Luchador, hasta el final

La vida de Javier Diez Canseco estuvo marcada por la lucha constante. Desde su primer año de vida, en el que padeció una polio que ocasionó la discapacidad que tenía; pasando por su trayectoria de vida en defensa de los sectores más desposeídos, en contra del abuso del poder y la corrupción; hasta su batalla final contra el cáncer, que decidió llevárselo de forma repentina. Javier siempre luchó.

| 08 mayo 2013 12:05 AM | Especial | 2.5k Lecturas
Luchador, hasta el final
JAVIER DIEZ CANSECO
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Javier Diez Canseco Cisneros, nacido el 24 de marzo de 1948 en Lima, no nació en medio de la sencillez. Sus padres fueron Santiago Diez Canseco Magill, gerente del desaparecido Banco Popular, y María del Carmen Cisneros Sánchez. Al año de existencia padeció una poliomielitis que produjo su cojera característica, que para él no fue ningún problema para desenvolverse.

Aún con esa dificultad, Javier tuvo una educación privilegiada, estudiando la primaria en el colegio Inmaculado Corazón y la secundaria en el Santa María Marianistas. Por su contexto social y su formación educativa, además de ser hijo de un gerente banquero, Javier podía haber tenido una vida económica y socialmente cómoda. Pero eligió otro destino.

SUS INICIOS EN LA POLÍTICA
Su destino cambió cuando ingresó a la Universidad Católica, en 1965, para estudiar Sociología. Tuvo un breve paso por San Marcos, entre 1967 y 1968, donde cursó Derecho, pero decidió abandonarlo y retomar Sociología en la Católica hasta 1971. Fue en su caminar universitario donde conoció la realidad, y descubrió el socialismo como una manera para enfrentarla.

En 1970 es electo presidente del Centro Federado de Estudiantes de Ciencias Sociales, y en 1971 asume la presidencia de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEPUC). Es en ese instante que abandona las comodidades de su hogar y se muda al distrito de San Martín de Porres, con la orden religiosa “Los Hermanos de Foucault”. Aunque Javier no era creyente, tenía la convicción de hacer algo por los pobres.

Esas vivencias refuerzan el compromiso social de Javier, que entiende que no basta con la acción social. Por eso se hace militante de Vanguardia Revolucionaria, junto a Ricardo Letts, Edmundo Murrugarra y otros políticos que en el futuro serían protagonistas de la izquierda peruana.

Con menos de 30 años ya era incómodo para la dictadura de Francisco Morales Bermúdez. Por eso fue deportado, junto a 12 destacados militantes de la izquierda, a la Argentina del tirano Jorge Videla. Tres décadas después del hecho, Javier denunció que esta deportación estaba en el marco de la operación Cóndor, siniestro intercambio de presos políticos entre dictaduras para que luego sean desaparecidos.

Pese a su estadía en Argentina por varias semanas, y su posterior envío a Francia gracias al apoyo de una iglesia evangélica, como él mismo relató, Javier fue electo integrante de la Asamblea Constituyente que elaboró la Carta Magna de 1979, en la que fue introducido el derecho al voto a los analfabetos, propuesta elaborada por Javier.

Según Óscar Ugarteche, este planteamiento de Javier “era relevante en el Perú de 1979 porque una masa importante de la ciudadanía nacional peruana era analfabeta al final de la servidumbre tras la reforma agraria. Que dicha masa poblacional tuviera franquicia política era marcar la diferencia e introducir el concepto de ciudadanía a todos los peruanos”. Pero no sería lo único que Javier emprendería a favor de los menos favorecidos.



EN EL CONGRESO
Javier Diez Canseco es electo diputado en 1980, a los 32 años. Desde su escaño de representante de la izquierda comenzó la defensa de los derechos de los trabajadores, de los campesinos, de los estudiantes.

En 1984 acompaña la fundación del Partido Unificado Mariateguista (PUM), sobre la base de Vanguardia Revolucionaria y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria. En esa misma época impulsó la fundación de la Asociación Pro Derechos Humanos (Aprodeh), junto a Francisco Soberón.

