La novela “subte” y sus autores

A pesar de ser un elemento presente en muchos autores contemporáneos, el rock no ha sido un elemento muy presente en la literatura peruana. Sin embargo en la última década, el impacto que este género musical tuvo en los años 80 con la movida del rock subterráneo inspiró tres novelas muy interesantes.

| 26 octubre 2011 12:10 AM | Especial | 5.9k Lecturas
Tres escritores que crecieron como rockeros subterráneos en los difíciles años 80

Más datos

(1) MARTÍN ROLDÁN RUIZ. “Todos teníamos las contradicciones que los muchachos de nuestra edad tienen. ¿Qué podías esperar de mocosos de 16 años?”

(2) CARLOS TORRES ROTONDO. “Sin exagerar ni idealizar yo creo que fue un momento de pureza. Por primera vez en mi vida conocí gente con gustos y pensamientos similares”.

(3) JULIO DURÁN. “Se podía ser rebelde y crítico la movida subterránea. Dentro de ella eras consciente de lo que estaba pasando en el mundo y podías decirlo”.



DETALLE

La relación entre rock subterráneo y literatura data desde sus orígenes, cuando el grupo Kloaka, dirigido por los poetas Roger Santibáñez y Dalmacia Ruiz Rosas, organizaba conciertos de Leusemia y el rockero rimense Kilowatt, en 1983.
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Sus autores fueron a su vez protagonistas de esta movida y reflejaron estas vivencias en sus primeras novelas.

“Nuestros años salvajes” (2001), “Incendiar la ciudad” (2002) y “Generación Cochebomba” (2007) son tres novelas que nos abren un mundo de excesos, rebeldía, violencia, agitación social y rock, elementos que marcaron la movida subte a partir de 1984. Años de crisis, terrorismo, miedos y la esperanza fallida de la democracia que eran reflejados, por primera vez, en las letras de los grupos de rock, demostrando que lejos de ser alienante, este género de origen foráneo pudo expresar la rabia de una generación.

Historias de apagón y tragocorto
Sin lugar a dudas, la novela que mejor ha reflejado la movida subterránea ha sido “Generación Cochebomba”, escrita por Martín Roldán Ruiz. Subte antiguo de Breña, periodista, ferviente hincha de Alianza Lima, asegura con orgullo: “No soy poeta, soy barra brava”.

No sería exagerado calificarla como la “novela subte” definitiva. Los elementos son atractivos: violencia, alcohol, drogas, mucho punk rock y jóvenes que prefieren vivir al máximo el presente porque sienten que el futuro no existe. Adrián R, el caótico protagonista, es el retrato idóneo de un joven punk limeño durante el primer gobierno de Alan García.

“Cuando uno es chiquillo está en búsqueda de algo y la música es parte de forjarte una identidad. Cuando escuché el punk, y básicamente Eskorbuto, dije que esto es lo que yo buscaba, algo que sentía mío, con lo cual me identificaba como adolescente y con lo cual me hacía distinto a los demás”, cuenta Martín sobre su entrada al mundo subterráneo, allá por 1987. Fue un asiduo concurrente a “El Hueco”, un espacio liberado en Santa Beatriz donde se podía convivir entre conciertos de punk rock y discusiones políticas y formó la banda Dictadura de Conciencia.

“Siempre tuve ese bicho de que el rock subte era una de las cosas más importantes que había surgido dentro de movimientos juveniles y que yo había estado dentro y lo había vivido”, explica y asegura haberse inspirado en parte en “The Outsiders”, de Francis Ford Coppola. Su primer esbozo de “Generación Cochebomba” fue un cuento con el que ganó los juegos florales de la Bausate y Meza. Ese cuento, que mencionaba a un concierto que terminaba en una batida policial, terminaría siendo el primer capítulo de su primera novela.

Martín reconoce en su libro la influencia de Vargas Llosa y “Conversación en la Catedral” por la variedad técnica y Julio Ramón Ribeyro y “Los Geniecillos Dominicales”, novela en la que también la decadencia de sus personajes se reflejaba en la atmósfera de la ciudad.

