Los perdones que debe pedir Fujimori

En un mundo donde se ha perdido la noción del arrepentimiento por las transgresiones a los principios del bien, es común encontrar personas que se niegan a pedir perdón, pues no sienten el menor arrepentimiento por sus actos que lesionaron a los demás. La mayor parte de las veces se sienten víctimas de los juzgamientos de su entorno por no ser comprendidos en las razones de su actuación. Esto les impide ver sus actos lesivos de los demás como transgresores del bien, justificándose a sí mismos.

| 31 octubre 2012 12:10 AM | Especial | 1.6k Lecturas
Los perdones que debe pedir Fujimori

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La cómoda posición adoptada por Alberto Fujimori es típica de lo expuesto, pues no solo no reconoce haber cometido los delitos por los cuales se le ha condenado, sino que se ha justificado en sus actos, de tal manera que se ha convertido ante sus propios ojos en un falso héroe. De ahí el razonamiento: “Perdón por lo que no pude evitar y perdón por lo que no llegué hacer”.
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La cómoda posición adoptada por Alberto Fujimori es típica de lo expuesto, pues no solo no reconoce haber cometido los delitos por los cuales se le ha condenado, sino que se ha justificado en sus actos, de tal manera que se ha convertido ante sus propios ojos en un falso héroe. De ahí el razonamiento: “Perdón por lo que no pude evitar y perdón por lo que no llegué hacer” . En otras palabras, mírenme, soy un héroe encerrado injustamente en la cárcel por lo que no pude evitar y por lo que no llegué a hacer. Conclusión, no existe en él ni atisbo de arrepentimiento y desde luego no tenemos por qué los peruanos otorgarle el perdón.

Los perdones que tendría que pedir Fujimori son muchos, incluidos los pecados que han lesionado a su propia familia, pero hablando de los que tiene que pedir al Perú, aquí le sugerimos arrepentirse y pedir perdón por lo siguiente:

Perdón, por haberme negado a gobernar a favor de los peruanos y dejarme seducir por el poder que maneja la economía del Perú.

Perdón, por tener en poco la vida, y aprobar un plan de asesinatos masivos para eliminar entre ellos a los verdaderos terroristas.

Perdón, por haber sido egoísta al pretender gobernar períodos gubernamentales continuos, como si yo fuera el único que pudiera hacerlo bien.

Perdón, por haber sido indolente frente al sufrimiento de muchos que pasaron por el horror de tener que ver morir a sus padres, hijos, hermanos, quedando al desamparo.

Perdón, por ocultarles la verdad y mentirles todo el tiempo sobre lo que sucedía en el Perú a fin de salvaguardar mi gobierno.

Perdón, por haber administrado los fondos públicos como si fueran míos, apropiándome de aproximadamente S/. 1,300 millones de soles, los cuales he escondido tan bien que no han podido encontrarlos.

Perdón, porque he defraudado al pueblo del Perú al haber utilizado los fondos públicos para mantenerlos subyugados a mí, regalándoles cosas, en lugar de utilizar dicho dinero en generar puestos productivos para que más peruanos tengan trabajo y pidan menos limosna.

Perdón, porque me creí el único capaz de dirigirlos, y los dirigí a un hundimiento moral sin precedentes en la historia del Perú.

Perdón, porque la corrupción en mi gobierno fue parte de mi forma de gobernar, y el motivo para que intentase permanecer en el gobierno más allá del período constitucional.

Perdón, porque llevé a mi gobierno a líderes e intelectuales, los cuales corrompí y se volvieron en el remedo de lo que fueron porque cambiaron sus principios por el dinero que les ofrecí.

Perdón, porque tuve en poco a las mujeres y las convertí en presas de la inhumanidad de la esterilización masiva que ordené para frenar el crecimiento de la población de los sectores más pobres.

Perdón, porque se hicieron esas esterilizaciones en condiciones infrahumanas, con personal médico sin la capacitación para realizar dichas operaciones, provocando daño irreversible a muchas mujeres.

Perdón, porque los tomé como una nación de segundo orden, a la cual podía gobernar haciendo lo que me diera la gana.

Perdón, porque los he llevado a relativizar el bien y el mal, en tal manera que aún ahora ven lo malo como bueno y lo bueno como malo.

Perdón, porque les heredé una sociedad corrompida por 10 años de gobierno de la corrupción, que ha hecho del Perú una nación cuya principal crisis es la moral.

Perdón, porque fui un gobernante que buscó su propio provecho en lugar de sacrificarme por el bien del Perú.

Perdón, porque hice que el Perú fuese escarnio de las naciones por la corrupción que hubo en mi gobierno.

Perdón, porque he envilecido a la sociedad peruana dándoles regalos para comprarles la conciencia y lograr que voten por mí.

Perdón, porque fui benefactor de los poderes económicos que han dominado el Perú, permitiendo que se enriquezcan más a costa de la explotación de los trabajadores.

Perdón, porque permití que las grandes empresas extranjeras se hagan dueñas de los servicios públicos esenciales y del comercio de los principales productos de consumo humano.

Perdón, porque permití que esa empresas extranjeras invadan la economía del país y promuevan la quiebra masiva de las empresas nacionales.

Perdón, porque no tuve reparo en buscar apoyo en los poderosos que manejan la economía del Perú, a cambio de aprobar las medidas que les favorecían.

Perdón, porque fui consultor de brujos y hechiceros, y practiqué la hechicería en contra del pueblo del Perú a fin de sujetarlo a mi dominio.

Perdón, porque en lugar de ser un Presidente, fui solo un gobernante que lejos de engrandecer al Perú, promoví solo su crecimiento económico a favor de los grupos de poder.

Perdón, porque goberné conjuntamente con un asesor, al que le di instrucciones de hacer todo el trabajo sucio sin importar a quién comprar y a quién vender, alguien que tuvo mi respaldo para todo lo que hizo, pues nada hizo sin consultarme a mí.

Perdón, porque le permití que corrompa conciencias, que destruya a los opositores de mi gobierno, que convierta al Perú en escenario de violencia y de muerte.

Perdón, porque hizo terrorismo de Estado y yo lo consentí.

Perdón, porque así justificamos la compra de armamento para poder disponer del dinero que extraíamos del Tesoro Público, de donde pude apropiarme de los S/. 1,300 millones de soles.

Perdón, porque he sido un mal Presidente, no hice lo que debí, sino que lo que no debía, eso hice.

Más allá del indulto, Alberto Fujimori haría bien en pedir perdón a Dios y al pueblo del Perú por todos sus actos que lesionaron los principios de bien, a fin que pueda alcanzar perdón y tranquilidad de su conciencia.

Nada hay más obstinado ni necio que no arrepentirse de los actos malos, y permanecer creyendo que dichos actos fueron buenos.

Hay un lugar en el cual los sabios se encuentran, en el lugar del pensamiento justo, de la verdad, del arrepentimiento de lo malo, de la preconización de lo bueno, del perdón y de la dignidad de reconocer los propios errores.

Ojalá, Alberto Fujimori pueda encontrar el camino para llegar a ese lugar.


Beatriz Mejía Mori
Colaboradora


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