Las drogas, un debate necesario

La VI Cumbre de las Américas se reúne en Cartagena, Colombia, del 14 al 15 de abril, crispada por la ausencia de Cuba y de Ecuador. Mientras que el debate de la seguridad y el orden público se dirige hacia encontrar formas de ser más eficientes para luchar cooperativamente contra la delincuencia organizada internacional, algunos presidentes han planteado la revisión del paradigma de la prohibición en la lucha contra las drogas. ¿Está América Latina madura para tales cambios?.

| 12 abril 2012 12:04 AM | Especial | 1.5k Lecturas
Las drogas, un debate necesario
VI CUMBRE DE LAS AMÉRICAS
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La reunión se produce en un escenario bastante complejo. EE.UU de Obama ha perdido influencia geopolítica, frente al ingreso a la región del capital e influencia de China, a pesar de su interés por mantener el Comando Sur, el Arco del Pacífico y el manejo de las estructuras hemisféricas, como la OEA y la propia Cumbre de las Américas.

Por el otro, el Brasil tiene capacidad de generar propuestas e iniciativas a través de los escenarios de UNASUR y CELAC, y parece decidido a mostrar tal capacidad. Pero la sorpresa ha venido por fuera, de parte de los gobernantes más conservadores/liberales de la región latinoamericana, en un tema que durante más de 30 años, no ha sido objetivo de revisión ni de reforma. Las drogasy el narcotráfico en las últimas tres décadas, han sido vistas exclusivamente desde la prohibición y muchos territorios latinoamericanos han sufrido las consecuencias: violencia, corrupción, dependencia económica, falta de autonomía.

Situación del Narcotráfico.
Por el lado del narcotráfico asociado a la cocaína, tenemos que los países de América Latina comparten la producción de al menos 1,100 toneladas de cocaína al año, de las que por lo menos 500 toneladas llegan a su mercado final a precios que van desde los US$ 1,200 hasta US$ 60,000: 157 toneladas a territorio norteamericano, 120 a Europa Occidental y, el resto, a Asia, América Latina y África. Existen en el mundo entre 16 y 19 millones de usuarios de cocaína, que están dispuestos a pagar el costo de la ilegalidad. Estas son las cifras de la realidad de 30 años de guerra.

Entre 1978 y 2012, la comunidad internacional debe haber gastado más de US$ 500,000 millones por concepto de institucionalidad, defensa/policía, desarrollo rural y no se han resuelto las causas que promueven la pobreza rural, la subordinación a las economías ilícitas, la inseguridad de las grandes urbes como Caracas. Mientras la cooperación internacional disminuye, el problema se complejiza en las fronteras, en las regiones productoras de América Latina. Hoy más que nunca, las respuestas deben ser nuestras.

Los presidentes de Guatemala, de México y de Colombia no solo se caracterizan por haber sufrido las consecuencias de una guerra que no ha logrado variar los apetitos de los mercados internacionales de narcóticos. También han sido receptores de gran parte de la cooperación norteamericana: primero el “Plan Colombia” que, entre los años 2000 y 2005, promovieron una guerra basada en la interdicción, hasta por US$ 7,000 millones en todo el período. La fumigación aérea y luego la erradicación de más de un millón de hectáreas de cultivos de coca, y la guerra directa contra las FARC fueron los principales instrumentos que han dejado al gobierno de presidente Juan Manuel Santos cerca de un objetivo (la derrota de las FARC) y lejos de otro (control de las drogas).

Luego, el 2006 empezó la “Iniciativa Mérida” en México, nuevamente con el aporte de US$ 1,300 millones por parte de EE.UU, que ocasionó hasta el momento la militarización de buena parte del país, la muerte/asesinato de más de 50,000 personas y no ha logrado desactivar el crimen organizado alrededor del paso de cocaína a los EE.UU. Se sabe que el traficante “Chapo” Guzmán y los Zetas mantienen un enfrentamiento por mercados y rutas que deja muerte a su paso.

La gran plataforma de prensa hemisférica, la academia, ha promovido la falsa idea que frente al tema de la prohibición solo encontramos salida en el tema de la legalización y ésta es mal entendida, como una política de promoción del consumo de sustancias psicoactivas. Frente al completo fracaso de una “guerra” que ha alimentado la generación de US$ 450,000 millones anuales por concepto de lavado de activos proveniente del tráfico de cocaína, es necesario quebrar el paradigma y encontrar políticas basadas en la eficiencia, la sensatez, la proporcionalidad y el realismo. Por lo menos, en el plano latinoamericano. Lamentablemente, los gobiernos alternativos de la región, no han ofrecido apoyo a esta posibilidad.

En algunos casos, como el crimen organizado, la represión selectiva basada en la inteligencia policial, la detección de capitales sucios; en otros, como el consumo personal, la despenalización absoluta; en otros, mecanismos alternativos de justicia penal, como en los casos más sensibles de microcomercialización y transporte. De ningún modo se puede tolerar la injerencia externa, la toma de decisiones en materia de seguridad y defensa, ni veladas formas de intervencionismo ni militarización.

