¿Mensaje o capitulación?

Pasados los días de las Fiestas Patrias saturados por los medios con el parecer de analistas y políticos neoliberales sobre el mensaje de Ollanta Humala, el desfile militar y la sonrisa de la pareja presidencial, volvemos a la cruda realidad: la dramática situación de los trabajadores y de la inmensa mayoría de los excluidos que esperaban la transformación que prometió el Presidente Humala.

| 09 agosto 2012 12:08 AM | Especial | 1.3k Lecturas
¿Mensaje o capitulación?
DISCURSO PRESIDENCIAL

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El verdadero diálogo para ser creíble debe culminar con soluciones concretas ante las demandas y reclamaciones de las organizaciones sindicales y sociales. Porque hay diálogos que solo sirven para neutralizar el descontento y alargar el tiempo, pero al final no hay solución.

Los trabajadores esperábamos que el Presidente se refiriera a la derogatoria de leyes y disposiciones antilaborales como la tercerización y las services que tanto utilizó para ganar votos durante su campaña; pero, ni siquiera tocó el tema.
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El mensaje del 28 de Julio era esperado por los trabajadores con obvio sentimiento de frustración, pero con algo de esperanza sobre el reemplazo de la actual legislación laboral neoliberal, más no dijo nada, tampoco sobre el cambio de la política económica que ofreció cuando era candidato. Por el contrario, ha enumerado una larga lista de programas asistenciales que no harán más que afianzar el sistema que el candidato Humala tanto criticó.

Los sindicalistas que tenemos noción de política sabemos que el asistencialismo no cambia la estructura, solo es un paliativo, Por lo tanto la política económica seguirá invariablemente neoliberal, tanto que en el reajuste del Consejo de Ministros no han sido tocados los ministros del área.

Los trabajadores esperábamos que el Presidente se refiriera a la derogatoria de leyes y disposiciones antilaborales como la tercerización y las services que tanto utilizó para ganar votos durante su campaña; pero, ni siquiera tocó el tema. Tampoco habló del derecho a los pliegos nacionales por rama de actividad, ni sobre el derecho a la estabilidad en el trabajo, menos a la política salarial ni la derogatoria del Decreto Ley 25593 a fin de proyectar una nueva ley que signifique la recuperación de la Negociación Colectiva y se ponga fin a la trampa de los arbitrajes.

Sin embargo, el mensaje, sí se refirió al proyecto sobre la mejora remunerativa de las fuerzas armadas y policiales no obstante que los policías ganan más mientras que la gran mayoría de los trabajadores, verdaderos generadores de la riqueza, “gozan” de un salario mínimo de 750 soles mensuales y los que sobrepasan este, fluctúan entre 800 y 1,100 soles que, comparado con el actual costo de vida, resultan irrisorios.

En cuanto a la seguridad ciudadana, el gobierno y la derecha mediática creen que frente al aumento de la delincuencia cada vez más violenta, la solución es poner más policías negándose a admitir que el problema radica, principalmente, en el desempleo que aumenta día a día. Si el gobierno desarrollara una política consecuente a los cambios que prometió generaría empleo productivo para un contingente de miles de jóvenes que cada año ingresan a la población económicamente activa, entonces la delincuencia disminuirá aceleradamente. La solución es generar empleo productivo y no mejorar la represión.

El Presidente ha dicho que se ha iniciado la “Gran Transformación” y también se refirió a la industrialización en el país, pero para creerle esta vez es imprescindible el cambio de la actual política neoliberal en la economía, empezando por su gran operador: el ministro del ramo. Alguien debería decirle al Presidente Humala que uno de los objetivos del neoliberalismo es liquidar las industrias nacionales y es lo que se ha hecho en el Perú desde el gobierno de Fujimori. Entonces, si no cambia al ministro de economía, su entorno y la Constitución del Estado, nunca habrá ni transformación ni industrialización.

Poco a poco o más temprano que tarde se va esfumando el Ollanta que fuera esperanza de trabajadores y de excluidos, de los que luchan por los cambios y la verdadera transformación.

Conga, diálogo y represión
El Presidente ni siquiera se ha referido a los 17 asesinatos de peruanos perpetrados por la policía nacional ni sobre la sanción a los responsables. Dichos asesinatos se cometieron por solamente participar en las protestas que exigían solución a sus demandas. A cambio ha propuesto un “Gabinete del Diálogo” para solucionar los conflictos sociales y sindicales.

Los trabajadores esperábamos que el Presidente anunciara la derogatoria del Decreto Legislativo 982 que criminaliza las protestas promulgado por el gobierno de García que declara inimputables a los miembros de las fuerzas armadas y policiales que causen lesiones o muerte por el uso de sus armas en la represión de las protestas sociales.

¿Entonces, cómo se va a realizar el “diálogo” si no es derogado dicho dispositivo? En la Unión Europea, durante los dos últimos años, se han dado cientos de protestas mucho más fuertes que en el Perú, con centenares de miles de trabajadores en las calles y en ellas intervinieron las fuerzas policiales, pero nunca han disparado balas para matar a los manifestantes. Cuando ha habido excesos de la policía (en el uso de gases lacrimógenos y varas) los ministros del ramo han pedido disculpas. Lamentablemente en nuestro país pasa todo lo contrario: los asesinos son premiados.

Sin embargo, algunos todavía tienen cierta expectativa por el anuncio del diálogo y el “Gabinete del Diálogo”, aunque este diálogo parece referido solo a problemas puntuales de carácter reivindicativo y no sobre cambios en política económica y laboral ni derogatoria de las leyes antilaborales y antisindicales. Ojalá este “diálogo” no sea como el caso español donde los dos grandes sindicatos creyeron en él, tanto en el gobierno del PP como en el del PSOE y de tanto dialogar los dos gobiernos decidieron imponer medidas brutales, recortando derechos y conquistas laborales.

El verdadero diálogo para ser creíble debe culminar con soluciones concretas ante las demandas y reclamaciones de las organizaciones sindicales y sociales. Porque hay diálogos que solo sirven para neutralizar el descontento y alargar el tiempo, pero al final no hay solución.

Del silencio sobre Conga los sindicalistas sabemos, por experiencia, que cuando un gobierno calla un conflicto social pendiente es porque algo malo se trae, sino ya hubiera anunciado que Conga no va. Por eso hay que estar más alertas que nunca y no bajar la guardia.


Valentín Pacho
Ex Secretario General de la CGTP y actual Secretario General Adjunto de la Federación Sindical Mundial FSM.

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