La partida de don Armando

Con la muerte de Armando Villanueva del Campo se va el último político de aquella generación del APRA que sufrió persecución, cárcel y destierro por causa de sus ideas, contrarias al statu quo y en búsqueda del cambio del país. También se va uno de los últimos políticos que nunca robó y supo vivir austeramente, sin dineros mal habidos. LA PRIMERA muestra un recorrido de la vida del veterano líder aprista, que el domingo falleció a los 97 años.

| 17 abril 2013 12:04 AM | Especial | 2.3k Lecturas
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Pese a que su último cargo en la política nacional fue la de Senador de la República, cuyo período de cinco años fue abruptamente interrumpido por el golpe de Estado de Alberto Fujimori en 1992, Armando Villanueva del Campo permaneció vigente en la vida política del país durante los últimos 20 años de su vida.

Muchos políticos de su generación (e incluso menores que él) optaron por el silencio y el alejamiento público, pero don Armando fue siempre, aunque con más de nueve décadas de vida, un hombre de consulta sobre los temas importantes del país hasta el final de sus días.

Esto se explica porque Armando Villanueva del Campo llevó la política en su sangre, y desde muy joven se involucró en ella. Nacido en Lima el 25 de noviembre de 1915, era hijo de Carmen Rosa del Campo y de Pedro Villanueva Urquijo, este último diputado durante el “oncenio” de Augusto B. Leguía, y defensor de este régimen autoritario.

Por curiosidades de la vida, Armando habría de enrolarse en las filas de la Alianza Popular Revolucionaria Americana, cuyo fundador, Víctor Raúl Haya de la Torre, sufriría destierro durante el régimen leguiísta.

JUVENTUD INTENSA
Apenas a los 15 años, siendo estudiante secundario del Colegio San Luis de los Hermanos Maristas (Barranco), Villanueva del Campo se afilió al denominado “Partido del Pueblo”, en una edad en la que los jóvenes están pensando más en la pelota o en las chicas que en la política. Su inscripción la realizó en la base partidaria de Miraflores. Allí comenzaría su larga trayectoria en la política nacional, que duró ocho décadas.

A los 18 años, en 1934, fue uno de los fundadores de la Federación Aprista Juvenil (FAJ), que luego sería denominada Juventud Aprista Peruana (JAP), de la que fue su primer secretario general. Eso fue poco tiempo después de 1932, cuando ocurrió la masacre de militantes apristas en el cuartel de Trujillo, hecho que fue narrado por el recordado periodista Guillermo Thorndike en su obra “El Año de la Barbarie”.

Siendo secretario general de la JAP, el mismo Villanueva sufrió su primera detención, en el mismo año 1934, por participar en el intento de captura del Cuartel Militar de Barbones. Al ser liberado en abril del año siguiente, organizó el primer congreso de la FAJ e ingresó a la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos.

Entre fines de la década de 1930 e inicios de la década siguiente, Villanueva sufrió varios encarcelamientos y deportaciones. El APRA era un partido ilegal; sus integrantes eran “los rojos y terrucos” de la época por oponerse al “establishment”. En su deportación en Chile conoce a Lucía Ortega, quien sería su compañera de toda la vida.

Por encargo de Haya de la Torre, Villanueva organiza desde Arequipa, junto a otros partidos políticos de diversas tendencias, el Frente Democrático Nacional, que postuló a José Luis Bustamante y Rivero a la presidencia de la República en 1945. El proyecto fracasó en 1948 por oposición del propio partido aprista y debido al golpe de Estado de Manuel Odría.

Tras el golpe, Villanueva sufre una nueva prisión hasta 1951, cuando es desterrado a México. Desde el exterior, ocupó el puesto de secretario general del Comité Coordinador de los Desterrados Apristas. Vivió unas temporadas en Argentina y Chile, donde se dedicó al periodismo.



RETORNO, ASCENSO, DESTIERRO Y PROYECCIÓN
Tras la llegada a la presidencia de Manuel Prado Ugarteche, que pactó con el APRA la “Convivencia”, Villanueva vuelve al país. En 1963 es electo diputado, con lo que logra su primera elección en un cargo público, llegando a ser presidente de la Cámara Baja en 1967. Sin embargo, su mandato legislativo de seis años es interrumpido por el golpe del general Juan Velasco Alvarado en 1968.

Villanueva dirige la oposición del aprismo, que aunque sostenía que lo hecho por Velasco estaba en su programa, reclamaba permanentemente elecciones libres. En el último año del régimen velasquista (1975), el líder aprista sufre su último destierro.

Sin embargo, Velasco sería depuesto por Francisco Morales Bermúdez, y Villanueva puede regresar nuevamente al país. Aunque no se presenta como candidato en la lista parlamentaria del APRA a las elecciones de la Asamblea Constituyente de 1978, Villanueva del Campo se perfila como uno de los líderes del partido, tras la muerte de Haya de la Torre.

