Las sobreganancias de lo migradólares

Hay otras sobreganancias además de las que hoy, por fin, el gobierno nacionalista va a cobrar a favor de su pueblo.

| 21 agosto 2011 12:08 AM | Especial | 1k Lecturas
Las sobreganancias de lo migradólares
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Ganan con los migrantes
Ya saben ustedes quién se queda con los ahorros que los inmigrantes logran a fuerza de andar por aquí con papeles falsos y de aceptar los peores pagos por trabajos que la gente de aquí rechaza, y quién se va a comer el pavo que cada noviembre, compran y quieren compartir con sus familias nuestros paisanos más pobres.
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Son las remesas, o lo que también podemos llamar “migradólares”, o sea el dinero que envían a sus familiares los peruanos que viven en el extranjero. En tiempos normales, su monto es similar al que producen nuestras minas… y una buena parte del mismo también está siendo detentada por algunas empresas abusivas.

Hablando sobre los “migradólares” comparto con ustedes la carta que me envía desde San José, California, un amable lector de mi columna. Anticipándose al mes de noviembre, Guadalupe Azevedo, me pregunta qué voy a hacer para festejar el día de San Guiven, “un santito muy milagroso que tienen los gringos”, y me cuenta que, por su parte, ya ha comprado un “guajolote bien gordo para toda mi familia.”

Don Lupe se refiere al Thanksgiving Day, el día de Acción de Gracias, una fiesta muy bella en la que las familias norteamericanas se reúnen para agradecer a Dios por todos los bienes que generosamente les brindó durante el año.

Pavo es lo que se come en todos estos días y a él se refiere don Lupe como “guajolote” en su deliciosa lengua mexicana nativa. Con la probable excepción de los vegetarianos, lo comemos todos los que vivimos en este país: blancos y negros, amarillos y azules, escorpios y virgos, creyentes y agnósticos, nativos e inmigrantes. Con una receta diferente, por cierto, el pavo llega a nuestras mesas y lo compartimos con nuestras familias o con el recuerdo maravilloso de la patria distante.

¡23 MIL MILLONES!
Pero en la mesa de los inmigrantes hay un extraño que entra a la casa sin anunciarse, sin saludar, sin ser invitado, sin limpiarse los pies en el felpudo y sin traer por lo menos una botella de vino, y sin embargo se lleva a su casa en una servilleta robada porciones del pavo que pueden representar la mitad del ave en el caso de las familias más pobres y con menos posibilidades de hacer un reclamo.

Lo que digo no es una metáfora sino una verdad evidente que ustedes pueden comprobar en el Internet inmediatamente después de leer este correo… pero, vayamos por el principio.

Según información proporcionada por el Pew Hispanic Center y el Banco Interamericano de Desarrollo, los inmigrantes latinoamericanos enviaron a sus países en el último año la suma de 23 mil millones de dólares, y las proyecciones indican que esa suma debe incrementarse sustancialmente.

La cifra muestra que, en estos tiempos de catástrofes económicas, América Latina puede mirar al norte con esperanza, pero no a la Casa Blanca, ni a los bancos multilaterales, ni a Wall Street y ni siquiera tampoco al Fondo Monetario Internacional que suele tener sus propias respuestas y remedios para los problemas de todos los seres de este mundo. En vez de ello, nuestros países deben mirar hacia sus propios connacionales emigrados, cuyas remesas a parientes y amigos sobrepasan muchos otros ingresos juntos.

MUY IMPORTANTE
El más grande recipiente de esta fascinante fuerza económica, México, la ha comprendido bien, y está ofreciendo igualar, duplicar e incluso triplicar con fondos gubernamentales los migradólares que los mexicanos envían a su tierra para proyectos específicos como podría ser la construcción de una escuela o la instalación de una planta eléctrica.

Otros gobiernos han comenzado a preocuparse por las condiciones de trabajo de sus connacionales y por la extensión de las visas migratorias. En el Perú, fue uno de los temas del discurso inaugural del presidente Ollanta Humala.

Según el estudio, sólo 9 por ciento de los inmigrantes envía dinero a través de una institución bancaria.

Por diversas razones, sobre todo por la falta de documentos legales o cuentas bancarias, un 83 por ciento de los “latinos” usa los servicios de compañías cuyos costos de envío pueden llegar a porcentajes inimaginables.

Si usted quiere comprobarlo, le ruego que vaya a la página web de Western Union, la compañía más conocida, y averigüe cuánto le va a costar remitir a sus familiares las cifras que, según el informe, son el promedio de lo que los viajeros mandan a casa.

Hay algo y hay mucho que nuestros gobiernos podrían hacer, que podría ser un excelente negocio para las instituciones financieras locales y que podría evitar que los intermediarios se aprovechen de nuestros paisanos.

Concretamente, hay que lograr que los fondos puedan ser enviados a casa a mínimo costo y con mayor eficiencia para que todos puedan disfrutar del pavo de San Guiven.


Eduardo González Viaña
Colaborador, escritor peruano residente en Estados Unidos


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