Más papistas que el Papa

Leo El Comercio y me encuentro con un editorial que critica la posición de los Estados del continente que están de acuerdo con permitirle a Cuba participar en los foros regionales, a propósito de la Sexta Cumbre de las Américas, a la que Cuba no asistirá a ruego del anfitrión, Colombia. Será la última en la que ese Estado comunista no participe pues el consenso de todos los países de América, con excepción hecha de los Estados Unidos y Canadá, está por integrar a la isla a ése y otros foros internacionales.

| 08 abril 2012 12:04 AM | Especial | 1.1k Lecturas
Más papistas que el Papa
“Por el contrario, la exclusión de Cuba ha contribuido a “incentivar” a los dictadores Castro a perpetuarse en el poder en una dinastía estrafalaria.”
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Dice el Decano que “cuando los gobernantes van a estas cumbres internacionales lo hacen en representación de los pueblos que los eligieron. Invitar a una cumbre así a una dictadura en la que no ha habido elecciones libres o con más opciones que las del partido del gobierno en medio siglo es lo mismo que invitar al secuestrador de una familia a la junta de vecinos del edificio en que esta vive.”

El argumento es curioso pues cuando China, con el mismo régimen de partido comunista único asiste como economía emergente al foro de la APEC, del que Perú, Estados Unidos y Canadá forman parte, entonces nadie se rasga las vestiduras ni en Lima ni en Washington ni en Ottawa por invitar “al secuestrador de una familia a la junta de vecinos del edificio en que esta vive”.

Es más, el hecho mondo y lirondo es que todos los vecinos de América, exceptuando, claro, a los Estados Unidos y Canadá, tienen relaciones diplomáticas con el régimen de La Habana, del que “no hay forma de saber si es que representa al pueblo cubano más que lo que ese secuestrador representa a dicha familia, por la sencilla razón de que en Cuba no hay democracia, libertad de expresión, de asociación o de reunión, como para que algún ciudadano pueda expresar su oposición al régimen.”

Así, a la mayoría de los vecinos del “condominio América” le tiene sin cuidado la representatividad política del régimen cubano cuando decide relacionarse con él al más alto nivel de los Estados.

¿Por qué entonces y bajo qué argumento -que no sea una falacia como la expuesta por el Decano- habría de excluirlo de la “junta vecinal”? ¿Porque le molesta a Estados Unidos, ya no digo al Canadá? Pues si se tratara de democracia, ¿no sería acaso lo más justo contar los votos de todos los países americanos que tienen relaciones diplomáticas con la dictadura cubana para que, con la misma razón que los llevó a establecer dichas relaciones, tengan el derecho de decidir si la quieren o no en esta o aquella Cumbre?

Por otro lado, dice el Decano que “excluir a dictaduras de la mesa de la integración internacional es también un seguro de democracia que compran para los Estados que no la tienen muy sólida. Saber que se contará con el aislamiento de la comunidad internacional es un desincentivo a tomar en cuenta para los aspirantes a dictador. Un desincentivo que seguro que, ciertamente, a nadie que no se cuente entre estos últimos conviene anular.” ¿”Seguro”? ¿”Comprar”? ¿”Desincentivo”? ¡Por Dios, quién escribe esto! ¿Un broker?

Lo cierto es que el caso cubano es precisamente el que demuestra lo precario de excluir a raja tabla a las dictaduras de los foros internacionales. Cuba tiene más de medio siglo excluida de esos foros -y en especial de la OEA- y sigue comunista y dictatorial. Por el contrario, la exclusión ha contribuido a “incentivar” a los dictadores Castro a perpetuarse en el poder en una dinastía estrafalaria.

Más bien, los intentos de apertura del mundo hacia Cuba han significado siempre pequeñas concesiones de esa dictadura con las democracias occidentales. Y la razón es bien sencilla: Cuba necesita al mundo y busca integrarse a él. Mientras más se integre más concesiones hará. Mientras menos se integre menos concesiones habrá. Ésa es la lógica que subyace a toda decisión política por el mejoramiento de las libertades en la isla.

Así lo entendió Juan Pablo II cuando visitó Cuba y se entrevistó con el excomulgado Fidel Castro. Así lo entiende también hoy el archiconservador Benedicto XVI que acaba de visitar La Habana.

Si el Papa, que condena en todos los idiomas al comunismo, no le hace ascos a los Castro cuando se trata de integrar Cuba al mundo con el fin de sacarles el respeto a algunos derechos fundamentales, ¿por qué tendríamos nosotros que ser más papistas que el Papa?


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