Mataperros de blanco

El secuestro de perros en las calles de Lima con fines supuestamente de estudios, se puede analizar en el contexto del pensamiento científico y médico. Aquí un punto de vista al respecto.

Por Diario La Primera | 22 ago 2010 |    
Mataperros de blanco
La crueldad con los canes no tiene justificación alguna.

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DETALLE

Michael Foucault es uno de los que más ha profundizado en la relación vertical que se da en las prácticas médicas y en los establecimientos sanitarios. En sus obras Vigilar y castigar, El nacimiento de la clínica, Historia de la locura, a través de un análisis profundo del devenir histórico y de los discursos científicos, logra visibilizar la construcción de la superioridad del discurso científico y médico
Una vez más hemos visto que los estudiantes de medicina de San Marcos (quizá también de las demás facultades de medicina), utilizan perros para sus prácticas. Con ello se ha generado toda una red de secuestradores que rapta animales y los vende a los estudiantes y profesores. El Centro de Estudiantes de Medicina de San Fernando se ha referido al asunto, apelando a la victimización fácil, antes que a discutir la necesidad de promover alternativas para superar estos lastres de la formación médica. (http://cemsanfernandounmsm.blogspot.com/2010/08/san-marcos-la-ciencia-y-la-practica-con.html)

Los que defienden la experimentación con perros u otros animales, obvian que desde hace varios años muchas personas han sufrido el secuestro de sus animales, que facultades y estudiantes de medicina han comprado para abrirlos vivos o muertos; con esa actitud, en la que el conocimiento científico y la práctica médica están por encima de la vida y de los sentimientos de seres humanos y de animales, los referidos estudiantes y profesores muestran desprecio hacia los otros.

Mentalidad superior
No es casual que tanto en los casos en que existe una negligencia médica inexcusable (como el del señor Villanueva y la amputación de la pierna equivocada), cuanto en el del secuestro, compra y posterior experimentación con perros, la respuesta de la Federación Médica tenga el mismo hilo conductor que la del Centro de Estudiantes de Medicina de San Marcos: persecución mediática. La gente no entiende el sacrificio de los médicos, la profesión médica es sagrada y todo aquel que cuestione sus prácticas la quiere destruir con intereses ocultos.

Es necesario desnudar las contradicciones de ese discurso y los intentos de justificar de lo inexcusable. El pensamiento médico es vertical, atribuye al saber científico una superioridad incuestionable, en muchos casos mira de arriba abajo al paciente o usuario que busca salud. Para los médicos resulta complicado desprenderse de esa coraza que la formación universitaria y la jerarquía de los establecimientos de salud le impregnan. Cuarteles y hospitales, como lo demuestra Foucault en varias de sus obras, son los lugares en los que la jerarquía se hace sentir más en desmedro de la igualdad.

Conduciendo la salud
Por ello no es casual que el Colegio Médico del Perú haya hecho cuestión de Estado el año pasado cuando el Gobierno Regional de Áncash osó nombrar a una enfermera directora del hospital La Caleta de Chimbote. El propio decano del CMP encabezó la lucha por anular ese nombramiento, y lo logró. Eso lleva a preguntarnos si las instancias sanitarias deben ser conducidas sólo por la profesión médica. Teniendo en cuenta los factores que intervienen en el funcionamiento de un sistema de salud y la rica complejidad de la salud como un hecho cultural, es claro que este campo requiere que otras formaciones ingresen en su conducción y pensamiento teórico. Para decirlo claramente, un hospital o cualquier establecimiento o instancia de salud puede ser conducido por una enfermera, una obstetra, una nutricionista, un biólogo, o algún otro profesional o no que tenga la capacidad de dirigir a un grupo humano y a una instancia que se debe a la población y no a la ciencia.

El poder y la gloria
El poder médico se expresa en distintas situaciones. Ello no quiere decir que no exista una buena proporción de médicos y médicas que anteponen el bien de la persona o de la sociedad a los intereses que rondan la profesión; además es obvio que los médicos y todos los profesionales y técnicos de la salud, en la mayoría de los casos, trabajan en condiciones deplorables ya que en nuestro país la salud pública no se prioriza más allá del discurso. Por eso la salud requiere desnudar todos los despropósitos que le impiden ser lo que debe ser, incluido el uso de animales, para que el poder que la profesión médica tiene sobre la gente se use idóneamente.

Que la formación en medicina alimente a los secuestradores de perros de casa o de la calle, es inaceptable. El avance de la ciencia y de la práctica médica hoy no se puede justificar sobre la base de la victimización frente a una denuncia. Una cosa es la labor y formación médica, otra la experimentación con animales indefensos y el enorme dolor que para muchas familias significa ese secuestro. Todos hemos visto cómo el centro de experimentación de San Fernando se ha convertido en una cárcel de per ros.

Los estudiantes de medicina, las autoridades universitarias, el gremio médico y el Ministerio de Salud están en la obligación de proveer los insumos para que esta situación termine y los delitos producidos se aclaren. La Edad Media justificó barbaridades en nombre de la religión; la edad moderna en nombre de la ciencia; la contemporánea en nombre del mercado. Ninguna civilización que pretenda trascender lo hará sobre razones para estar por encima de la vida y de los sentimientos de los animales, humanos o no humanos.

Alexandro Saco
Colaborador

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