Luego del deceso de Haya, se genera una pugna interna en el partido, puesto que estaba presente el liderazgo de Andrés Townsend, quien tenía una postura más centrista, frente a la de Armando, que hablaba del “cambio social” y la “izquierda responsable”.

El conflicto terminó, al menos para los espectadores de afuera, con la designación de Villanueva del Campo como candidato presidencial a las elecciones de 1980. Algo histórico si se consideraba que era el primer candidato presidencial aprista que no era Haya de la Torre.

ELECCIONES DE 1980
En principio, Armando Villanueva del Campo partía como favorito para estos comicios. Según el libro “Sendero” de Gustavo Gorriti, las primeras encuestas daban cuenta que la ciudadanía prefería votar por el APRA, mientras que detrás aparecían Fernando Belaunde, líder de Acción Popular y expresidente; y Luis Bedoya Reyes, del Partido Popular Cristiano.

Con el correr de la campaña, la candidatura de Belaunde comenzaría a despegar, debido a su gran carisma y cierto recuerdo de su primer gobierno. A Villanueva le jugaría en contra la campaña de cierta prensa que lo acusaba de “búfalo” y de promover la violencia; y el hecho de estar casado con una ciudadana chilena, hecho que fue un factor para que mucha gente no vote por él.

Muchos ciudadanos que ahora tienen, por lo menos, entre 50 y 60 años, recuerdan con cierta emoción aquel spot publicitario de la campaña aprista, denominado “El APRA es el camino”, aunque no hayan votado por Villanueva en el 80.

Apristas de aquella época, que aunque tenían certeza de que Belaunde ganaría las elecciones, recuerdan aquella campaña con Armando Villanueva como la más intensa que vivieron. Tan intensa que hasta lloraron. El resultado final dio como ganador al candidato de Acción Popular con 43% de los votos, frente al 27% del líder aprista.

ÚLTIMA FUNCIÓN PÚBLICA
Tras esa experiencia, Armando Villanueva fue elegido Senador de la República en 1985, volviendo al Congreso luego de 17 años. Ese mismo año fue designado por la militancia aprista secretario general del partido. Alcanzó la presidencia de la Cámara Alta en el período 1986 y 1987.

Con el estallido de la crisis económica de esos años, Villanueva deja sus actividades en el Senado, y asume la Presidencia del Consejo de Ministros en mayo de 1988, puesto que ocupa por un año. Paralelamente ocupa el desaparecido Ministerio de la Presidencia y la cartera del Interior, renunciando en mayo de 1989, luego del asesinato del parlamentario aprista Pablo Li Ormeño, que pareció ser un atentado de Sendero Luminoso. En su carta de renuncia, Villanueva daba cuenta de tener “cansancio y frustración”.

Pese a la grave corrupción del régimen, Villanueva nunca estuvo involucrado en estos hechos, y permaneció al margen del tema. Es reelecto Senador en 1990, pero no puede completar su mandato debido al cierre del Congreso protagonizado por Fujimori en 1992.

ÚLTIMOS AÑOS
Aunque ya no tuvo nunca más cargos públicos, Villanueva del Campo siguió estando presente en la política activa. Siendo el APRA parte de la oposición a la dictadura de Fujimori, Villanueva respaldó esta orientación.

En los últimos años, Villanueva del Campo manifestó opiniones diversas sobre la coyuntura nacional, algunas que fueron aprobadas mayoritariamente por la ciudadanía, y otras que causaron polémica.

En algún momento expresó sus simpatías por Hugo Chávez, aunque después le escribió una carta manifestando que dejaba estas simpatías debido al intercambio de palabras que tuvo el extinto presidente venezolano con Alan García en el año 2006. En la última revocatoria de la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, expresó su opción por el NO, a contracorriente de la postura de su partido.

También firmó un prólogo de un libro escrito por el exlíder del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, Víctor Polay Campos, y junto a otro reconocido líder aprista, Javier Valle Riestra, pidió juicio justo para el exsubversivo. Quizás esa conducta obedecía a que conocieron a su padre, Víctor Polay Risco, con quienes compartieron la militancia aprista.

En su última declaración pública a un medio radial, Villanueva dijo estar de acuerdo con el indulto a Fujimori.

En vida, y pese a las diferencias políticas e ideológicas, Villanueva tuvo buenas relaciones con gente de otras tiendas políticas. Su amistad con Alfonso Barrantes, Jorge del Prado (líder comunista con el que compartió prisión) y Luis Bedoya Reyes, por citar algunos casos, es prueba de ello. También fue amigo del presidente Ollanta Humala y de Villarán, quien siempre acudía a visitarlo.

Se ha ido el último de los mohicanos apristas: de aquella generación que sufrió cárcel y destierro, incluso con el riesgo del fusilamiento, y que nunca lucró con el poder. De esos políticos que luchaban por un ideal y por el cambio social, y que hoy ya no se encuentran. Descanse en paz, don Armando.


Víctor Liza
Redacción


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