La última frontera

Aunque opacada por las bravatas inglesas sobre la fragata Montrose y el patético espectáculo de un sector de la prensa y la clase política agitando la Union Jack, esta última semana la frontera entre Perú y Chile volvió a ser noticia (de segunda plana). Fue con motivo del anuncio que informó que la fase oral de la demanda por el diferendo sobre la delimitación marítima entre Perú y Chile se llevará a cabo del 3 al 14 de diciembre de este año en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, en el lejano Reino de Los Países Bajos, más conocido como Holanda.

| 01 abril 2012 12:04 AM | Especial | 1.5k Lecturas
La última frontera
“El Perú tuvo que recurrir a la Corte de La Haya porque Chile siempre se negó a negociar un tratado de límites marítimos, alegando que éstos ya existían”.
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El Perú, como es bien sabido, tuvo que recurrir a la Corte porque Chile siempre se negó a negociar un tratado de límites fronterizos marítimos, alegando que estos límites ya existían. Sin embargo, el tratado de límites nunca ha podido ser mostrado por Chile porque simplemente no existe. Y, en el derecho internacional, los tratados de límites no se infieren de costumbres ni de otros documentos ajenos a la naturaleza propia de la demarcación limítrofe, como el convenio pesquero administrativo de 1954 suscrito por ambos países para evitar incidentes entre pescadores artesanales. Así pues, Chile puede contar una novela cuya factura no es de las mejores, pero la exhibición del tratado de límites escapa al poder de sus ilusiones.

La controversia limítrofe entre Perú y Chile se enmarca jurídicamente en el derecho del mar. Es este un derecho novel que se ha ido construyendo en el camino a guisa de costumbres, declaraciones unilaterales, instrumentos jurídicos, foros internacionales y que, finalmente, se ha constituido plenamente con la Convención de las Naciones Unidas para el Derecho del Mar de 1982. Este tratado es la fuente principal del derecho del mar y, en la corte de La Haya, es el marco del derecho internacional aplicable a las controversias que sobre esta materia la corte tiene que dilucidar, incluso para aquellos países que, como el Perú, no han suscrito la Convención. Así pues, antes de la Convención no existía propiamente dicho un derecho del mar y es a partir de éste donde los países que no lo han hecho todavía buscan delimitar sus espacios marítimos.

Es en este contexto que el Perú plantea a Chile delimitar la frontera marítima en 1986. Posteriormente también lo hace con Ecuador con el cual, en mayo de 2011, celebra un tratado de límites marítimos en toda regla como corresponde con el derecho internacional de los tratados y el derecho del mar.

La delimitación marítima con Ecuador es importante porque desbarata la leyenda chilena que da cuenta que la Declaración de Santiago de 1952 entre Chile, Perú y Ecuador sobre una zona marítima de 200 millas para la protección de las especies y el convenio de 1954 para fines pesqueros, son la prueba de un acuerdo de límites marítimos que involucra a estos países.

De este modo la posición jurídica del Perú en La Haya, de cara a la fase oral del proceso donde las partes tendrán que esgrimir una síntesis pública de sus mejores argumentos es bastante sólida. La Corte tendrá pues que pronunciarse luego de escuchar a ambas delegaciones sobre un tema específico y, de ser el caso, un segundo tema. El primero es si existe o no un acuerdo de límites marítimos entre Perú y Chile. Y de fallar que no existe, delimitar la frontera de acuerdo al derecho, primero; y la equidad, después.

Así, basta que la corte le dé la razón al Perú en este primer aspecto, el medular de nuestra demanda, para que el Perú haya roto el statu quo por el cual Chile daba por sentada una frontera inexistente. El segundo aspecto es el más complejo: la delimitación propiamente dicha. Aquí, es bueno decirlo, la jurisprudencia de la corte demuestra que sus fallos no suelen ser blanco o negro. No vamos a abundar sobre lo que el Perú ha pedido y lo que sostiene Chile que es la frontera porque es un asunto que escapa al propósito de esta columna. Lo importante es resaltar que no hay que crear expectativas maximalistas ni triunfalismos fuera de lugar.

Lo fundamental es, finalmente, que el fallo es una opción de paz para los dos países en tanto la corte es un instrumento de paz de las Naciones Unidas. Eso es lo que Chile debe comprender si, como esperamos serenos pero alertas, la fuerza de la razón le da la espalda en La Haya. No que ha perdido, sino que ha ganado la paz que significa no tener ningún problema limítrofe pendiente con el Perú.

Así, un tiempo nuevo se abrirá entre las dos repúblicas, uno que ya han ido construyendo anticipadamente sus pueblos, con cientos de miles de peruanos en Chile colaborando con su progreso y miles de millones de dólares de inversiones chilenas en el Perú colaborando con el nuestro. La última frontera está por cerrarse. Que así sea, en paz, respeto y buena voluntad.


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