¿Mano dura?

Nuevamente aparece el manido término que puede ser el preludio de una tensión mayor, lo que hace necesario observar todo el contexto social y económico.

| 11 diciembre 2011 12:12 AM | Especial | 1k Lecturas
¿Mano dura?
OPINIÓN

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BUSCANDO LEGITIMIDAD
Perú y el contrato social
El Estado requiere recuperar su función que es la de representar los intereses y defender los derechos y libertades de quienes le dan vida y lo legitiman: la colectividad peruana. La gente siente que eso no sucede, que tras un discurso y acaso la voluntad de avanzar en ello, el impulso se pierde y los gobiernos pueden resultar frenados para lograr sus propuestas iniciales.
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El término mano dura es usado para exigir que los gobernantes apliquen medidas dentro o fuera de la ley, siempre y cuando lo que se defienda sean los intereses del capital. Pero cuando se trata de la defensa de los derechos o libertades de la población, la realidad se invierte y estamos frente a la trasgresión del Estado de derecho.

Así, la derecha festeja detenciones o congelamiento de dineros públicos, pero entierra el pico cuando existe la necesidad de aplicar una real mano dura frente a constantes abusos.

Revisando el ordenamiento social podemos identificar decenas de situaciones en las que el Estado, en sus distintos niveles, requiere ser más firme. Uno de los más agudos casos en los que se requiere voluntad política para poner las cosas en orden, está relacionado con el derecho humano a la salud, en el que el extremo del libre mercado afecta directamente la vida de millones de peruanos.

DURO CON DOWN
Existen en este campo situaciones que permiten la existencia de dueños de ciertas enfermedades como el cáncer, en la que ciertos personajes han logrado hacerse del control del tratamiento cerrando un círculo que les permite controlar la oferta privada y en buena medida influir en la pública, como desde hace años se conoce sin que se haya hecho nada al respecto.

Y qué decir del acceso y del precio de los medicamentos, que en el país se comercian como objetos de mercado cuando las necesidades de la salud pública por principio están por sobre el interés particular.

Resulta indicativo que este mercado llegue a unos mil quinientos millones de dólares anuales y que las farmacias se multipliquen por doquier. Tampoco sorprende constatar las arbitrariedades de los seguros privados de salud que discriminan groseramente a niños con síndrome de down. La mano dura en estos casos no existe ni se reclama.

RENTA Y BANCOS
Otro ámbito clave en el que la firmeza estatal debería darse es el relacionado con la tributación, ya que existe una evasión gigante tanto en el IGV como en el impuesto a la renta.

Los gobiernos pasan prometiendo elevar la presión tributaria pero se conforman con el aumento inercial de ésta debido al mayor PBI. Las grandes decisiones implican romper esa inercia que afectaría a diversos grupos formales e informales con los que parece no se quiere tener problemas.

Hablemos también de los bancos, que según la propia Superintendencia de Banca aplican a sus usuarios cientos de comisiones indebidas, por no decir ilegales, sin que la autoridad pueda hacer lo necesario para revertirlas.

Esa situación termina succionando indebidamente a los peruanos y peruanas enormes sumas de dinero fresco que podrían ser destinadas a la atención de las necesidades básicas.

Tampoco se hace mucho en el campo de las telecomunicaciones, con situaciones que debían caerse de maduras como la denominada renta básica, o la propia deuda tributaria que Telefónica mantiene con el Estado.

Si bien el acceso a telecomunicaciones ha mejorado, como era de esperarse, esa mejora no puede ser asumida como patente de corso para extraer en este campo también dinero indebido a los peruanos.

LONDON CAPITALISTA
Acaba de regresar un amigo luego de haber vivido quince años en Londres: se fue a sus veinte formado débilmente en civismo como la mayoría de peruanos, y a su regreso está totalmente sorprendido de las situaciones absurdas que debe enfrentar.

Me cuenta que siente que los colegios particulares son una mafia que pretende extraer de su bolsillo dinero indebido al cobrarle conceptos írritos, cuando en la cuna del capitalismo el derecho a la educación no admite limitaciones económicas.

Se asombra de que le recomienden adquirir un seguro privado de salud y de que, si lo afectara una enfermedad fuera de una lista, deberá sacar plata de su bolsillo a pesar de haber pagado mucho dinero; y me recuerda que en la liberal Inglaterra los servicios privados de salud casi no existen porque el Estado garantiza este derecho.

Asimismo se queda con la boca abierta cuando en el Perú el Congreso o el Poder Ejecutivo tienen que pedir permiso a las grandes empresas para determinar qué se hace o no en el territorio o qué impuestos se deberían subir, y me dice que uno en su casa es quien manda.

Como vemos, los agitadores de la mano dura son unos tigres de papel a la hora de la verdad, porque están acostumbrados a ningunear, reprimir y violar la ley cada vez que sus intereses son amenazados por los derechos y justas demandas sociales.

En el país ni siquiera tenemos un capitalismo liberal, sino un orden en el que la acumulación indebida está legitimada. Redistribución para la ampliación de derechos es lo mínimo y reclamarlo es necesario.


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