La otra China

Oswaldo Reynoso, el notable escritor peruano, vivió años cruciales en China tras la muerte de Mao Zedong. Allí vivió el tránsito de una sociedad que buscaba implantar el socialismo a una sociedad de mercado, en la que regían las leyes del capital, de acuerdo a los postulados de gobernante Den Xiaoping.

| 21 junio 2009 12:06 AM | Especial | 2.5k Lecturas
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En su clásica novela “Los eunucos inmortales”, Reynoso narra los dramáticos momentos que vivió China, tras las protestas de estudiantes y trabajadores que reclamaban reformas en el burocrático aparato dominado por el Partido Comunista y que concluyó con la masacre de Tiananmen, el 4 de junio de 1989. Aquí sus impresiones.

-Hay quienes en el Perú alaban al gobierno chino y se olvidan de su ideología. Saludan el TLC con China y dicen que el Perú ingresa a un mercado de más de 1,300 millones de personas. ¿Coincides con esta versión?
-No, porque habría que ver que la capacidad de compra de los chinos es muy poca. Es una sociedad muy pobre, con personas que ganan poco más de un dólar por día. Hay un sector de personas muy ricas, pero el resto vive en la pobreza. Es como decir que el Perú tiene un mercado de 28 millones de habitantes, cuando a nosotros nos consta que el porcentaje de personas que pueden comprar un artefacto del extranjero es muy poca.

-¿Por qué se produce esta situación en un país que tuvo récords de crecimiento?
-Por los mismos vicios y defectos del capitalismo, que crea un grupo de grandes ingresos y una gran mayoría de pobres. Cuando Den Xiaping llamó a enriquecerse, se creó una casta que se apropió de los recursos del país. Esto me trae a colación las declaraciones de un economista que decía que el problema no es reducir la pobreza, sino hacer una mejor distribución de la riqueza.

-Lo que usted dice es que China no es un país socialista sino capitalista. ¿Por qué?
-¿Qué define a un país socialista? La distribución de su riqueza. Un país es socialista porque tiene un sistema económico y político socialista. En China, ¿ese sistema existe? No. China es un país capitalista con la diferencia -como lo dijo Deng Xiaoping en entrevista con Gorbachov- que se conservó el partido comunista para hacer esa reforma.

Deng se propuso construir una sociedad de mercado en una economía socialista. Han pasado más de 27 años y hay gran cantidad de pobres. Hay mafias, hay corrupción y contaminación, todos los males de un país capitalista están en China. Entonces, de qué país socialista hablamos…

En 1989, se justificó la represión contra los estudiantes acusándolos de estar en contra del sistema socialista. Qué pasó realmente en Tiananmen?
Lo que ocurrió tiene sus antecedentes: les quitaron la gratuidad de la enseñanza y ellos protestaron. Estaban disgustados además porque los comerciantes ganaban más que un profesor universitario o los intelectuales. Es decir, se rompió el sistema equitativo en distribución de la riqueza y eso lo sintieron los estudiantes, que ya no tenían interés en estudiar sino en enriquecerse. Además, algunas de las consignas que enarbolaban los manifestantes eran contra los “viejos corruptos del partido”.

-¿Cómo se produjo la destrucción de la economía socialista?
Se transformó la propiedad socialista y pasó a manos de algunos dirigentes del partido, como ocurrió en las comunas. Un lema del partido en ese entonces era hacerse rico, eso creó grandes diferencias en la sociedad china…

-Una de las consignas de los estudiantes era la democracia interna en el partido. ¿Qué pasó con esa demanda tras el aplastamiento de la revuelta?
-Se acabó. Ahora el partido ejerce una verdadera dictadura y nadie puede opinar. Todo disidente es perseguido y encarcelado. Hay que recordar que cuando Deng Xiaoping es rehabilitado en 1978, pega un cartel (un dazibao) contra el alcalde por la construcción de unos inmuebles, acusándolo de corrupto. Y llamó a la gente a hacer lo mismo en lo que se llamó el Muro de la Libertad, pero cuando Deng logra el poder efectivo, cierra el Muro y ya no hubo más dazibaos. Por eso es que los estudiantes reclamaban más democracia.

-Mao ZeDong tenía una consigna: que cada chino tuviera por lo menos una taza de arroz al día. ¿Está cerca de cumplirse esta meta?
No creo, las diferencias son muy grandes, hay zonas muy pobres y hay quienes tienen 20 mil tazones por día…

-¿Por qué Alan García saluda los éxitos de China?
Porque está en la misma línea de construir un desarrollo capitalista que beneficie a unos pocos. El famoso ‘chorreo’ va contra las leyes de Newton, siempre chorrea para arriba, nunca para abajo.

-En el libro “Los eunucos inmortales” hay una frase que resume el espíritu de los estudiantes: “La vida sin libertad no solo es fea sino sucia”. ¿Cuál es la interpretación que le das?
-Ellos querían un socialismo con libertad, luchaban por eso y, por eso, los aplastaron. Hace muchos años dije que así como el mundo se sorprendió por el derrumbe del Muro de Berlín, un día se iba a sorprender con la caída de Wall Street, algo que acaba de suceder. Yo creo que la única alternativa que le queda a la humanidad es el socialismo con libertad, no un socialismo de mercado. Es necesario que por encima de todo se vea la felicidad del hombre en la tierra, no la riqueza.

Efraín Rúa
Editor internacional

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