Los Humala, la cosa nuestra

Ya estamos en los fatídicos 70 días. Ollanta Humala despacha en Palacio casi con sus fantasmas y no da entrevista a nadie. Los periodistas ya se aburrieron de esperar una respuesta con picante y ají.

| 09 octubre 2011 12:10 AM | Especial | 4.1k Lecturas
Los Humala, la cosa nuestra

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“¿Que quién soy?
Un peruano honesto que quiere cambiar su país. Yo provengo de una familia de clase media provinciana. Mi papá Isaac Humala es del sur, de la provincia de Oyolo en Ayacucho.
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A Ollanta Humala no le queda bien el cargo de presidente de la República. Ni el mismo se la cree. Menos ahora que se vistió de futbolista porque admira a Markarián y dice que el “mago” debió nacer en el Perú. Ya estamos en los fatídicos 70 días de gobierno y el comandante se ha mimetizado con el país. Si uno lo ve en la calle, pasa como un chofer de combi. Si lo ve haciendo papelones en Univisión, la GCU –gente como uno— dice que es un cholo de mientras. Pero ya pasó los dos meses y el soldado trejo sigue con buen pie, al menos, ello explican sus contrarios, que todavía no mete las cuatro, y qué gusto les daría porque este es el país del “palo encebado”

Le recordé cuando esa mañana saturada de un jueves de octubre del 2005 le pregunté: ¿Usted es militar o político? El hombre, respondió con inquietud y sin miedo. Que qué diablos era esa pregunta. Acaso son incompatibles --dijo. “Los mejores presidentes de la historia del Perú fueron soldados. Personas que hoy están en los libros más dignos de la historia. Además, quién mejor que un soldado que trabaja en las ocho regiones del país para querer a su patria”, sentenció luego. Y luego me explicó que los políticos casi jamás se refieren a la patria. Yo le dije: “Ese término no existe”.

Perdón, me respondió, ese es un error. La patria es lo más valioso que debemos concebir todos los peruanos. Ese concepto es irrenunciable. Cómo uno puede vivir y desarrollarse si uno no tiene compromiso con la matriz. La patria es como la madre de uno. Todas las acciones públicas que se proyectan y se ejecutan deben ser dirigidas a la patria, es decir a los que viven en ella. Por qué cree usted que los chilenos nos han sacado ventaja. Porque ellos aman a su patria sobre todas las cosas, terminó. Luego lo volví a presionar.

-¿Pero, vamos, usted se considera de izquierda?

-No me encasille en su forma de entender la sociedad. Esa es una descripción geográfica. Los planes y programas políticos para nuestro país no pueden estar sujetos a moldes foráneos. El Perú es un todo. Además, ¿usted cree que los obreros o campesinos o trabajadores ambulantes son de izquierda en este país? Por eso yo soy de abajo. Yo defiendo a los desprotegidos. Yo defiendo a los agobiados, a los estafados, a los asaltados, a los que no tiene para comer, a los que no tienen quienes los defiendan. Perdón, pero no me preguntó del partido.

Ahí empezó el problema. Dijo que los que quieren cambiar la patria, tienen que militar por el Partido Nacionalista Peruano.

-¿Nacionalista? Hummm…¿Acaso Hitler y Mussolini no era nacionalistas?

-Un momento. Aquí hay que aclarar estos conceptos y también hay que nacionalizar este lenguaje. Yo no soy alemán ni soy italiano. Cuando digo nacionalista me estoy refiriendo a mi nación. Mire, mi nación es el Perú. Y el Perú es la supranación que contiene todas las naciones que hay en nuestra patria. Los ashaninkas como los apurimak, los quechuas como los aymaras.

