¿Mito o realidad oculta?

Alcanzamos las valiosas apreciaciones de Carlos Neuenschwander Landa, destacado explorador y antropólogo, quien en su nuevo libro incluyó inéditas y sensacionales revelaciones sobre el “Paititi”.

Por Diario La Primera | 04 jun 2012 |    
¿Mito o realidad oculta?
EL FABULOSO “PAITITI”

El notable antropólogo Carlos Neuenschwander Landa a lo largo de varias décadas, ha realizado una serie de expediciones por las selvas de Cusco, Puno, Apurímac, Ayacucho y sobre todo en la región comprendida entre los ríos Alto Madre de Dios, Manu, Paucartambo y Yavero, donde la tradición y leyenda nos dan cuenta de la existencia de restos arqueológicos, destacando los de Pantiacolla y Apu Catinti, lugares en que para llegar hacia ellos, el explorador recorrió a pie las agrestes cordilleras de Paucartambo y Vilcabamba; en canoa por los ríos, y en helicóptero sobrevolando los contrafuertes orientales de los Andes. En su recorrido encontró caminos de laja, las ruinas de Espiritupampa, los petroglifos de Pantiacolla y la meseta del mismo nombre, lugar en que el antropólogo fue el primero y único en llegar.

Las ansias de poder y de riquezas, que para encontrarlas, motivó a los conquistadores a arriesgar sus vidas, sin contar con los recursos suficientes que les permitieran tener éxito en sus expediciones. Según se decía que las más deslumbrantes leyendas eran las del Perú, que ya se había comprobado; la de El Dorado que estaría ubicada en Colombia y Venezuela, que con el correr del tiempo se llamaría de las Amazonas, y que al llegar su nombre hacia el sur oriente fue sustituido o confundido con el Paititi, leyenda que ya se conocía desde Huánuco, Sucre (Bolivia) y hasta el mismo río La Plata (Argentina).

Los españoles llegaron hasta el valle de Kosñipata y hasta el pongo de Koñeck. Según la tradición en las aguas del río Koñeck se arrojó la imagen de la Virgen María, que al varar en las playas del Amarumayo motivó a que se le bautizara al río, con el nombre de Madre de Dios. Don Carlos Neuenschwander, en uno de sus escritos afirma: “Desde entonces, el valle de Kosñipata y el que le continúa, el Alto Madre de Dios, quedó sumido, por siglos, en un olvido tan ominoso como la bruma que lo cubre casi permanente. Después, mucho después, en los tiempos cercanos a la Independencia, dos hermanos españoles, hacendados del Cusco, organizaron una expedición a Kosñipata, pasando por Tres Cruces y llegando a Pilcopata donde fueron interceptados por los huachipayres y asesinados en su mayoría.

Tres de los sobrevivientes, entre los que se contaban los dos hermanos y un lego, consiguieron salvarse y ascendieron por las abruptas laderas de las cabeceras de los ríos Tono y Piñi Piñi . En algún lugar, encontraron una escalinata de piedra, siguiendo la cual fueron a parar a una ciudad en ruinas, llena de tesoros. Según la tradición, hallaron doce estatuas de oro, que representaban a los Incas. De una de ellas, cortaron un dedo que fue entregado al santuario de Huanca por uno de los hermanos, el único sobreviviente, en testimonio de gratitud”.

Más adelante en 1873, el coronel Baltasar La Torre emprendió una expedición hacia Kosñipata, de la cual dos de sus sobrevivientes encontraron las ruinas y tesoros. También Juan Cancio Loaiza, guiado por machiguengas y siguiendo la ruta de sus antecesores llegó a las ruinas y recogió valiosos tesoros; esto motivó a que años después el inglés Juan Pen organizara dos expediciones infructuosas por el valle de Paucartambo entre las nacientes del Piñi Piñi y las del río Pantiacolla, en búsqueda de los apetecidos tesoros y ruinas.

Sin embargo, pasado los tiempos continuaron las expediciones por extranjeros pero guiados por cusqueños. El más animoso de los nacionales fue Agustín Ocampo, quien en 1955 dio a conocer las posibles rutas hacia la ciudad de Pantiacolla; además también les interesaba descorrer el velo misterioso sobre las construcciones líticas del Cusco, Ollantaytambo y Machu Picchu, que intuían que provenían de la selva, por eso les interesaba estudiar los caminos de piedra en las cordilleras desde Tres Cruces hasta su dispersión en los contrafuertes del Aucatinti y las cabeceras del Chunchosmayo.

Carlos Neuenschwander, informó (1983) algo más en su primer libro “Pantiacollo” sobre su vasta experiencia en los viajes realizados por estas selvas durante casi tres décadas. Don CNL nos adelanta: “Dos hechos nos hacen pensar que el camino troncal no termina en la ceja de selva sino que continúa hacia y a través de los llanos selváticos. El primero es que hemos comprobado que, los petroglifos del Pusharo, Pantiacolla, Palatoa ó como se les quiera llamar, ubicados en la parte terminal del cañón del río Pantiacolla, donde terminan los contrafuertes andinos y empieza la llanura de la selva baja, parte un camino muy ancho, tallado sobre la roca viva, cuya pared está adornada con petroglifos. Este camino cuya continuidad hemos verificado por 3 kilómetros, se dirige hacia el valle del Pantiacolla o Sinkibenia y, en último término, hacia el camino de piedra que transcurre por las alturas de la cordillera de Paucartambo”.

El antropólogo también contó que sus amigos Carlos Aróstegui y un tal Sr. Yábar les habían brindado narraciones muy importantes; el primero dijo que cerca a Riberalta entre los ríos Beni y Madeira junto a una laguna, observó muros con piedras pulidas muy similares a las cusqueñas; y el segundo, contó que en la llanura de Rurrenabaque entre los ríos Heath y Beni vio largos canales de piedra.

Carlos Neuenschwander luego de escuchar esas narraciones afirmó: “La exploración y estudio de los caminos y de los petroglifos, podría abrir horizontes de interés insospechado en la prehistoria del Perú y América”. “En suma, teniendo en cuenta todo lo dicho hasta aquí, podemos concluir reafirmando nuestra opinión en el sentido de que el Paititi fue una cultura distinta a la de los Incas y también a la de los Antis, y tuvo su asiento principal en la selva baja que se extiende, cuando menos, desde el río Urubamba hasta el río Beni y que en la etimología del nombre es amazónica y no quechua”.


Gonzalo Bulnes
Investigador

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