La sangre corre en el Nilo

El descontento se acrecienta a dos años de la llamada revolución egipcia debido al autoritarismo islamista, la crisis económica y la irrupción de grupos radicales.

| 02 febrero 2013 12:02 AM | Especial | 1.3k Lecturas
La sangre corre en el Nilo
Egipto se encuentra convulsionado por las políticas represivas de los islamistas en el poder.
EGIPTO EN CONVULSIÓN
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¿Puede el fanatismo de dos equipos provocar una masacre que se salde con más de cien muertos? Esa es una pregunta que puede sorprender a muchos, pero no a los egipcios que hace un año vieron cómo el Estadio de Port Said fue escenario de una carnicería en la que murieron unos 74 hinchas del equipo cairota de Al Ahly.

El pasado 26 de enero la violencia volvió a estallar tras conocerse la condena a muerte de 21 simpatizantes del equipo local de Al Masry, que promovieron la masacre. Esta vez, las cerca de 40 víctimas pertenecían al equipo de Port Said. El transfondo de la tragedia estaba claro. Los jóvenes simpatizantes de Al Ahly habían participado activamente en las jornadas que dieron lugar a la “primavera árabe egipcia” en 2011, mientras que los de Al Masry eran defensores del régimen de Hosni Mubarak.

ANIVERSARIO SANGRIENTO
Los recientes sucesos se enmarcan dentro de las violentas jornadas que vivió Egipto en el segundo aniversario de la revolución que derrocó al gobierno dictatorial de Mubarak. Y dan la pauta de la grave crisis política y económica que sacude al gobierno del presidente islamista Mohamed Mursi.

Dos años después, el país observa el conflicto entre un poder que invoca la legitimidad de las urnas y sus adversarios que denuncian la emergencia de un sistema autoritario dominado por los Hermanos Musulmanes. Y en medio de ello crece el descontento y la violencia por la crisis económica y la insurgencia de grupos radicales que, como el caso de Port Said, reclaman hasta la independencia, amparados en los resabios del antiguo régimen.

Eso explica por qué la sangre corrió a raudales luego que la oposición laica convocara a manifestaciones en recuerdo de la jornada del 25 de enero de 2011 que culminó 18 días después con la caída de Mubarak. Una quincena de partidos, movimientos y coaliciones izquierdistas y liberales llamaron a manifestarse contra el régimen de “Mursi Mubarak”, bajo la misma consigna de hace dos años: “pan, libertad, justicia social”.

Y es que las cuentas no están saldadas. Hay una serie de demandas todavía insatisfechas y que el gobierno de Mursi parece incapaz de atender. Entre otras, la crisis económica, cuya resolución se pretende dejar en manos del FMI. “Egipto no ha culminado su transición y esta durará mientras las peticiones de justicia y de progreso social y de lucha contra la corrupción y la burocracia no estén satisfechas”, afirmó Ahmed Abed Rabo, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de El Cairo.



CONSTITUCIÓN ISLAMISTA
La crisis se evidenció en el país hace varias semanas después que la oposición se mostró en contra del proyecto de Constitución promovido por los islamistas. El texto se adoptó finalmente por referendo, pero el país continúa profundamente dividido.

Mursi es el primer jefe de Estado egipcio elegido en comicios libres, así como el primer islamista y el primer civil en presidir el país. Hasta el momento, consiguió poner límites al poder de los militares que tomaron las riendas del poder tras la caída de Mubarak y prometió consolidar la democratización. Pero sus adversarios le acusan de haber traicionado los principios de la revolución y de incompetencia en la gestión de los asuntos públicos.

El mandatario enfrenta, además, el hundimiento de las inversiones extranjeras, la caída del turismo y un déficit presupuestario creciente. Las reservas de divisas alcanzaron un “mínimo crítico” de 15,000 millones de dólares, según el Banco Central. La moneda nacional se encuentra en su nivel más bajo frente al dólar. Un préstamo del FMI de 4,800 millones de dólares, esperado a finales de 2012, debe ser objeto de nuevas negociaciones.

“Egipto es el primer comprador mundial de harina. Un 40% de los alimentos que consume el país son importados, por lo que una devaluación provocaría un encarecimiento y muchas tensiones sociales”, explica Amr Adly, un economista especializado en derechos sociales. Un cuarto de la población egipcia vive por debajo del umbral de la pobreza.

