Los muertos por encontrar

Sofía Huamán tenía cinco meses de embarazo y ocho hijos, la mayor de 12 años, y fue testigo de cómo un grupo de soldados llegaron hasta su casa en Huanca Sancos (Ayacucho) sacaron a la fuerza a su esposo Marcial Salcedo, un humilde campesino, y lo llevaron hasta el local del colegio 38490 que había sido convertido en base militar. Cuando reclamó por el detenido, un oficial la botó gitándole “terrorista”. Durante ocho días llevó alimentos y ropa para su cónyuge, hasta que le dijeron que había sido trasladado a Huamanga.

Por Diario La Primera | 02 set 2012 |    
Los muertos por encontrar
La búsqueda de los enterramientos sigue siendo una tarea pendiente. Presentan libro sobre el tema.

El cuerpo de Salcedo fue hallado en el 2002 por forenses de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) bajo la dirección del Ministerio Público. Fue reconocido por las prendas que llevaba al momento de su detención y que había descrito la esposa, como una bufanda con sus iniciales tejidas. El suyo es considerado el velorio más largo de Ayacucho porque Sofía y sus vecinas acudían todos los días a rezar y cuidar los restos hasta su entierro, dos meses después.

Este es uno de los casos recogidos en el libro “Los muertos de Ayacucho. Violencia y sitios de entierro clandestinos” elaborado por la Comisión de Derechos Humanos (Comisedh) que preside Pablo Rojas y que fue presentado en días pasados en el auditorio del Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú.

La CVR señaló en su informe final que la cifra total de muertos durante los años del terror y la violencia fue de aproximadamente 69 mil personas, mÁs del 40 por ciento de Ayacucho y en su mayoría quechuahablantes.

Los restos de miles de estos asesinados yacen en miles de entierros clandestinos y a la tarea de ubicar esas fosas se han dedicado especialistas de Comisedh después de culminado el trabajo de la CVR hasta el año pasado. “A ellos está dedicado este libro con el fin de impedir que mueran nuevamente en nuestra memoria y pasen al olvido”, dijo Rojas.

Otro caso que puede parecer increíble es el de Toribio Galindo Casavilca, comunero de Tuco (Chuschi, Cangallo, Ayacucho) apresado el 26 de mayo de 1983 cuando participaba en una faena comunal y llevado en helicóptero a la base militar de Totos junto a otros detenidos. De ahí fue arrastrado por un caballo a las alturas de Tucuccasa y enterrado en una fosa en una cueva de Winkumachay.

SUEÑO HECHO EN REALIDAD
En julio del 2004, tras un primer día de búsqueda de ese enterramiento, la fiscal Olazábal señaló que de no encontrarlo al día siguiente la cancelaría. Una investigadora de Comisedh preocupada soñó que el campesino le señalaba “al rinconcito de la cueva, al fondo estoy, debajo de una piedra”.

Y allí fue encontrado por Carlos Bacigalupo, del Centro Andino de Investigaciones Antropológico Forenses (Cenia) y la familia pudo darle cristiana sepultura. Se espera que un capitán del Ejército de apelativo “Hiena” sea juzgado por este crimen.

Sobre el libro auspiciado por la Embajada de los Países Bajos, Rojas precisó que “además de presentar el registro actualizado de estos sitios, que casi duplican los registrados por la CVR, presenta un diagnóstico del problema y plantea la necesidad de un plan regional de investigación antropológico-forense para Ayacucho, región que concentra más del 60 por ciento de los sitios de entierro a nivel nacional, como un instrumento para avanzar en el esclarecimiento de la situación de los desaparecidos que faltan”.

También explicó que los denominados “sitios de entierro” son las diversas modalidades en las que pueden ser hallados los cuerpos de personas que han sufrido desaparición forzada, ejecución extrajudicial o asesinato. “Es decir lugares donde fueron enterrados, sea por los perpetradores, familiares, vecinos o por alguien que decidió hacerlo por humanidad”.

La CVR registro 4,644 sitios de entierro a nivel nacional. Comisedh asumió la tarea de completar el registro en Ayacucho y después de varios años ubicó otros mil 818 sitios más sólo en esa región, elevando a casi el doble el registro de la zona.

CRIMEN SENDERISTA
Al inicio de la presentación del importante texto se presentó un video sobre un hecho casi desconocido denominado “El expreso de la muerte”, que trata sobre la masacre senderista ocurrida en julio de 1984 y que tuvo como escenario los parajes y anexos de Chalapuquio, Badopampa, Doce Corral, Chaupihuasi, Palachapampa, Rayrosampa de los distritos de Soras y Tranca en las provincias ayacuchanas de Lucanas y Sucre a donde llegaron los subversivos vestidos de soldados y policías a bordo del ómnibus interprovincial Transportes Expreso Cabanino.

En su recorrido los senderistas en número de 30 a 40 realizaron paradas para asesinar a autoridades, lideres de las comunidades y pobladores, que habían formado cuerpos de autodefensa para enfrentar a Sendero.

Comisedh halló 102 osamentas en 34 sitios de entierro, víctimas de las cuales 12 eran comerciantes de Sicuani que habían llegado a Doce Corral para vender, como acostumbraban, sus productos.

La sicuanina Irene Arunaca que llegó al lugar junto a su esposo Eusebio Mamani, permanece en una chocita que construyó en Doce Corral, con la esperanza de ver llegar en cualquier momento a su compañero. Pese a los 29 años transcurridos desde la pérdida guarda aún esa esperanza.

TRAS DOS DÉCADAS DE VIOLENCIA
La búsqueda debe seguir

Durante la presentación, el embajador Arjan Hamburqer, del Reino de los Países Bajos, calificó como un importante logro el libro que “significa un gran esfuerzo desplegado por Comisedh que contribuye a construir memoria histórica, hacer crecer la conciencia colectiva y conseguir la paz y reconciliación tan anhelada”.

Por su parte Sofía Macher del Consejo de Reparaciones y ex integrante de la CVR, precisó que a nueve años de la entrega del informe de la CVR el libro se refiere a los peruanos que faltan “que son los invisibles de siempre, los que siguen congelados en el tiempo, sigue la tristeza que es trasmitida a sus generaciones, la tarea sigue pendiente y debemos continuar en su búsqueda”.

Tambien hablaron por la Defensoría del Pueblo Gisella Vignolo, quien se quejó de la negativa del Ministerio Público a entregar información sobre desaparecidos, y por la Cruz Roja Internacional Rafael Barrantes, quien opinó que el libro trae una información muy útil que ojalá sirva para sensibilizar a la sociedad sobre lo ocurrido en las dos décadas de violencia.


Denis Merino


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