Lo que hay detrás de la Alianza “neoliberal” del Pacífico

Una de las primeras consecuencias políticas de la crisis económica global en desarrollo, tiene que ver con transformaciones de las hegemonías y correlaciones de fuerza en la arquitectura de gobierno mundial.

| 11 marzo 2012 12:03 AM | Especial | 3.3k Lecturas
Los presidentes de México, Colombia, Perú y Chile dieron nacimiento al Acuerdo del Pacífico en Lima en abril del 2011.
América Latina en el cambalache de hegemonías
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No por nada pasamos en 2009, de una gobernanza en la que el Grupo de los 7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) más Rusia, el famoso G8, rayaba la cancha en lo económico; a un esquema más amplio: el G20; en donde el peso de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China) y otras grandes economías emergentes como Argentina, Indonesia, Sudáfrica y Arabia Saudita, ricas en reservas internacionales, fiscalmente estables, con mercados internos pujantes y niveles sostenidos de crecimiento económico; permitía conservar legitimidad en las respuestas mundiales frente al despelote financiero mundial.

Región partida
En América Latina, el tránsito hegemónico se expresa en dos grandes bloques regionales. De un lado, el bloque “integracionista”, que promueve la consolidación de instituciones relativamente recientes como la Unión Suramericana de Naciones (Unasur), y la creación de otras nuevas, como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que debilitan a la veterana Organización de Estados Americanos (OEA).

Los países más audaces dentro de este bloque como Venezuela, Ecuador y Bolivia han impulsado la construcción de mecanismos que profundizan la integración regional como el Banco del Sur, que está pronto para funcionar, pues ya tiene el respaldo de cinco parlamentos de los siete países fundadores.

De igual modo, el Sistema Único de Compensación Regional (Sucre), que busca sacar al dólar del intercambio intraregional. Ecuador lo ha empujado y ya comercia en Sucres un porcentaje cada vez más creciente de su intercambio con Venezuela. Algo parecido a lo que en el 2008 introdujeron Brasil y Argentina en su comercio bilateral para evitar las distorsiones que genera la todavía moneda de reserva mundial.

Sin duda, el liderazgo principal de este bloque de países recae en Brasil y, en menor medida, en Venezuela y Argentina.

El otro bloque es el “divisionista”, cuya mejor expresión es el reciente Acuerdo del Pacífico, ahora llamado “Alianza del Pacífico”, que no es otra cosa que la armonización de los Tratados de Libre Comercio (TLC) que México, Colombia, Perú, Chile, y en breve Panamá y Costa Rica (observadores por el momento), tienen con Estados Unidos, entre sí y con otros países de la región que comparten la costa del Océano Pacífico. Todo ello de cara a una súper área de libre comercio con la región Asia-Pacífico (Arco del Pacífico) donde Estados Unidos pretende tener la sartén por el mango.


Presidente Humala continúa Acuerdo del Pacífico iniciado por Alan García. Arriba en cumbre virtual con jefes de Estado.

Área neoliberal
No fue en vano que el Perú negociara previamente un TLC con los países de Centroamérica. A pesar de que el intercambio comercial y la presencia de inversiones entre éstos y el país andino no justificaba el esfuerzo, la necesidad de tener el eslabón faltante para la integración neoliberal de toda la costa del Pacífico (a excepción de Ecuador) hacía acelerar este acuerdo. Y para matar dos pájaros de un tiro, de paso se terminaba de minar las posibilidades para un entendimiento arancelario entre el Mercosur y la Comunidad Andina de Naciones (CAN).

Entonces, si Estados Unidos tiene TLC con México y Canadá (NAFTA); con Centroamérica y República Dominicana (CAFTA-DR); con Panamá, Perú, Chile y Colombia; y todos ellos están también unidos por pactos similares, se termina de armar el rompecabezas: estamos ante el resurgimiento del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), en una versión completamente neoliberal (pues ya no tiene los reparos y salvaguardas que oponían Brasil, Argentina y Venezuela), y que parte a América del Sur en dos mitades. Una que busca jugar algún tipo de papel en la política mundial para lo que necesita actuar con grandes márgenes de soberanía (integracionista), y otra bastante pro Washington (divisionista).

Duelo de Titanes
Es como si Brasil hubiera recibido un estatequieto de Estados Unidos, como para que recuerde quien manda en su patio trasero. Es decir, más que temas estrictamente económicos o de comercio internacional, estamos ante una verdadera guerra geopolítica en la que el hegemón no está dispuesto a ceder posiciones tan fácilmente, así esté bastante lastimado por la crisis global.

