Lágrimas de Benedicto Jiménez

La crónica registra el llanto del coronel (r) PNP Benedicto Jiménez durante el interrogatorio a que fue sometido el miércoles último en el Penal Piedras Gordas de Ancón. Además de verter lágrimas, Jiménez pidió perdón por las injurias y calumnias que prodigó en la revista “Juez Justo”, donde fungía de periodista.

| 28 noviembre 2014 03:11 PM | Especial | 1.4k Lecturas
Lágrimas de Benedicto Jiménez
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El congresista Víctor Andrés García Belaunde, que acudió al penal en su condición de miembro de la comisión que investiga a la red de Rodolfo Orellana, fue una de las víctimas de la publicación: Jiménez le inventó una amante, a la cual habría obsequiado un departamento de lujo.

Ahora, después de haber presenciado el llanto del preso y su pedido de disculpas a los por él ofendidos, García Belaunde considera, con hidalguía, que Jiménez atraviesa una crisis moral que lo puede conducir a revelar hechos y nombres vinculados con la acción de Orellana. Jiménez, como expolicía y abogado, puede desvelar aspectos ocultos de la red. Puede asumir la condición de colaborador eficaz.

No cabe olvidar, por otra parte, que el coronel fue una pieza clave en la investigación y captura de Abimael Guzmán. Junto con su compañero policial y amigo Marco Miyashiro, emprendió la ruta de la investigación meticulosa en documentos, en vínculos personales, en perfiles psicológicos. Reemplazó el método de la represión y las redadas por el seguimiento paciente y pacífico.

El entonces inspector superior de la policía, Fernando Roca Reyes, fue quien autorizó en marzo de 1990 a Jiménez a organizar el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN), que ubicó a Abimael Guzmán en una casa de barrio residencial. Por el método indoloro, el GEIN había alcanzado lo que la prensa mundial calificó como “la captura del siglo”.

Sabido es que cuando cayó el jefe de Sendero, el 12 de setiembre de 1992, el presidente Alberto Fujimori no sabía nada del operativo, y se encontraba de pesca en un plácido lugar de la selva. Tras la captura, según me confió años después para Caretas el general (r) Antonio Ketin Vidal, hubo un intento militar de llevarse al prisionero, probablemente para matarlo.

Los oficiales querían ganarse el mérito de un hecho que superó en resultados a todo lo obtenido en doce años de guerra sucia, con torturas, desapariciones, violaciones y asesinatos. En dos años y medio de labor paciente, los policías habían cazado, sin disparar un tiro, a la presa mayor.

Si Jiménez decide ahora soltar la lengua, no para calumniar, es posible que caigan algunas máscaras, incluso las de algunos periodistas y políticos que se declaran inocentes.

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