¿Qué se puede esperar?
La verdad hay que ser realistas. Las administraciones en México y EE.UU. se preparan el 2012 para sendos procesos electorales presidenciales, en las que movidas ambiciosas pero agresivas, en este terreno, no son electoralmente redituables.

Por lo pronto, que se abra la oportunidad al debate, que no se concluya nada sin antes poder tener evidencia científica, información veraz, sobre las consecuencias de esta guerra en términos de pobreza rural, delincuencia, situación carcelaria, corrupción, etc. Segundo, dejar sentadas las bases para que las universidades latinoamericanas promuevan el debate de las alternativas.

Es necesario que la comunidad hemisférica comprenda que se inicia un proceso de transformación y reforma de un tema complejo y debemos construir respuestas locales, regionales y hemisféricas. No debe conducirse hacia procesos de securitización, privatización de la seguridad o militarización de un esfuerzo que debe ser fundamentalmente sanitario, agrícola y de inteligencia.

En el caso del Perú, a pesar de un inicial rechazo del gobierno a discutir el tema de las reformas, creemos que Perú, considerado el principal productor de coca/cocaína, no se puede quedar callado ante los nuevos vientos: entre posiciones extremas debemos defender el debate abierto y democrático, la necesidad de reformas, la búsqueda de consensos propios y el rechazo a toda forma de violencia proveniente tanto del narcotráfico como de una guerra fracasada basada en la injerencia policial y militar.

CARTA ABIERTA A LOS PRESIDENTES DE AMÉRICA

Por una política de drogas que promueva la paz y el respeto de los derechos humanos
En esta Sexta Cumbre de las Américas la agenda de los presidentes del continente incluye debatir las políticas de drogas. Las organizaciones de la sociedad civil que trabajamos desde distintos ángulos y países en el tema, hacemos un llamado a los mandatarios de la región a revisar las consecuencias de dos décadas de guerra que no han tenido como resultado la reducción del narcotráfico sino la multiplicación, concentración, especialización y diversificación del crimen organizado.

Es tiempo que la agenda de política de drogas de los gobiernos cambie su sentido y centren el esfuerzo en respuestas alternativas, innovadoras y concertadas que permitan un abordaje integral de los problemas asociados a las drogas. Son propuestas audaces que requieren decisión política. Proponemos:

1.-Separar el uso de drogas del campo penal y de la seguridad. Las personas que usan drogas no deben ser penalizadas por su consumo, ni sospechosas de formar parte de la cadena de tráfico, descongestionando las cárceles y los sistemas de administración de justicia.

2.-Penar en forma proporcional los delitos vinculados a las drogas. Las penas por drogas deben ser proporcionales al tipo de delito y evaluarse alternativas al encarcelamiento para las situaciones ligadas a mayor vulnerabilidad social.

3.- Regular el mercado de cannabis, despenalizar la tenencia y el cultivo para consumo personal. Perseguir a los usuarios y al mercado de cannabis ha resultado ser inefectivo, costoso y contraproducente. Permitir experiencias de un mercado regulado de cannabis brindará enseñanzas para evaluar modelos de regulación de la producción y el acceso controlado a otras sustancias psicoactivas más riesgosas.

4.-Incorporar un abanico completo y diverso de respuestas de salud pública. La atención de las distintas situaciones de consumo problemático de drogas requiere respuestas diversas, incluida la reducción de riesgos y daños, especialmente en contextos donde tal consumo se combina con pobreza extrema.

5.- Incorporar un enfoque integral en el desarrollo alternativo, frente a cultivos de uso ilícito. Los campesinos viven en contextos de pobreza, exclusión social y abandono estatal. Hace falta introducir medidas para el desarrollo rural integral, modificar las estructuras concentradas de tenencia de la tierra, dar acceso a créditos y mercados para los productos alternativos y gobernanza democrática.

6.-Reconocer los usos tradicionales de las plantas ancestrales como la hoja de coca. Los usos integrales de la hoja de coca deben ser respetados, protegidos e impulsados por todos los países involucrados.

7.-Reducir el despliegue represivo y poner énfasis en la persecución del crimen organizado. El modelo de persecución al crimen organizado no requiere alto poder bélico sobre las poblaciones ni incrementa la violencia. Llegó la hora de probar con respuestas que promuevan la paz, el desarrollo, la atención de la salud y el respeto de los derechos humanos. Un camino en el que América tiene grandes lecciones aprendidas y nuestros pueblos mucho aún por ganar.

Acción Andina, Colombia; Acción Andina, Bolivia; Centro de Investigación “Drogas y Derechos Humanos” (CIDDH), Perú; Colectivo por una Política Integral hacia las Drogas A.C (CUPIHD), México; DeJusticia- Colombia; Intercambios A.C., Argentina; Transnational Institute (TNI), Países Bajos; Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), Estados Unidos.


Ricardo Soberón
Colaboración


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