La patraña y el enredo

El chisme y la intriga son tan antiguos como la misma República y todo indica que fueron traídos de España, aunque hay referencias de que también los practicaban los nativos originarios de estas tierras. Fueron materia prima de buena parte de las Tradiciones Peruanas de Don Ricardo Palma, que además los satirizó como grandes defectos de los limeños de antaño que muchos parecen haber heredado con gusto y pasión, por lo que estarían integrados a nuestra sociedad hasta el extremo que tendremos que cargar con esa tara quién sabe hasta cuándo.

| 15 abril 2015 01:04 PM | Especial | 5.1k Lecturas
La patraña y el enredo
La patraña y el enredo
Por: Arturo Belaúnde Guzman
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Son incontables las veces que en los centros de trabajo, en las actividades sociales, en el vecindario, en la universidad y hasta en las reuniones familiares, no falta alguien que comienza la práctica con el clásico “¿Te enteraste de que fulanito…?” o ¿Te cuento que…? y arranca la chismografía, muchas veces sazonada de detalles inventados y otros ingredientes maledicentes, convirtiendo el rumor dicho a media voz en una bola de nieve que va creciendo mientras va de boca en boca.

A su paso, la bola de nieve es alimentada además por la intriga de quienes gustan de agregarle elementos para que el daño sea mayor y sobre todo para que esté dirigido a quienes quieren dañar por ambición de poder, por interés material, por rencor o por simple maldad, y consiguen el objetivo de destruir honras, romper amistades, provocar pleitos, destrozar familias, embarrar reputaciones.

Chismosos e intrigantes actúan con mayor saña cuando aquellos a quienes odian, generalmente por envidia, o quieren destruir porque afecta sus intereses y su codicia, atraviesan alguna situación que los hace vulnerables a la maledicencia y al culto a la mentira y a la manipulación de la verdad.

Es lamentable que el chisme y la intriga se hayan convertido en una forma de hacer un mal llamado periodismo, como lamentablemente se practica en el Perú y que, escudándose cobardemente en condicionales como habría, podría y sería, acusan y condenan, al extremo de suplantar al sistema de justicia, al imputar, juzgar y condenar a los objetivos de sus odios y sus fanatismos o a quienes no comulgan con los amos a los que sirven.

Ante ello, hay que renovar nuestra fe en la reserva moral de nuestro país y hacer que la dignidad y la calidad se impongan sobre quienes practican valores negativos, dañando a la democracia y traicionando la memoria de los grandes hombres que han construido la peruanidad, a punta de grandeza, por encima de las miserias humanas.

Arturo Belaúnde Guzman


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Colaborador 9324 La Primera Digital

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