La Triple Frontera se está calentando

La Triple Frontera entre Perú, Colombia y Brasil ha sido históricamente una frontera caliente, especialmente la peruano-colombiana. Nuevamente dicha zona se está calentando y a ello contribuye el crecimiento exponencial de múltiples actividades delictivas y criminales. El otro espacio caliente es la cuenca del Putumayo.

| 01 noviembre 2012 12:11 AM | Especial | 4.4k Lecturas
La Triple Frontera se está calentando
EL REINO DE LA ILEGALIDAD

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“En la frontera peruana, de acuerdo al análisis de la inteligencia militar y policial que hemos escuchado y compartido en nuestra travesía por la Triple Frontera, podría estallar en cualquier momento no solo uno, sino muchos Valles del Río Ene, Apurímac y Mantaro (VRAEM)”.

“En Caballo Cocha los jóvenes cuidan mejor la coca que sus plantaciones de yuca, plátano, maíz y otros cultivos”.
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EN EL OJO DE LA TORMENTA
En la larga travesía con dirección a la Triple Frontera, que es como penetrar en el “ojo de la tormenta”, el viajero va haciendo varias escalas, aunque las que atraparán la atención del cronista son Alto Monte Israel, Chimbote y San Pablo.

Alto Monte Israel, situado sobre una colina verde, es la capital religiosa de la Misión de los Israelitas del Nuevo Pacto Universal, la iglesia fundada por Ezequiel Ataucusi y ahora bajo el liderazgo de su hijo, Jonás Ataucusi. Barbados. Los israelitas o ataucusi como se les conoce popularmente están en la Triple Frontera y en particular en la provincia de Ramón Castilla desde hace aproximadamente cuatro décadas.

Siendo una mayoría demográfica, los feligreses de la Iglesia del Nuevo Pacto han jugado, juegan y jugarán en el futuro un rol determinante y decisivo en la política, la economía, la cultura y la vida social en el espacio estratégico de la Triple Frontera.

Sobre todo en Caballo Cocha, la capital provincial, donde han controlado la vida política a través de la municipalidad sin pausas durante varios períodos.

CABALLO COCHA, EL EPICENTRO DE LA FRONTERA CALIENTE
En los años ochentas del siglo XX, varios testigos recuerdan a Caballo Cocha como un pueblo extraño, casi irreal. Treinta y dos años después, en octubre del 2012, Caballo Cocha es el epicentro de la frontera caliente y el nudo gordiano de casi todas las ilegalidades, entre ellas del narcotráfico.

El testimonio del jefe de la policía antidrogas es impactante, terrible: se estima que en toda la zona de frontera hay 20 mil hectáreas de plantaciones de coca; en los alrededores de la ciudad se encuentran pozas de maceración para la producción de Pasta Básica de Cocaína (PBC); incluso los narcotraficantes levantaron una fábrica de ácido sulfúrico que acaba de ser desmantelada, destruida; hay mejoramiento genético de la coca y ahora se cosecha cada dos meses y medio; todo el mundo en Caballo Cocha se beneficia del tráfico de drogas.

Pero lo peor del testimonio del jefe policial, por sus sombrías connotaciones sociales y culturales, está por llegar y lo dice sin tapujos: “En Caballo Cocha los jóvenes cuidan mejor la coca que sus plantaciones de yuca, plátano, maíz y otros cultivos”.

Luego lanza otra afirmación implacable que compromete el presente y el futuro de las poblaciones indígenas Ticuna: “Los Ticuna de Cushillococha están comprometidos con el narcotráfico. Lo mismo que los ataucusi que han hecho multiplicar la superficie de coca en esta zona de la frontera”.

En general, de acuerdo al jefe policial, toda la actividad económica y comercial de la ciudad está relacionada con la siembra de la coca y la producción de PBC.

CABALLO COCHA, CENTINELA DE LA PATRIA
“Bienvenidos a Caballo Cocha, centinela de la patria”, expresa con cordialidad el alcalde provincial Julio César Kahn Noriega, al recibirnos en su despacho.

Considerada por el INEI como una zona de extrema pobreza, el alcalde admite que la provincia “está llena de coca” y para contrarrestar en lo posible la pobreza y las actividades ilícitas que predominan en la Triple Frontera ha suscrito convenios con el Estado, en particular con el Proyecto Especial de Desarrollo Integral de la Cuenca del Río Putumayo (FEDICP), probablemente el más importante proyecto binacional que se ejecuta en la frontera con fondos internacionales.

“El futuro de la provincia de Ramón Castilla está relacionado con la puesta en valor del lago de Caballo Cocha, el desarrollo de las comunidades Ticuna, mediante el turismo, siguiendo el ejemplo de Puerto Nariño en Colombia y la ejecución de proyectos agrarios, ganaderos y de transformación”, declara el alcalde con optimismo.

Pero el optimismo del alcalde Kahn Noriega debe estar a prueba de balas. Porque toda o casi toda la realidad parece contradecir sus buenas intenciones, su voluntad y sus ilusiones. Empezando por el mítico lago de Caballo Cocha que a consecuencia del cambio climático está en proceso de transformación de su espejo de agua, que disminuye aceleradamente.

