Las virtudes del discurso

La retórica clásica aún nos da buenos consejos...

Los discursos deben incluir tres “virtudes”, afirmaban los estudiosos de la retórica griega y, luego, de la romana.

 

| 09 octubre 2011 12:10 AM | Especial | 2k Lecturas
Las virtudes del discurso 2058

Las tres virtudes son:

1) La adecuación al público.

2) La corrección gramatical.

3) La claridad.

Para la retórica clásica, quien escribiese un discurso, debería pensar primero en las personas a las que se dirigiría; luego debería escribirlo según las normas gramaticales; a la vez, el discurso debería ser compresible.

Los discursos eran orales; es decir, el autor lo escribía y lo memorizaba para pronunciarlo ante un público. Otras veces, el autor del discurso era una persona distinta (un escritor profesional de discursos), quien trabajaba para un cliente (quien pronunciaría el discurso).

Quienes pronunciaban los discursos hacían las veces de actores, pero con la diferencia de que no se presentaban en teatros, sino ante tribunales de justicia, asambleas legislativas o público en general (en una plaza ante el monumento de un héroe, por ejemplo).

Lo que digamos luego sobre los discursos vale también para los escritos (cartas, artículos, ensayos, homenajes, etc.).

* * *

Veamos algunos detalles sobre las tres virtudes.

1) Adecuación

Antes de escribir un discurso o un texto, debemos definir el público al que los destinamos. Escribiremos de modo distinto si nos dirigiremos a niños, amigos, a jueces, a diputados, a científicos, etc.

También debemos definir la circunstancia pues no se habla igual en un brindis de cumpleaños que en un discurso fúnebre.

Asimismo, la adecuación obliga a definir el tipo de palabras que emplearemos: formales, humorísticas, científicas, etc.

La adecuación equivale a la “inteligencia emocional”; o sea, a la habilidad de ponerse en el lugar de otros.

El nombre latino de la adecuación es ‘aptum’ (se pronuncia ‘áptum’). Podríamos traducir: la adecuación es la virtud que hace un discurso apto para cierto público.



2) Corrección

Un discurso y un texto deben escribirse según las normas gramaticales. La corrección se divide en dos elementos:

a) corrección gramatical en ortografía, puntuación, acentuación, etc.;

b) propiedad de los significados. La propiedad es la coincidencia de nuestra idea con la palabra que elegimos para expresar esa idea. Si decimos “bajo perfil”, no expresamos nada porque los perfiles no son bajos ni altos (podríamos decir “baja relevancia”, “baja importancia”).

Para los antiguos rétores (oradores), la corrección era esencial pues ellos declamaban sus discursos en juicios o en debates políticos. Errores gramaticales habrían suscitado la burla de los oponentes y habrían hecho perder puntos al orador.

La corrección también es un asunto de prestigio social. Escribir y hablar bien son valores sociales.

Puede escribirse sin corrección, pero por ignorancia, por intención humorística o por algún otro motivo; empero, existe un peligro: un lector que sepa gramática podría pensar que el autor es un ignorante porque no se atiene a las normas.

En latín, la corrección se decía ‘puritas’ (se pronuncia ‘púritas’). Esto equivale a ‘pureza’.



3) Claridad

La claridad es la virtud de un discurso o de un texto que los hacen comprensibles a la primera audición o a la primera lectura.

En otro artículo de este ‘blog’ hemos desarrollado algunos aspectos de la claridad; lo hemos hecho mencionando los errores que se cometen contra la claridad. Remitimos a esa nota.

La claridad se adecúa (o ‘adecua’) al público. Un científico nuclear puede ofrecer una conferencia sobre su especialidad a sus colegas y emplear palabras técnicas; pese a esto, el discurso será claro porque el público está capacitado para entenderlo. En cambio, para un lego, el mismo discurso no estará claro. En tal caso, el autor de no está obligado a “convertir” su discurso en claro para el lego porque no se dirige al público general, sino a uno especializado.

En latín, la corrección se llamaba ‘perspicuitas’ (se pronuncia ‘perspícuitas’). Este término se relaciona con ‘perspicaz’. El verbo ‘perspicere’ equivale a ‘ver a través’.

* * *

Estas son las tres virtudes del discurso. Son ideas generales que nos ayudan a expresarnos mejor, a estar más seguros cuando hablamos o escribimos.


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