Madame twitter

Así que cuando a una recién llegada del mundo de las comunicaciones se le ocurre trasladar la banalidad de la copucha..., los políticos le dan la espalda sin ninguna consideración...

| 17 junio 2012 12:06 AM | Especial | 1.2k Lecturas
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La señora tiene su facha, no hay duda. Comunicadora y periodista su sonrisa es su mejor activo. Cabellos pardos y vaporosos hasta los hombros y vestida a la última moda de París, lunettes de sol a lo María Callas y una predilección especial por los armarios llenos de zapatos a lo Imelda Marcos, la señora también es compañera del presidente de la República y, como él, le gusta la política aunque, a diferencia suya, ella es una diletante.

Sin embargo, diletante o no, fue crucial en la última campaña electoral de mayo para llevarlo a la primera magistratura del Estado que ganó en segunda vuelta por escaso margen. Hacen una bonita pareja el presidente y la primera dama. Una bonita pareja y punto. Porque más allá del punto empiezan los problemas.

Y es que a ella le encanta el Twitter. No se la puede culpar. Comunicadora al fin y al cabo y ganada por la alucinación colectiva de una nueva generación virtualmente descerebrada, cree haber encontrado la panacea de los tiempos posmodernos para “decir algo”, para que “se escuche su voz”. Para que se escuche su voz, probablemente. Después de todo ella no es una doña nadie con tantos años de periodista a cuestas en la que todo un país escuchaba ya su voz.

Porque en el Twitter sólo los que son alguien tienen una verdadera voz como siempre ha sido, es y será antes y después del Twitter. Los otros son el montón de los trending topics. O sea que el Twitter de los del montón es la manifestación de los ociosos que no quieren salir a la calle a golpear el bombo. O de los cobardes que se quedan en sus casas para que no les caiga el manguerazo. En cuanto a “decir algo”, Valérie Trieweiler, primera dama de Francia, acaba de descubrir que en 140 caracteres sólo se pueden decir tonterías que terminan perjudicando políticamente a su consorte, el presidente Francois Hollande.

Menudo problema le ha causado la primera dama al Presidente. Y, como Francia es Francia, la clase política sin fisuras y, en especial, los políticos del propio partido de Francois Hollande la han puesto en su sitio, es decir, el de protocolar comparsa del Chef de l’ État. Pero, ¿qué dijo la primera dama para ser guillotinada como María Antonieta? Pues nada más que respaldar por Twitter a un socialista disidente, candidato contra el partido de su marido, representado en las elecciones legislativas por la ex pareja de Francois Hollande, Ségolene Royal. De más está decir que el principal apoyo de Royal es el del propio Hollande, con el que tiene cuatro hijos.

El asunto no es sólo el Twitter, un vulgar pretexto para discutir algo más profundo, como puede ver cualquiera. El asunto es que en Francia, como en todo país altamente civilizado, el que empieza a salirse de sus fueros y a usurpar papeles públicos que no le corresponden es puesto al fresco de inmediato.

«No hemos elegido a Valérie Trierweiler, hemos elegido a François Hollande. Nos preguntamos entonces: Con qué derecho se entromete ella en la política del gobierno?”», expresó indignado el que fuera uno de los más cercanos colaboradores del ex presidente socialista Francois Mitterrand.

Por su parte, el emblemático agitador de mayo del 68 Daniel Cohn-Bendit, «Dany el rojo», hoy ecologista más seco que una vela verde, denunció la «inaceptable intromisión» de Valérie Trierweiler. «Primera dama o no, la señora no tiene nada que decir sobre esto». El viejo dinosaurio remató poniendo los puntos sobre las íes: «Las salidas de su rol protocolar empiezan a ponerme los nervios de punta».

Y hay más. Porque el asunto escaló hasta el palacio del propio primer ministro quien, finalmente, tuvo que pronunciarse en contra de la mujer de su jefe. «El mensaje es bien claro: El presidente de la República y yo mismo sostenemos a fondo la candidatura de Ségolene Royale», dejando mal parada a la primera dama de quien, preguntado sobre sus tuits, afirmó que no eran más que «peripecias», negándose a darles la menor importancia. Finalmente la invocó a “mostrarse más discreta y a guardar su lugar”. ¡Voila un ministre!

¿Y el presidente Hollande? Estoico ha tenido que soportar la vergüenza de que a su mujer la llamen metiche y la manden de paseo. Porque en Francia, la milenaria, la política es toda una institución. Así que cuando a una recién llegada del mundo de las comunicaciones se le ocurre trasladar la banalidad de la copucha que suele acompañar su negocio a la haute politique, los políticos le dan la espalda sin ninguna consideración, máxime si la aludida empieza a ocupar de facto una tribuna que no le corresponde. Hoy la primera dama lo experimenta en carne propia aunque ya estaba avisada por su propio marido, cuando reconoció hace unos meses en una entrevista para un semanario femenino que: “Francois me apoya en todo. Salvo en mis tuits”.

Hélas! Al hombre no le faltaba razón.


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