Siguiendo el estilo de la autogestión punk, “Generación…” fue editada por el propio autor. Un vecino lo ayudó con las impresiones, un amigo diseño la carátula y otro le tomó la foto. A Martín no lo amilanó cuando un editor le dijo que su novela carecía de trama y que sus personajes no estaban bien logrados y optó por la ética del “hazlo tú mismo”.

La primera edición se agotó rápidamente y aun no hay una segunda. Arturo Gonzáles Vigil lo eligió “volumen notable” del año 2009. Incluso un estudiante de literatura de la Universidad Católica hizo una tesis sobre el libro.

“A mí el rock subterráneo me enseñó a ser mucho mejor ser humano y conforme ha ido pasado el tiempo, ya la experiencia de vida te hace decir qué estuvo bien y qué no. Pero básicamente todo lo que aprendí con los subtes aun lo mantengo”, reflexiona Martín, quien luego publicó el libro de cuentos “Este amor no es para cobardes” y dentro de poco lanzará otro libro de cuentos con los mismos personajes de “Generación Cochebomba”.

Los momentos perfectos
En el verano de 1991, la escena subterránea entraba en receso. Los grupos más importantes como Eutanasia, G-3 y Voz Propia habían dejado de tocar, a consecuencia de la crisis. Julio Durán, con apenas 13 años, empezó a conocer la movida por sus amigos de Breña, donde también vivía Martín. Era el “chibolo” y con esa curiosidad de los “nuevos” se acercaba a los ya recorridos subtes. Las historias que le contaban eran como “mitos fundacionales” de una escena a la cual llegó tarde y que entraba en decadencia. “Recreaba en mi mente lo que otros habían vivido”, comenta. “El Hueco”, se volvió su segundo hogar y el espacio central en donde giran las vivencias de “Incendiar la Ciudad”.

Para él, cada concierto era un “momento perfecto”, a la manera como lo definía Jean Paul Sartre en “La Náusea”, libro que considera una influencia.

“Cuando llegué a la ‘mancha’, un concierto me emocionaba y era un momento perfecto. Trataba de captar cada detalle del momento. Eso está en ‘La Nausea’, cuando Antoine de Roquentin trata de escribir y deja el diario porque no puede captar todas las características del tintero, se le escapaban los detalles. Es lo mismo de lo que sufre el personaje de mi libro, que siente que no puede atrapar la realidad”, explica el escritor.

El proceso creativo comenzó con una serie de cuentos que escribió durante un lapso de cuatro años y que terminaron fusionándose para dar forma a “Incendiar la Ciudad”. Al igual que “Generación Cochebomba”, Julio editó el libro personalmente de manera artesanal. Papel fotocopia, carátula con sello. Efectivamente, era como un casete demo o un fanzine fotocopiado. Una verdadera novela subte.

Julio Durán considera su pasado subterráneo como una época de aprendizaje. “Aunque algunos digan que no se podía ser imparcial, yo creo que la mancha subte estaba entre dos fuegos: el de la violencia supuestamente justificada de un grupo armado y la violencia que ejercía el Estado. Era una especie de limbo que buscaba ser puro, no mancharse de ninguna de las dos posturas”, explica el escritor, que recientemente editó el libro de cuentos “La forma del mal”.

Los años del hardcore
A diferencia de las novelas anteriores, en “Nuestros años salvajes” de Carlos Torres Rotondo los protagonistas no son subtes de “El Hueco” sino adolescentes de clase media que se conocen en la recordada “Casa Hardcore” de Barranco. Estando en el colegio, el escritor fue un activo miembro de este espacio alternativo, donde organizaba conciertos de manera seguida. Los de “El Hueco”, que se asumían como los verdaderos adalides del “rock subterráneo” no podían verse con los de Barranco a los que “acusaban” de acomodados, sin derecho a protestar y los llamaban despectivamente “pitupunks”. Carlos explica que en realidad los pitucos eran unos pocos, interesados en la música y no en un discurso social, y que por culpa de ellos, los de la “Casa Hardcore” fueron estigmatizados por el resto de subtes.