Y los que pensaron a fines del 2005, durante la Cumbre de las Américas celebrada en Mar del Plata, cuando Argentina, Venezuela y Brasil lograron acabar con la versión original del ALCA, que se estaba terminando con la ofensiva política estadounidense para establecer una zona comercial en todo el continente controlada por ellos, se equivocaron. La estrategia de los TLC funcionó, por lo menos hasta ahora.

Pero es tan así una guerra, que a los pocos días de que Alan García (Perú), Sebastián Piñeira (Chile), Juan Manuel Santos (Colombia) y Felipe Calderón (México) firmaran en Lima el nacimiento del Acuerdo del Pacífico en abril del 2011, Brasil respondió a Estados Unidos con una medida que aparentemente nada tenía que ver.

El gigante brasileño retiró su candidatura para presidir la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), órgano dependiente de la OEA, y también suspendió su contribución anual a dicha comisión (US$ 800 mil), tomando como pretexto una medida cautelar impuesta por la CIDH a fin de paralizar el megaproyecto hidroeléctrico en Belo Monte.

Y si bien es cierto, ese proyecto atropella a miles de pobladores ribereños y es un atentado contra el medio ambiente, por lo que muchos defensores de derechos humanos y ecologistas, saludaron la decisión de la CIDH y condenaron a Brasil por su actitud, lo cierto es que era más una respuesta al imperio norteamericano que una cuestión de rebeldía frente al Sistema Interamericano de Derechos Humanos; pues posteriormente se encaminó a apoyar la construcción de la Celac impulsada por Hugo Chávez para oponerla a la OEA que controla a su antojo Estados Unidos.

Más cosas en juego
Esa dinámica intensa de relaciones internacionales también tiene que ver con el control sobre las plataformas logísticas y productivas en la región.

Al mismo tiempo que se firmaba el Acuerdo del Pacífico hace poco menos de un año, el gobierno peruano aceleraba el proceso de privatización del Terminal Norte del Puerto del Callao, lo único que quedaba de este puerto en manos de la Empresa Nacional de Puertos (Enapu) tras la privatización del Terminal Sur a DP World (Emiratos Árabes) previamente.

Lógicamente, tiempo después se entregó el Terminal Norte a APM Terminals (Holanda), en medio de uno de los procesos de privatización más cuestionados de los últimos años, tanto así que hasta DP World le ha clavado al Perú una demanda en el Ciadi, debido a las enormes ventajas que se le dio a APM en comparación a las condiciones en que se dio el Terminal Sur a DP.

Pero, el objetivo geopolítico de todo esto es controlar las rutas navieras y evitar que Brasil, a través del Perú, saque mercaderías directamente a China sin pasar por Panamá o Los Ángeles en Estados Unidos.

Es que justo cuando América del Sur estaba modificando su relación con Asia a iniciativa de Brasil, para tener rutas directas con ese continente, los sectores reaccionarios de Chile, Perú y Colombia (a los que les interesa un bledo la integración regional) logran revertir ese proceso mediante el Acuerdo del Pacífico, evitando así una alianza estratégica potente del Perú con el gigante sudamericano.

Este duelo también se manifiesta en asuntos como la construcción del gasoducto andino peruano que alimentará los departamentos sureños de Arequipa, Cusco, Moquegua y Puno. Así hay una disputa abierta entre la brasileña Odebrecht y la española Repsol (asociada a la norteamericana Hunt Oil) para ver quien se hace del negocio del gas. El objetivo el sector más neoliberal peruano es que tanto Odebrecth como la estatal peruana Petroperu queden fuera.

Lo último de la Alianza
Esta semana se produjo una reunión virtual entre los jefes de Estado de México, Perú, Colombia y Chile, fundadores del Acuerdo “neoliberal” del Pacífico para ir resolviendo los detalles que permitan que la rápida armonización de sus TLC y darle vida al acuerdo desde mediados de año. Esto se haría mediante la firma de un súper TLC que tomaría como referente los que cada uno ha suscrito con Estados Unidos, país que ya no tiene la necesidad de firmar un papel más, pues ya negoció con todos. Además, están por sumarse directamente a este mega TLC, Panamá y Costa Rica, que también tienen acuerdo con Estados Unidos, y seguramente no tardarán los demás países centroamericanos en hacer lo mismo para dar vida a esta versión radical del ALCA.

Y si bien, tras la elección de Humala con las banderas de cambio en el Perú, se pensó que este acuerdo podía ser suspendido o dilatado, y que el país se acerque más al bloque integracionista en la región, todo indica que en el breve plazo tendremos a la Alianza del Pacífico operando.


Carlos Alonso Bedoya
Unidad de Investigación


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