En lo que toca a los Ticuna, cuya población total en la provincia es de 10 mil habitantes, están tomados en la práctica -versión del jefe policial de Ramón Castilla y otras autoridades- por el narcotráfico.

EL REINO DE LA ILEGALIDAD ESTÁ EN LA FRONTERA
Todos los sueños y los proyectos del alcalde de Caballo Cocha podrían terminar en una pesadilla y naufragar en el reino de la ilegalidad si una mano poderosa, básicamente del Estado, apoyada por el tejido institucional y las fuerzas del orden no promueven y generan un cambio en la economía, la política, la ética, la cultura y la vida en la Triple Frontera.

Todo está infestado por la ilegalidad. Una investigadora de la Universidad Nacional de Colombia ha calculado que un promedio de 65 mil toneladas de pescado, principalmente grandes bagres como doncella y dorado, se envían cada año desde Leticia a Bogotá. Ese gran volumen de pesca proviene de Brasil, pero sobre todo del Amazonas peruano y sus afluentes. ¿Quién controla esa masiva pesca en territorio peruano? Nadie.

Miles y millones de pies tablares de madera del territorio fronterizo peruano, sobre todo del Yavarí, son contrabandeados hacia el Brasil. De la zafra de Loreto, estimada en 600 mil metros cúbicos en el año 2011, buena parte salió de nuestras fronteras producto de la tala ilegal, la compra y venta de guías y de los controles desguarnecidos.

En conclusión, el sistema forestal en el Perú, en la Amazonía y sobre todo en Loreto es el imperio de la ilegalidad, el “blanqueo” y el caos.

Si el reglamento de la Ley Forestal y de Fauna se promulga tal como está, todo el sistema de ilegalidad forestal se legitimará con graves consecuencias para la economía regional y el patrimonio forestal.



SANTA ROSA O LA TIERRA DE NADIE
La isla peruana de Santa Rosa, ubicada exactamente frente a Leticia, es una especie de “tierra de nadie” para los colombianos. Porque, según un documento de la Cancillería de Colombia, es una “isla del río Amazonas, formada con posterioridad a 1929 que no ha sido asignada a ninguno de los Estados de Perú o Colombia”.

Comparada con Leticia, antiguo territorio peruano que lo perdimos con el Tratado Salomón-Lozano de 1927, Santa Rosa es el quinto mundo y Leticia el primer mundo.

Entre otras causas porque Leticia está asentada entre altas y suaves colinas y Santa Rosa es barrida cada año por las aguas del caudaloso Amazonas. Por lo tanto, es la imagen de la precariedad, del salto de mata, del día a día, de lo efímero.

Pero Santa Rosa es la imagen de lo patético, del rostro del abandono y la pobreza no solo porque es una isla inundable sino porque el Estado peruano allí es débil, casi ausente, precario.

Ilegal e informal. En el puerto de Santa Rosa se bambolean con las olas del Amazonas no menos de cincuenta y no más de ochenta balsas o grifos informales que venden combustible ilegal. Alguien cobra cupos para dejar “pasar y dejar hacer”. Cada balsa vende un promedio de 400 galones de gasolina por día. Cada galón cuesta 12 soles.

No es el único comercio ilegal. Carne de paiche o pirarucú llega de Brasil a la frontera peruana, a Santa Rosa, con dirección a Iquitos.

En Santa Rosa el sol peruano no vale un Perú porque nadie lo quiere recibir. La moneda de cambio es el real brasileño y en el peor de los casos el peso colombiano. En la isla no hay agua potable y luz eléctrica alumbra de 6 a 9 de la noche.

NO UNO SINO MUCHOS VRAEMS
Toda la triple frontera está caliente, incluyendo el Putumayo donde los bloques de las Fuerzas Armadas revolucionarias de Colombia (FARC) siguen operativos mientras continúan los diálogos en Oslo, Noruega, entre los representantes del gobierno del presidente Santos y los voceros de las FARC.

Algunos analistas internacionales han vaticinado que el diálogo finalmente se romperá porque ninguna de las partes cederá en sus posiciones. Otros expertos incluso anticipan que si se llegara a suscribir la paz, inmediatamente estallaría la “guerra del extractivismo”, esta vez entre las multinacionales que están entrando en la cuenca amazónica a saco partido y los pueblos indígenas.

Estados débiles como el peruano en la Tripe Frontera enfrentan en la coyuntura actual serias amenazas, tanto de las actividades extractivas ilegales como de la secuela de inseguridad y de factores geopolíticos.

En la frontera peruana, de acuerdo al análisis de la inteligencia militar y policial que hemos escuchado y compartido en nuestra travesía por la Triple Frontera, podría estallar en cualquier momento no solo uno, sino muchos Valles del Río Ene, Apurímac y Mantaro (VRAEM), quizás por ahora el mayor “talón de Aquiles” político y de seguridad del gobierno de Ollanta Humala Tasso.


Róger Rumrrill
Colaborador


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