Los que siguen desaparecidos

El caso de Ciro Castillo nos hace pensar en los miles de desaparecidos en el país en las últimas décadas, por los que no se ha hecho casi nada.

| 30 octubre 2011 12:10 AM | Especial | 1.4k Lecturas
Los que siguen desaparecidos
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INFORME
Desaparecidos

COLOMBIA: La Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas de Colombia cifra en 61.604 personas el número de desaparecidos. Esta comisión, dependiente de la Defensoría del Pueblo, informó a través de un comunicado que la cifra corresponde al corte del 26 de agosto de 2011 y que de las 61.604 víctimas, 14.427 son mujeres y 47.177 hombres.
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Dice Rubén Blades: ¿A dónde van los desaparecidos? busca en el agua y en los matorrales; ¿y por qué es que se desaparecen? porque no todos somos iguales; ¿y cuándo vuelve el desaparecido? cada ves que lo trae el pensamiento; ¿cómo se le habla al desaparecido? con la emoción apretando por dentro.

La desaparición y posterior encuentro del cuerpo de Ciro Castillo, más allá de la novelería interesada en el rating y en las ventas de diarios, permite acercarnos al drama de miles de familias peruanas que hasta la fecha no han podido dar con el cuerpo de sus seres queridos, dejando una herida que el tiempo no cierra.

Bien por la familia de Ciro que ahora en alguna medida aliviará su sufrimiento, pero mal por una sociedad que no ha hecho casi nada por apoyar a las familias de los otros desaparecidos.

Unos desaparecen porque la muerte les llega en medio de un conflicto armado interno o de una guerra externa, otros porque son raptados para esclavizarlos, prostituirlos o hasta usar sus órganos para el comercio ilegal; y otros como Ciro en situaciones que acaso nunca se diluciden del todo.

En todo caso el hallazgo del cuerpo luego del dolor y la desesperación de la búsqueda, es un bálsamo obligado que más que explicar algo, sirve para poner fin a una etapa.

INVISIBLES
Se discute nuevamente en el Perú la cantidad de desaparecidos producto de la guerra interna desatada por Sendero Luminoso a la que el Estado respondió brutalmente. La cifra de la CVR establecía alrededor de 8 mil, pero otras entidades hoy hablan de casi el doble.

¿Alguno de los medios de comunicación que ha hecho escarnio con Ciro y Rosario se ha preocupado por las 8 mil o 16 mil familias peruanas que quizá nunca logren ubicar los huesos de sus familiares?

El caso Ciro es una muestra inobjetable de cómo se comportan la mayoría los medios de comunicación, generando morbo donde no lo hay e interpretando las cosas para hacer novelería.

Pero también expresa desde la prensa, y lo que es peor, desde la sociedad toda, la enorme distancia que mantenemos aún frente a la necesidad de reconocer y hacer lo posible por cerrar las heridas de la guerra.

Las velas siguen encendidas en miles de hogares a los que jamás llegará un helicóptero y menos todos los canales de TV.

EN EL MUNDO
Y si nos damos una vuelta por el planeta la cosa es más complicada, ya que la industria de la trata de personas recaba su materia prima sobre todo en países pobres, en los que es común ver aberraciones como la venta de niños o niñas por sus propios padres a traficantes de humanos.

Práctica persistente, entre otras razones, debido a que el colonialismo normalizó con distintos argumentos la necesidad de contar con “mano de obra”, y esa normalización despojó de toda moral a imperios y países que hoy se presentan como referentes.

Asimismo, toda nuestra región en las últimas décadas fue proclive a las desapariciones políticas, convirtiendo al izquierdista, socialista o comunista en un ser sin alma al que había que matar.

Por eso los aviones los lanzaban al mar sin el menor reparo por miembros de instituciones castrenses formadas para acabar con el peligro comunista.

Lamentablemente hoy en el país seguimos presionados por extremistas de derecha que siguen pensando que todos los muertos y desaparecidos bien muertos están, independientemente de si fueron ejecutados extrajudicialmente o no.

SOLIDARIDAD
La solidaridad que ha despertado Ciro sin duda es positiva, nos recuerda que las sociedades no sólo son un conjunto de individuos, sino que lo básico es la potencia que emerge desde sentires y saberes comunes.

Esa solidaridad ojalá pueda ser un impulso que permita iluminar tantos otros dramas diarios que cruzan por nuestros ojos y a los que cuales hemos normalizado.

La desesperación de una familia debe reflejar la de otras tantas, convertir en posibilidad real de apoyo la búsqueda de los que se van sin dejar rastro.

Son muchas las cosas que deja esta historia que algunos quisieran que nunca termine para seguir vendiendo.

Queda claro que la mayoría de interesados mediáticos lo han hecho por un interés ajeno al dolor de la familia; basta ver la forma de la exposición.

Queda claro además que más allá de que haya sido un accidente o algo intencional, se ha llevado a una mujer a la hoguera por el hecho de no acomodarse al molde sufriente que tradicionalmente le cabe.

Y queda claro lamentablemente que miles de desaparecidos no significan casi nada para nuestra sociedad, embelezada en lo que la prensa le pone cada noche en su sala o habitación.


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