“Los 80 en Lima, en un ambiente hostil, fueron el terreno más apropiado para adquirir esa cólera positiva que es el punk. Creo que fue en ese contexto, fue algo muy natural”, recuerda sobre su identificación con el rock subte.

Carlos se confiesa un lector precoz y deseó ser escritor desde niño. Sus gustos literarios son, como él dice, más “pop”, es decir literatura fantástica, policial y ciencia ficción. Sin embargo, en un momento de su juventud, alejado de la movida hardcore y ya abocado a sus estudios, sintió “la necesidad de expresar lo más urgente” y escribir sobre esos “años salvajes”. Una primera idea le sirvió para un cuento que ganó los juegos florales de la Universidad de Lima y luego vino un periodo de estancamiento creativo.

“Pasaron una serie de acontecimientos privados y me fui a Punta Sal con la idea de poder escribir algo. Estaba preocupado y me vino una revelación. Escribí más de cien páginas en cinco días. Luego regresé a Lima y comenzó el largo proceso que me tomó cuatro años más para pulir la novela”, apunta. Concebida por el autor como una “novela generacional” dividida en cuatro partes, salió publicada el 2001 por la prestigiosa Alfaguara.

Su carrera literaria continuó, pero sus planes de escritor a lo J. G. Ballard siguen esperando. Luego de “Nuestros años salvajes” publicó “Poesía en rock”, junto a José Carlos Yrygoyen. Luego salió su libro más aplaudido y revelador, “Demoler”, una novela histórica sobre la edad del oro del rock peruano, escrita a base de los testimonios de los propios músicos. Una “ficción colectiva” que fue una verdadera sorpresa para los aficionados al rock local y que les permitió conocer la historia oculta detrás de Los Saicos, Los Belkings, Tarkus o El Polen.

Más de 20 años después del fin de la “Casa Hardcore”, Carlos Torres Rotondo está convencido que haber crecido en esa escena ha marcado su estilo de escribir.

“El hardcore me dio una ética en cuanto a expresión y a las condiciones de mi expresión. He pasado por mayores experiencias pero hay una rabia original positiva que sigue siendo mi motor y he aprendido a canalizarla creativamente en la movida. La antigua pasión continúa. No sé en qué condiciones habría escrito de no haber estado en la movida pero escribo en estas condiciones y son las que me gustan y las que me parecen justas”, puntualiza.

Libros sobre historia “subte”
Documentando la movida
Mientras que estas tres novelas se inspiraron en el rock subterráneo, otros libros lo enfocaron desde un punto de vista más histórico.

El 2002 el filósofo y crítico musical Pedro Cornejo publicó “Alta Tensión: Los Cortocircuitos del Rock Peruano”, el primer intento de hacer una historia del género en Perú. La segunda parte del libro está dedicada al resurgir del rock tras el retorno a la democracia y separa por un lado a los grupos “comerciales” como Arena Hash, Dudo, Jas o Feiser y por otro a los “subterráneo” como Leusemia, Narcosis o Autopsia. Cornejo fue vocalista de los combativos Guerrilla Urbana en 1985 y es evidente su inclinación por destacar la honestidad, autenticidad, innovación y valentía de la movida subte.

Poco tiempo después Daniel F de Leusemia publicó su propia versión titulada “Los Sumergidos Pasos del Amor”. Mezcla de autobiografía, ensayo crítico o crónica, el libro cuenta los orígenes del rock subte desde su punto de vista.

Carlos Torres Rotondo prepara su propia historia con una gran cantidad de entrevistas a los partícipes de la movida. El proyecto está inspirado en “Por favor, mátame: La historia Oral del Punk”, libro de Legs Mac Neil que tiene la particularidad de estar hecho en base únicamente a testimonios de músicos recopilados por el autor, reconstruyendo así la historia del punk en Estados Unidos e Inglaterra.


Fernando Pinzás
Redacción

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