Los mártires de la verdad

El 28 de enero de 1983 los teletipos (lejos estábamos de conocer la Internet) informaban al mundo la terrible noticia, ocho periodistas habían sido asesinados dos días antes en el lejano pueblo ayacuchano de Uchuraccay. Los hombres de prensa que habían partido a esos agrestes parajes, en busca de información, se convirtieron muy a pesar nuestro en la noticia de primera plana. Han pasado 26 años y los asesinos, tanto materiales como intelectuales, siguen sin recibir castigo, mientras los colegas se convirtieron en mártires de la libertad de expresión y en un ejemplo para las nuevas generaciones de periodistas.

| 26 enero 2009 12:01 AM | Especial | 2.8k Lecturas
Los mártires de la verdad
(1) Minutos antes de ser masacrados. El testimonio gráfico del valiente Willy Retto permitió sacar a luz la verdad. (2) Periodistas de verdad, en fotografía tomada al llegar a Uchuraccay. (3) César Hildebrandt durante el reconocimiento de los cuerpos.
Hoy se cumplen 26 años de la masacre de Uchuraccay.

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DETALLE

Dionisio Morales Pérez, Simeon Auccatoma Quispe y Mariano Ccasani Gonzales, fueron los campesinos que purgaron prisión, según muchas voces en forma injusta, acusados de asesinar a los periodistas.  Siempre permanecieron en silencio. Uno murió en la cárcel y los otros dos desaparecieron luego de salir libres. Para los familiares de los mártires de Uchuraccay tanto la Comisión Vargas Llosa como la Comisión de la Verdad se equivocaron en sus informes al concluir que los campesinos fueron los autores de la masacre al confundir a los periodistas con senderistas.  Culpan a los militares, que patrullaban las comunidades y que recibían órdenes del general Clemente Noel y Moral, como los responsables del sangriento hecho.
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Ese fatídico 26, como ya lo habían planificado con antelación, Eduardo de la Piniella, Pedro Sánchez y Félix Gavilán, redactor, reportero grafico y corresponsal del izquierdista “Diario Marka”; Jorge Luis Mendivil y Willy Retto, del diario “El Observador”, Jorge Sedano, de “La República”; Amador García. de la revista “Oiga”, y Octavio Infante, periodista ayacuchano, partieron a las 6 de la mañana del hotel “Santa Rosa” de Huamanga, entusiasmados y seguros de encontrar una gran primicia, sin imaginar que los esperaba la muerte.

Las fotos que dejó para la posteridad el valiente reportero gráfico Willy Retto demuestran que durante el trayecto los periodistas estaban alegres y muy animosos. La esperanza de hallar una “noticia bomba” los hizo dejar de lado los malestares de altura y hasta se les aprecia en los testimonios gráficos saboreando un plato ofrecido por una hospitalaria mujer de esas serranías.

Días antes un grupo de jovencitos habían sido asesinados en la vecina comunidad de Huaychao, los cadáveres fueron mostrados a la prensa como la respuesta de los campesinos a las acciones subversivas de Sendero Luminoso y en un arranque de patrioterismo el entonces presidente Belaunde felicitó a los comuneros por el acto criminal. Sin embargo, en Ayacucho aseguraban que los autores de esas muertes eran los militares que respondían al terror de Sendero con más terror.

En las conversaciones previas de los periodistas con otros colegas quedó muy claro que ellos “encontrarían la verdad” sobre esa masacre Es posible que la encontraran y junto a esa verdad encontraran también una espantosa muerte. Para el viaje sin retorno se contactaron con Juan Argumedo, medio hermano de Octavio Infante, quien se prestó para guiarlos hasta Huaychao a donde pensaban llegar, pasando antes por Uchuraccay. El guía y su familia eran de la zona, donde eran ampliamente conocidos.

No pudo haber confusión
Lo cierto es que al llegar a la comunidad de Uchuraccay, de paso a Huaychao y donde desde días atrás se habían instalado infantes de marina y sinchis, los periodistas -entre los que habían cuatro que hablaban quechua (Gavilán, García, Infante y Argumedo)- dialogan con los dirigentes de la comunidad, según se aprecia en las fotos de Willy Retto. Hasta aquí los testimonios son claros. Lo cierto es que, a poco de su llegada, los periodistas fueron salvajemente asesinados con golpes - según las autopsias- con objetos contundentes y luego enterrados de dos en dos en huecos de menos de un metro, algo que va contra la costumbre de las comunidades de la zona.

Esa noche, en Huamanga, Eudocia Reinoso, esposa de Félix Gavilán y madre de tres pequeños que eran la adoración del ingeniero agrónomo y periodista, se despertó asustada y ya no pudo conciliar el sueño, “solo pensaba en Félix, a quien había despedido muy temprano y en cuyo maletín coloqué una bandera blanca por lo que podía pasar; me sentía muy nerviosa y no sabía porqué, esa es la tela blanca que él tiene en sus manos y que se aprecia en las fotos”. Cual extraña señal, el búho que el corresponsal del Diario Marka tenía como mascota desapareció esa noche para siempre.

Mientras tanto en Lima, Gloria Trelles, la madre de Jorge Luis Mendivil, el más joven (22 años) de los periodistas masacrados en Uchuraccay, tenía también sueños que presagiaban tragedia.

En el hogar de los Sánchez, la esposa y sus cinco hijas, “la razón de mi vida” repetía siempre el intrépido Pedrito, no podían creer la noticia que les llegaba. Lo mismo sucedía con la esposa de Eduardo, Marta, quien se aferraba a sus hijos Gonzalo y Pamela de apenas un añito. El dolor invadía igualmente las casas de Alcira de Sedano y de sus ocho hijos, y de Emilia de García.

“Han pasado 26 años y no hay justicia, pero la seguiré exigiendo hasta que muera” dice Gloria de Mendivil, quien junto a Gilma de Retto, “las madres de Uchuraccay” se convirtieron en símbolo de coraje y lucha.

Hoy, nuevamente en Uchuraccay, escenario del execrable crimen contra honestos periodistas, cuyo delito fue buscar la verdad, Eudocia la huantina, la que viaja constantemente para exigir la construcción del santuario en memoria de los mártires, alzará, una vez más, su voz persistente para reclamar que alguien se atreva a romper un silencio que ya tiene 26 años.

Denis Merino
Redacción

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