental de ir superando esa situación mediante el empleo adecuado de todos los recursos de diversa índole de que disponen. Entre ellos el impulso a la voluntad de construir que dimana de un orgullo nacional bien entendido, que se funda en la importancia histórica alcanzada en determinadas etapas del pasado.

El Perú es, además, un país duro, difícil para el trabajo humano; un país fragmentado topográfica, antropológica y culturalmente, que requiere con urgencia forjarse una imagen de identidad y coherencia nacional. Una imagen que ayude en forma decisiva a vencer el desafío muy grande constituido por los factores de dispersión, de centrifugación que opera permanentemente a lo largo y ancho del territorio de la República y que en un pasado relativamente reciente contribuyeron, por desgracia, a muchos contrastes de significación muy negativa, como consecuencia de no haberse contexturado el Perú como un “país en forma”, según apuntaba Jorge Basadre.

En la forja de tal imagen puede contribuir sustantivamente el Museo de la Nación, concebido dinámicamente como un conglomerado de actividades afines orientadas a fortalecer la conciencia popular y la resolución de superar esos problemas de incoherencia y falta de una genuina Identidad Nacional. Lo cual puede alcanzarse mediante una libre y armónica coexistencia de las diversas formaciones culturales, en marcha hacia una confluencia global, que la historia nos ha deparado.

El Museo de la Nación tiene así un objetivo y una función que desbordan aquellos que han venido cumpliendo los museos tradicionales. Tiene una función de carácter formativo y promotor.

Museo integral e interdisciplinario
La concepción del Museo de la Nación surge, de esa manera, en contraste con la idea heredada de Europa sobre la materia. De la idea del Museo como depósito de tesoros, donde éstos se exhiben prácticamente para la contemplación singular y sin un recuerdo o referencia efectiva al contexto histórico. Y, por tanto, en forma que no sirve adecuadamente a ese interés concreto de un pueblo como el Perú.

Resulta lógico que en países de identidad plenamente definida y que han ido acumulando la riqueza cultural a través de los siglos y conservándola sistemáticamente no sea indispensable, a través del establecimiento museográfico, evocar y presentar el conjunto de la evolución social en el tiempo y en el espacio. Y es por eso que los museos de Europa son múltiples, variadísimos y en gran medida especializados.

En el Perú recibimos ese ejemplo y lo trasladamos mecánicamente.

Al museo eurocéntrico del viejo continente, nosotros lo reemplazamos con el museo “occidente-céntrico” y “arqueolocéntrico” como si mirásemos las viejas culturas prehispánicas como restos de un pasado ciclópeo y digno de una atracción un tanto turística, por una parte. Y, por la otra, como si la arqueología fuese el centro capital de atracción cultural en el país. Y no hubiese otras etapas históricas.

Tal concepción, por lo demás, resulta naturalmente ajena a la idea de un museo como representación de un país en construcción, de un pueblo en marcha.

Todo el curso de la historia del país, incluyendo el avance de las ciencias, del adelanto técnico y del arte en la etapa actual deben tener un lugar en este tipo de Museo. Se conseguirá, así, superar la idea de una cultura fragmentada que han venido ofreciendo nuestros museos.

A los museos parciales y en cierta medida, parcializados sucede ahora el Museo totalizador, nacional, en el cual tendrán lugar todos los aspectos de la vida cotidiana del hombre peruano y que, en lo relativo a la época republicana, nos servirán para conocernos mejor y analizar nuestros aciertos y errores en función del proyecto de la nacionalidad. Así, podrá ir desfilando ante nosotros la formación de las clases sociales, la construcción de las instituciones, los mitos de influencia histórica, los roles jugados por la religión, el caudillismo, las sociedades secretas y los partidos políticos. E igualmente toda la urdimbre del tejido económico nacional, el comercio interno y externo, los enclaves mineros, el rol social y económico de las comunidades campesinas, además de la elaboración cultural propiamente dicha en lo relativo al arte, la literatura, la ciencia y la técnica.

Por todo eso, el museo de la Nación debe ser concebido como esencialmente integral e interdisciplinario. Integral porque, según se apunta con exactitud, debe exhibir de manera coherente el patrimonio histórico del Perú desde los orígenes de nuestra cultura hasta el presente; e interdisciplinario porque dedica atención especial también a la etnología, así como a los aportes científicos y tecnológicos de nuestro país.

Desde esta perspectiva, el Museo de la Nación se presenta como una necesidad nacional para afianzar y consolidar la Identidad Cultural y Nacional.


Carlos Torre Flores
Colaborador

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