El PUM se adhiere a la coalición Izquierda Unida (IU), cuyo candidato presidencial en 1985 era el entonces alcalde de Lima, Alfonso Barrantes. Pese a que Barrantes no es electo presidente, Javier es elegido senador. Durante el primer gobierno de Alan García, Javier denuncia los actos de corrupción y las violaciones a los derechos humanos, tanto del Estado como del terrorismo de Sendero Luminoso, al que también se enfrentó.

En 1990 es electo senador, otra vez por IU. En ese Congreso participa de la comisión que investiga la corrupción ocurrida en el primer régimen aprista. Su labor se queda trunca por el golpe de Estado que da Alberto Fujimori en 1992, disolviendo el Congreso, acción con la que inaugura su dictadura.

ENFRENTA A FUJIMORI
Desde el inicio del autoritarismo de los ‘90, Javier fue un tenaz combatiente contra el abuso fujimorista. Por sus denuncias del espionaje telefónico, en el que eran responsables Edwin Díaz y Roberto Huamán Azcurra, del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), el 14 de noviembre de 1990 estalló una carga de dinamita en su casa. La policía sostuvo inicialmente que se trató de un atentado subversivo, pero posteriores declaraciones del agente Julio Chuqui Aguirre confirmaron que detrás del atentado estuvo el SIN.

Tras el golpe de Fujimori, Javier decide no participar en el Congreso Constituyente Democrático de 1993. Sin embargo, siendo integrante de la ya languideciente Izquierda Unida, logra un escaño parlamentario en las elecciones de 1995 como cabeza de lista.

Ese mismo año, un arreglo floral, con la inscripción “In Memoriam, en recuerdo de los que fueron, por la eterna calcinación de sus restos”, fue dejado en la sede de Aprodeh. En dicho arreglo figuraba el nombre de Diez Canseco. La relación estaba firmada por “La Comunidad Colina”.

Al año siguiente, en 1996, es uno de los secuestrados en la residencia del embajador del Japón por el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, pero a los pocos días es liberado, y luego pide al gobierno dialogar con los subversivos para solucionar el conflicto.

Consumada la destitución de los magistrados del Tribunal Constitucional que interpretaron que Fujimori no podía ser reelegido, sumada a la trampa de la “interpretación auténtica”, que le abrió las puertas al dictador para su continuismo en el poder, Javier se opone al intento reeleccionista de Fujimori.

En una de las sesiones del Parlamento, se pone de espaldas como protesta por la elección de Martha Chávez al frente del que Haya de la Torre llamara “primer poder del Estado”. En ese mismo escenario, junto a su compañero de bancada Rolando Breña, colocan una banderola que dice “no al fraude rereeleccionista”

Luego, en una trifulca en el Parlamento en 1998, el fujimorista Daniel Espichán (de quien nadie se acuerda ahora) lo insultó tres veces llamándolo “terrorista” y mentándole la madre. Javier, como ser humano y herido en su honor, le asestó un puñetazo que hasta ahora debe dolerle a Espichán. A raíz de eso, Javier fue suspendido 120 días.

Javier participa activamente en la Marcha de los Cuatro Suyos, en julio del 2000, contra el ilegal tercer período de Fujimori. También observa la caída del régimen, luego de los videos de Vladimiro Montesinos comprando a congresistas.

ERA DEMOCRÁTICA
En 2001 asume Alejandro Toledo la presidencia de la República, y Diez Canseco vuelve al Congreso, esta vez invitado por Unión por el Perú. Llega a ser su vicepresidente y encabeza la comisión que investigó los delitos económicos de la época de Fujimori, en el que desnuda a todos los empresarios y políticos que participaron en esta corruptela. Gracias a esta investigación, muchos fueron a parar a la cárcel.

En ese quinquenio se opuso a la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, y fue un impulsor decidido de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. En esa época, como también lo hizo antes, impulsó normas para beneficiar a las personas con discapacidad, y luchó por los derechos de las personas LGBT, siendo uno de los precursores en este campo.

