México en la encrucijada

El candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, juega todas sus cartas para vencer al candidato del Movimiento Progresista, Manuel López Obrador, que le sigue los pasos en las encuestas. Más de 84 millones de electores decidirán este domingo los destinos de México.

| 30 junio 2012 12:06 AM | Especial | 1k Lecturas
México en la encrucijada
Enrique Peña Nieto
EL FANTASMA DEL FRAUDE
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México se juega su futuro. Mañana debe decidir si continúa con el modelo neoliberal impuesto por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de Avanzada Nacional (PAN) o si opta por un cambio sustancial en la política económica. Debe decidir si el gobierno sigue en manos de “los amos de México” o si el Estado reasume sus funciones para cumplir con obligaciones básicas como la seguridad y la creación de empleo para sus ciudadanos.

En fin, debe decidir si el poder sigue siendo ejercido por una casta política asociada al narcotráfico, al crimen organizado y a los empresarios corruptos o si empieza a construir un poder ciudadano que dispute la hegemonía de esos poderes que han convertido a México en la representación de un Estado fallido.

FRAUDE
Todo eso está en juego y lo saben quienes tienen el poder en sus manos. A medida que se incrementan las preferencias del candidato reformista Manuel López Obrador, la posibilidad de un fraude se hace más cercana para favorecer al candidato de los medios, el priísta Enrique Peña Nieto.

En los últimos días el crecimiento del descontento, la irrupción del movimiento “#YoSoy132”, acrecentó los temores del candidato del PRI y reactivó el as del fraude que ya frustró el triunfo electoral de Cuauhtémoc Cárdenas, en 1988, y del propio López Obrador en las elecciones de 2006.

Hasta el momento se han reportado algunas evidencias de ello: boletas con errores de imprenta, pérdida de boletas electorales y el asesinato de un activista del PAN acribillado en la localidad de Villaflores, Chiapas, por el candidato a la alcaldía, el priísta Ulises Alberto Grajales.

Hace pocos días se realizó una reunión de 16 gobernadores del PRI en la casa del gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, con el objetivo secreto de armar el fraude. Ávila confirmó la reunión, pero aseguró que era para “compartir experiencias exitosas y analizar el panorama socio-político del país”. Una versión que deja más dudas a las ya existentes.

Se denunció además operaciones financieras ilegales a través del uso de 450.000 tarjetas de débito para pagar la movilización electoral de sus operadores por un monto de 701 millones de pesos (40 millones de euros), más del doble de los 336 millones de pesos que es el tope de gastos fijado por la ley electoral.

De acuerdo al intelectual Octavio Rodríguez, el “carrusel” electoral funcionaría así: En una casa se congrega a cierto número de votantes; uno de ellos va a la casilla electoral y en lugar de depositar el voto se regresa con las boletas. En la casa se marcan por determinado partido y se entregan al segundo votante. Éste las deposita y regresa con las papeletas que le dieron en la casilla. A cada votante que entrega su boleta en blanco se le da una suma de dinero.

Pese a las denuncias, el Instituto Federal Electoral (IFE) asegura que no existen riesgos y que 31.401 observadores estarán presentes en las elecciones del 1 de julio, incluidos 501 extranjeros. En respuesta, una coalición de organizaciones civiles –grupos religiosos, campesinos, migrantes, ecologistas, sindicalistas y de derechos humanos– anunció que saldrá a las calles si hay evidencias de fraude.

Para el periodista Paul Imison, en una sociedad diezmada por la corrupción, con una larga tradición de fraudes electorales, las amenazas son reales. Cuatro fenómenos alimentan lo anterior: la insistencia por mantener a Peña Nieto a la cabeza de las encuestas; la imparable compra del voto; las dudas sobre el IFE, y la ausencia de mecanismos legales para penalizar los delitos electorales.


