Ley de semiesclavitud juvenil

Antier, mientras los jóvenes se preparaban para la marcha contra Humala Segura y la ley sobre el empleo juvenil, yo estaba en el trance de una transfusión sanguínea para acelerar la recuperación de mis niveles de hemoglobina tras la intervención al hígado de hace tres semanas.

| 20 diciembre 2014 12:12 PM | Especial | 4.6k Lecturas
Ley de semiesclavitud juvenil
Ley de semiesclavitud juvenil
Por: Raúl Wiener
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Por eso los lectores de ayer se encontraron con la repetición de un antiguo artículo que se mantiene actual en la medida de que estamos aún lejos de comprender las causas disparadoras del aumento de la delincuencia.

Pero vayamos a lo de los jóvenes. Tengo tres reflexiones al respecto:

(a) que la respuesta, no solo limeña, de la juventud a la agresión del poder, tiene una semejanza con la de julio-agosto del 2013, contra la llamada repartija, es decir, que es autoconvocada desde las bases y profundamente independiente de los partidos políticos que en su mayoría votaron por la ley antijuvenil, aunque ahora se desdigan oportunistamente;

(b) el gobierno, que no ha aprendido nada en tantos años, está creyendo otra vez que las ideas discrepantes se les aplasta con varas, rochabuses y detenidos, hasta que se dé cuenta que está echando leña al fuego y encuentre como otras veces que no tiene más remedio que retroceder;

(c) que la oposición de derecha es una piltrafa sin principios, que primero vota por aquello que hace sonreír a la Confiep, y luego se corre de sus propios votos.

La ley laboral juvenil está técnica y políticamente muerta. No va; como diría Nadine, ahora empeñada en hacer emplazamientos políticos y prometer una inmolación gubernamental por una norma que solo aplauden los empresarios que la entienden como una ayuda más para bajar sus costos y una pica en Flandes, para volver sobre el monotema de la flexibilización laboral: poder contratar como quiero y despedir como deseo.

Podría decirse que el gobierno que se debate en medio de escándalos, parte de ellos sobredimensionados por la derecha política y su prensa, se ha agregado un dolor de cabeza más con una medida que de reactivadora no tiene nada y que es una señal a las empresas de que el plan laboral de los 90, sigue en desarrollo y que los esfuerzos de tantos años del Consejo Nacional del Trabajo, dizque para buscar reequilibrar la relación capital-trabajo, fueron una estúpida manera de perder el tiempo.

Álvarez Rodrich dijo, sin embargo, que esta puede ser una manera de cambiar los ejes del debate y que él, aunque lo diga a media lengua, es un creyente profundo en medidas como la ley 30288, pero preferible un país peleando por temas de Estado, que por darle vuelta al último escándalo. Puede ser.

Antes, las fiestas de fin de año eran el mejor distractivo de los políticos, pero ahora a pocos días de la Navidad la juventud peruana ha rechazado claramente el presente griego que Humala les quiso dar sin que ningún joven se lo hubiera pedido.

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Colaborador 9324 La Primera Digital