Una buena parte de la población se muestra escéptica respecto a la bondad del préstamo del FMI, pues no olvida las dolorosas consecuencias de sus recetas. “Como es habitual, su programa de ajuste se basa en la austeridad, y en el aumento de los ingresos a través de los impuestos indirectos, es decir, financiado sobre todo por los pobres”, afirma Adly, que recuerda que las tasas sobre las rentas de capital son muy bajas. Está claro que el programa económico de los Hermanos Musulmanes no se aparta mucho del de Mubarak.

El deterioro de la situación obligó en los últimos días a los dirigentes de la principal coalición opositora, el Frente de Salvación Nacional, a variar de posición y a pedir el diálogo con el régimen de Mursi. El jefe de la coalición, Mohamed ElBaradei, reclamó, antes, un gobierno de unidad nacional, la formación de una comisión que enmiende la controvertida Constitución, así como que se retiren las facultades legislativas al Consejo de la Shura, la cámara alta del parlamento que está dominada por los islamistas.

Tras los hechos de violencia que dejaron 56 muertos, Mursi impuso el toque de queda y el estado de emergencia, durante treinta días, en las ciudades de Port Said, Suez e Ismailiya, escenarios de las principales protestas. Pero el toque de queda impuesto por Mursi no fue bien recibido por la población, que la quebrantó con multitudinarias protestas.

La inestabilidad de los últimos días ha hecho que el gobierno tema por un posible “colapso” del país. Así lo anunció el ministro de Defensa egipcio, Abdel Fatah el Sisi, quien reconoció que “la continuación del conflicto entre las distintas fuerzas políticas y sus discrepancias sobre la administración de los asuntos del país, puede llevar al colapso del Estado y amenaza el futuro de las próximas generaciones”.

La advertencia de Sisi envió el mensaje de que la mayor institución de Egipto, que recibe directamente grandes subsidios de Estados Unidos, está preocupada por el destino de la nación.


Presidente islamista Mohamed Mursi.

LOS ULTRAS
Su discurso iba dirigido sustancialmente a los llamados “ultras” de ambos lados del escenario. De acuerdo a Eva Sáenz-Díez Jaccarini, investigadora sobre el mundo árabe, en las jornadas de violencia participan fundamentalmente un grupo de jóvenes a los que se denomina “los ultras”, muchos de los cuales son seguidores de los más populares equipos de fútbol.

Ya el pasado miércoles 23 de enero, algunos de ellos habían bloqueado el puente del 6 de Octubre, paralizaron el tráfico del metro y organizaron un sit-in pacífico frente a la sede de la Bolsa. Según sus declaraciones, dichas acciones eran solo una advertencia hacia el régimen y el Poder Judicial, de lo que podría suceder, y de lo que eran capaces de llevar a cabo en caso que el veredicto sobre la masacre de Port Said no fuera satisfactorio para ellos.

La acción directa de los jóvenes generó la preocupación del régimen, que en las últimas jornadas vio cómo entraban a tallar en las protestas los “Black Bloc” o “Bloque Negro”, unos jóvenes enmascarados que aparecieron en respuesta a las milicias islamistas de los Hermanos Musulmanes. Los Black Bloc y los Ultras se alistan a enfrentarse a las milicias islamistas que actuaron de forma brutal en los enfrentamientos de noviembre y diciembre.

En respuesta a su accionar, el fiscal general, Talaat Abdalá, ordenó el arresto de los miembros del “Bloque Negro”, por considerar que los miembros de la agrupación, que suelen marchar con la cara cubierta por pasamontañas de color oscuro, fueron los principales protagonistas de las acciones de violencia de jornadas pasadas.

Una de esas acciones fue el secuestro de un vehículo acorazado de la policía, que fue conducido el pasado lunes a la plaza Tahrir, donde ardió en llamas. El vehículo sigue allí, calcinado, en plena plaza. Es un símbolo de que el Black Bloc acaba de llegar a la protesta egipcia. Y que el régimen islamista tiene razones de peso para temer la violencia.


Efraín Rúa
Editor de Mundo


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