Manuel López Obrador

TRAMADO MEDIÁTICO
Pero el tramado para asegurar el triunfo de Peña Nieto se armó seis años atrás cuando Televisa y otros medios apostaron por su candidatura, previo pago de cuantiosas sumas de dinero. El analista Luis Hernández dijo que se trató de una operación de mercadotecnia política nunca antes vista. “Toda la campaña presidencial del muñeco telegénico ha sido diseñada para vender a los ciudadanos el cuento de un político joven al que las masas ven como rockstar, adorado por las mujeres, desligado del pasado autoritario y corrupto de su partido y capaz de encabezar las grandes reformas que el país necesita”, señala.

El diseño y la producción de esta puesta en escena es obra de Televisa. Hace poco se reveló que una unidad secreta de Televisa, denominada “el equipo Handcock”, financió la campaña para llevar a la presidencia a Peña Nieto. Según reveló el diario The Guardian entre los involucrados estaban Alejandra Lagunes, entonces directora general de Televisa Interactive Media y actual responsable de redes sociales de la campaña del PRI.

Pero el PRI no puede huir del pasado. El partido de la revolución mexicana sólo puede ofrecer un nuevo rostro en el discurso, amplificado hasta la náusea por los medios de comunicación, pero nada más, pues incluso las ideas centrales del ideario político de Peña Nieto abrevan de la más rancia tradición autoritaria, afirma Rafael de la Garza.

Su propuesta de reformas políticas apunta a centralizar el poder en manos del presidente, mantener el control del Congreso y legalizar la reelección. Pero además le molesta que el Congreso tenga que ratificar a miembros del gabinete del Ejecutivo.

La entraña autoritaria del candidato quedó evidenciada en la Universidad Iberoamericana tras confirmar su responsabilidad en la masacre de Atenco, lo que le costó una salida precipitada bajo los gritos de “asesino, asesino”. La protesta brotó donde menos se esperaba, en la institución que graduó a Vicente Fox, una de las universidades particulares que durante años promovió la privatización de la educación superior.

Peña Nieto es el continuador del programa neoliberal que ha producido una de las olas migratorias más impresionantes que se recuerden a los EEUU. Los asesores de Peña ya anunciaron, sin el menor rubor, que alistan “un paquete de reformas estructurales” que incluyen la privatización de Pemex y el incremento del IVA.



SIN SALIDA
Sin perspectivas de trabajo, con los precios de los productos agrícolas en el suelo, las únicas salidas que les quedan a los jóvenes son el narcotráfico o la migración a los EEUU. Hace poco el Grupo de los Cien, un conjunto de destacadas personalidades, afirmó que en “la patria del hombre más rico del mundo (Carlos Slim) 52 millones de personas -la mitad de ellos, niños- viven en la pobreza”. Recordó también que el país está asolado desde hace seis años por una ola de narcoviolencia (más de 60.000 muertos) y que eso tiene que ver con la militarización de la lucha contra el crimen por parte del Gobierno de Felipe Calderón. También certificó que el crimen organizado “ha alimentado la corrupción en los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal)”.

La violencia asociada al narcotráfico ha sido la imagen internacional de México durante el sexenio de Calderón y la inseguridad la principal preocupación de los mexicanos. Pero a Peña Nieto no se le ha ocurrido mejor idea para combatir esa lacra que convocar a un militar colombiano para “colombianizar” más la guerra contra las drogas.

Pese a que para ciertos sectores López Obrador no es un candidato que represente a la izquierda o a los sectores revolucionarios, porque arrancó su campaña pidiendo perdón por las movilizaciones contra el fraude hace seis años y a que se comprometió a dejar la conducción de la economía en manos de Fernando Turner, un connotado miembro del grupo Monterrey, lo cierto es que todavía cuenta con el respaldo de importantes sectores democráticos.

Así las cosas, buena parte de lo que suceda mañana dependerá de que el abstencionismo sea reducido al máximo, de que se detengan las maniobras fraudulentas con una amplia movilización ciudadana que cuide el voto en las mesas de votación. En esas circunstancias, el Movimiento Progresista, la coalición de partidos y movimientos que encabeza López Obrador, tiene una carta que le puede dar vuelta a la tortilla.


Efraín Rúa
Redacción


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