Literatura y música

El escritor argentino Leopoldo Brizuela ha tenido un contacto con la música desde pequeño y ha devenido en escritor con los años. En esta entrevista cuenta algunos pasajes de esa historia.

Por Diario La Primera | 09 set 2012 |    
Literatura y música

Estuvo a mediados de agosto en Lima, promocionando su nueva novela, “Una misma noche”, con la que ganó el Premio Alfaguara de este año. En la presentación, poco concurrida, realizada en la librería El Virrey de Miraflores, el escritor Leopoldo Brizuela recordó un hecho de su infancia con el que comienza la novela: un niño toca un piano, refugiándose de la realidad en la música, mientras agentes armados ingresan a casa a requisarla, en plena dictadura militar argentina. Desde el inicio, utiliza a un personaje con muchas singularidades suyas; ésta es una manera de hacerle sentir al lector que esas cosas, las de la novela, podrían sucederle a cualquiera.

Tras la presentación, entre los que se acercaron a pedirle su autógrafo, se encontraba el escritor peruano Diego Trelles Paz (Premio Francisco Casavella 2012, por “Bioy”), quien le comentaba a Brizuela que su amigo el peruano Santiago Roncagliolo, otro ganador del Premio Alfaguara, le comentaba que tras haber ganado ese galardón “se quería matar”, en broma, en vista de la gira de promoción, las entrevistas varias y los múltiples compromisos que se adquieren. “Hacían la gira sin parar, como si fuera un grupo de rock”, dijo Trelles. Y es justamente ese el estado en el que se encuentra Brizuela, quien al día siguiente salía de viaje por la mañana, y que hacía su recorrido literario como lo hubiera hecho de músico si seguía con ese sueño adolescente.

NO ES CANTANTE
Estudió canto con Leda Valladares, pero no es cantante, como él mismo lo dice. Su contacto con la música fue desde muy pequeño, con el piano, pero su acercamiento a la música popular le devolvió ese gusto por la música, que estuvo por perderla con las frías y estrictas clases de piano.

—¿Es cantante?
—No. Ese es un invento de wikipedia.

—¿Quién lo creó?
—No lo sé. Canto, pero entre amigos, pero cantante no lo soy. Igual no entro a wikipedia a corregirlo.

—Pero sí toca piano.
—Sí, tengo mucha relación con la música. Tengo una idea de la composición literaria como musical.

—Ha estudiado usted con Leda Valladares.
—Es verdad. Cantaba en público y todo, pero profesionalmente no. Me gustaba mucho lo que ahora se le llama “world music”. En esa época se llamaba folclore. Cuando voy a otros países, sé mucho más de música que de otra cosa.

—¿Qué conoce del Perú?
—Chabuca Granda, Nicomedes Santa Cruz …

—¿De oídas?
—De investigarla, de buscar cosas por los géneros… También de la música argentina, música anónima del norte, que era andina, y sobre todo las canciones más arcaicas. Cantaba solo con percusión. Con Leda hacíamos esa búsqueda en la música remota.

—¿A qué edad?
—A los veinte.

—¿Desde cuándo tiene ese gusto por la música?
—El piano era una relación un poco más fría. En esa época se estudiaba de una manera muy rígida. Me hicieron perder el gusto. Tenía una relación mucho menos fluida que con el charango, que tiene mucha libertad.

—Y de literatura peruana, ¿qué conoce?
—Mi ídolo de toda la vida es Julio Ramón Ribeyro.

—¿Qué tiene Julio Ramón para que sea su ídolo? A todos nos gusta.
—La sinceridad. Tiene un mundo propio. Una mirada única; la delicadeza, la limpieza. Lo mencionan como un escritor tradicional; sin embargo, tiene una frescura sobre los escritores de su época.

LA MITAD DEL PREMIO
Sobre el inicio de la novela “Una misma noche”, con la escena del niño evadiendo la realidad frente a un piano, Brizuela tiene cada día “una teoría distinta, que he reemplazado por otra. Tiene que ver con una evasión. Pero también es cierto que la evasión por el arte es una evasión que fortalece, que le permite volver a la realidad”.

Leopoldo Brizuela, quien ha asumido su homosexualidad desde muy joven, tiene en su haber diversos premios literarios, entre los que pueden mencionarse el Premio Fortabat de Novela 1985 por “Tejiendo agua” y el Premio Clarín de Novela 1999 por “Inglaterra. Una fábula”. El Premio Alfaguara de Novela lo tomó por sorpresa, pero la sorpresa mayor se la llevó con los descuentos de ley, por lo cual, asegura, en efectivo pudo obtener casi la mitad del premio. Una anécdota poco difundida y que no se ha cansado de repetir en cuanta oportunidad ha tenido.

En “Una misma noche”, Leopoldo Brizuela “confunde” al narrador con el protagonista. Rosa Montero le ha hecho esta reseña en alfaguara.com: “Una madrugada de 2010, el escritor (L)eonardo (B)azán es testigo involuntario del asalto a una casa vecina. No es un robo usual: lo lleva a cabo una banda organizada, con una logística sofisticada, y hasta un patrullero de la Policía Científica. Pero lo que más perturba a Bazán es el recuerdo de una experiencia similar —de la que también fue testigo junto a sus padres— ocurrida en esa misma casa en 1976, a poco de iniciada la dictadura militar en la Argentina. El trauma de aquella noche pareció caer en el olvido; pero ahora Bazán siente que debe escribir para entender y salvarse. ¿Cómo actuaron exactamente él y sus padres y cómo juzgar hoy esas reacciones? ¿Cómo es posible que una estructura criminal, montada décadas atrás, todavía exista y que la gente siga reaccionando de la misma manera, con el mismo miedo?”.


Marco Fernández
Redacción


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