Tras varios años en el Congreso, Javier pensó que ya había cerrado una etapa, y decidió lanzarse a la presidencia con el recién fundado Partido Socialista, en el año 2006. Sin embargo, esa aventura no tuvo final feliz, pues solo logró el 0,5 % de los votos.

RETIRO Y RETORNO
Luego del frustrado intento presidencial, Javier se decidió por fortalecer su partido, y formar nuevos cuadros. Ante la cercanía de las elecciones del 2011, y viendo que la izquierda no tenía horizontes de unidad, decidió apoyar la candidatura de Ollanta Humala. En principio, Javier no pensaba postular al Congreso, pero en una conversación con Nelson Manrique, este lo convenció del volver al ruedo.

Diez Canseco logra volver al Parlamento, y esta vez como oficialista, luego del triunfo electoral de Humala. Estaba voceado para presidir la “megacomisión” que investiga la corrupción en el segundo gobierno de Alan García, pero no recibió el respaldo necesario, sumado a la presión del APRA y el fujimorismo, y decidió alejarse.

A esto se sumó que, durante 2012, los virajes del gobierno y otras diferencias políticas hicieron que renunciara a la bancada de Gana Perú junto a otros parlamentarios.



LA FARSA DEL CASTIGO
Javier Diez Canseco fue un abanderado de la lucha contra la corrupción. Sin embargo, sus enemigos políticos, entre los que se suma un personaje que fue despedido de un diario, lo acusaron falsamente de corrupto, al señalar que en un proyecto de ley que presentó, sobre canje de acciones de inversión por acciones comunes, pretendía beneficiar a su familia.

Javier se defendió heroicamente. Mandó cartas de rectificación a los dos diarios que lo acusaban, pero estos nunca se lo publicaron. Denunció la difamación ante el Consejo de la Prensa Peruana, que terminó dándole la razón y determinando que estos medios se rectifiquen.

La Comisión de Ética del Congreso, presidida por el nada santo Humberto Lay, le dio trámite a la denuncia y recomendó su sanción, pese a que la Secretaría Técnica del mismo grupo de trabajo lo exculpó.

En una polémica votación, 55 congresistas votaron a favor de sancionarlo, y 31 en contra, con cuatro abstenciones. Javier Diez Canseco apeló la decisión ante el Poder Judicial con una acción de amparo, y denunció que Nadine Heredia estuvo tras el cambio en la votación de los nacionalistas, que incluso en el debate defendieron a Javier, como un escarmiento para aquellos que pretendan abandonar la bancada como lo hizo él.



Su última batalla
Tras este incidente, a inicios de año Javier dejó de aparecer en los medios. Se sabía de un problema de salud, que fue confirmado el 8 de febrero. En un comunicado, anunció que padecía de cáncer, y que daría pelea ante esta difícil circunstancia. Ya no apareció más en público.

En marzo se le hizo un homenaje multitudinario en el Colegio de Médico, que quedó abarrotado y en el que mucha gente agradecida con la historia de lucha de Javier no pudo entrar. Javier agradeció ese apoyo a través de su cuenta de Twitter, en la que era muy activo, y en su columna en el diario “La República”.

En una maniobra política, el fujimorismo propuso que se le levante la sanción a Javier por su enfermedad, como queriendo comparar su caso con el de Fujimori, a fin de que al exdictador se le otorgue el indulto. Él mismo y su familia comunicaron que se oponían a ese levantamiento, porque no era culpable de nada. El 4 de abril el Poder Judicial le da la razón y ordena al Congreso que restituya a Javier, pero el presidente del Congreso apoyado por el aprofujimorismo, apeló la decisión judicial, negándose a reivindicar al líder izquierdista ilegalmente sancionado.

Sin embargo, en el largo batallar, el corazón de Javier no pudo más. Había perdido la batalla ante la muerte, pero había logrado la victoria de la dignidad.

Hasta la victoria siempre, Javier.


Víctor Liza
Redacción

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