-Un nacionalista con cable, Internet, camioneta 4X4, casa en Surco…

-Sí, porque me tengo que privar de las ventajas del avance científico técnico. Pero déjeme aclararle para que después no me llame chauvinista. Nosotros estamos por un discurso nacionalista que articule a todos los grupos nacionales, sin ideologías trasnochadas, sin sectores del empresariado que vende la patria: Sí, con las organizaciones de base, con las izquierdas nacionales, con las provincias, con los peruanos sojuzgados. Por eso el triunfo del 5 de junio es el triunfo de este Frente Patriótico

Su padre, ese personaje fregado, ha reconocido varias veces, cuando explica sus ideas, con las cuales muchos pueden no estar de acuerdo, pero que él argumenta y fundamenta, que sus raíces sanguíneas corresponden a las de un viejo protector del último inca, Atahualpa. De ahí su convencimiento que tiene sangre real inca y que proviene directamente de una casta del abolengo incaico. Al fin de cuentas, Humala significa en quechua: “parte alta donde comienza una extensión”. Otra coincidencia es que el sustantivo Ollanta, además de ser el mismo nombre de un líder heroico del incario se traduce como: “guerrero que desde su atalaya todo lo ve”.

-¿Quién es Ollanta Humala? le pregunto con picardía como si le dijera a quién le ha ganado. Él se ríe y habla…

-¿Que quién soy? Un peruano honesto que quiere cambiar su país. Yo provengo de una familia de clase media provinciana. Mi papá Isaac Humala es del sur, de la provincia de Oyolo en Ayacucho. Ellos tenían unas chacras pero no eran hacendados. Mis abuelos después de afincarse en Cora Cora, la capital de la provincia, sintieron que había que mejorar. Los encantos de Lima los llamaba. Mi padre es el primero que sale al Cusco para estudiar la secundaria y luego viene a la capital donde estudia Derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Cuando ya es abogado, mi abuelita le pide que regrese a Cora Cora para que sea el abogado de los Humala. Él no quiso y ese es un momento doloroso para toda la familia. Hay como una fractura. Nunca había pasado eso. Nosotros somos una familia muy unida.

-¿Y su mamá?

Mi madre es Elena Tasso. Ella nació en Lima pero igual, tiene raíces ayacuchanas. De niña quedó huérfana de padre y se tuvo que ir a estudiar a Huancayo donde su madre fue a trabajar de maestra. Luego estudió también Educación en la Universidad de San Marcos, después se recibiría como abogada en la Universidad Católica.

La mamá de los Humala afirma que desciende directamente del gran poeta italiano Torcuato Tasso. Su abuelo fue Termilio Tasso, un italiano que llegó al Perú en el siglo XIX, junto con su compatriota, el destacado científico naturalista y social, Antonio Raymondi -cuyos estudios son comparados con los de Charles Darwin, en Brasil, Chile y Ecuador- y que a su vez tiene que ver con el gran poeta del renacimiento –junto a Ariosto y Boiardo--, que en 1575 terminó de escribir su enorme poema épico sobre la Primera Cruzada, “Jerusalén liberada”.

Obra cumbre de la tradición literaria renacentista; en ella Tasso intenta reavivar la poesía épica clásica y reconciliarla con las exigencias religiosas de la Contrarreforma. Antes de publicar su trabajo, Tasso pidió su opinión a notables críticos contemporáneos suyos y, aun así, tuvo una acogida poco favorable, lo cual, unido a un golpe que recibió en la cabeza, hizo concebir al poeta la idea de que estaba siendo perseguido. Se curaría luego y fue famoso pero jamás imaginaría que en el lejano y exótico país del Perú había de aparecer un pariente y líder que lo iba a vengar en el siglo XXI.

Ya estamos en los fatídicos 70 días. Ollanta Humala despacha en Palacio casi con sus fantasmas y no da entrevista a nadie. Los periodistas ya se aburrieron de esperar una respuesta con picante y ají. No fue así. Humala como toda su familia es un peruano sin brillo y de perfil enano. Eso, digo yo, es su mérito. Cambió el estilo presidencial. Como todo Humala, maneja un poder, ese, el de pasar inadvertido. Y digo yo, hasta ahora le funciona.


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