La muerte, esa ironía de la vida

Se fue cuando la literatura peruana estaba pasando por su mejor momento. Se fue tal vez a llevarle un pañuelo a César Vallejo, el poeta que no le gustaba, a quien lo notaba a veces un poco llorón, tal vez no tanto como para descalificarlo, sino como para desacralizar la reverencia al vate universal, al mejor de los poetas peruanos de la historia. Fue, quién sabe, una de las frases más elocuentes que lo acercaron más al crítico rabioso, cual Clemente Palma, y lo alejaron un poco de la imagen del literato laborioso que decía que los poetas nacen y no se hacen, y que dejó algunas líneas para recordar y que hacía de la existencia diaria un verso vívido, un poema.

Por Diario La Primera | 07 oct 2012 |    
La muerte, esa ironía de la vida
El poeta limeño Antonio Cisneros Campoy (1942-2012) falleció ayer a los 69 años, dejando una obra muy a la altura de la generación del 60 y la literatura peruana.

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El caricaturista Juan Acevedo recordó en su muro de facebook que “Estuve anteanoche (jueves) con él. Sonrió y me comentó: ‘Muy rápido...’. Pensé que se estaba refiriendo al proceso final que estaba viviendo y acaso también a la vida misma. Se quedó sonriendo y con las cejas levantadas. Esta mañana, luego de que la Negra me diera la noticia, hice este apunte de cómo lo dejé”.

Se fue a los 69 años de edad, ayer, en la madrugada, luego de librar una batalla con un cáncer que lo llevó a ese reino de las sombras tan temido. Como diría él: “Allá voy. Igual que un chancho viejo camino al matadero”.

Corcuera y Pérez Grande
Sus amigos y colegas, Arturo Corcuera e Hildebrando Pérez Grande, con quienes comparte el honor de haber recibido el Premio Casa de las Américas, de Cuba, lo evocan. Corcuera recuerda que viajaron muchas veces juntos y dieron recitales en diferentes países. Uno de ellos fue un discurso a la paz escrito al alimón, en Sofía (Bulgaria), tras lo cual “grabaron nuestros nombres en una campana de un parque de Sofía. Leímos un texto a la paz, escrito por los dos, y lo recitamos los dos juntos, alternando. Fue en los 70”.

“Él, realmente”, dice Corcuera, “es uno de los grandes poetas contemporáneos de América Latina. A Antonio lo conocen en todas partes. Para la poesía peruana es una pérdida enorme, y para la generación del 60 más todavía, porque ya quedamos muy pocos. A mí me causó mucha tristeza realmente la noticia. Ha sido parte de mi vida y una muerte tan repentina. No lo esperábamos. Yo lo he visto muy bien”.

Pérez Grande, por su parte, recuerda que Cisneros fue el primer poeta peruano que obtuvo el prestigioso premio de poesía Casa de las Américas, en 1968, con su libro “Canto ceremonial contra un oso hormiguero”. “Acaba de morir dejando una obra poética paradigmática hoy en día en la poesía hispanoamericana”, dice Pérez Grande: “La escritura de Toño siempre fue una fiesta de la palabra inteligente, llena de un humor corrosivo y con un fuerte sentido crítico contra las imposturas de la vida social predominante. A mediados de julio del presente año estuvo en La Habana, recorriendo, alegre, La Habana Vieja, paseando por El Malecón. Hoy estamos más desolados que nunca, más despoblados que nunca, con el consuelo de tenerlo para siempre vivo, radiante, con sus inolvidables poemas”.

Oso hormiguero vs. César Vallejo
Una de las claves para entender su poesía es una declaración que hizo al crítico Miguel Ángel Zapata, quien le preguntó por qué no le gustaba César Vallejo. Cisneros le respondió: “Eso no lo sé, voy a escribirlo ahora. Voy a pensarlo porque en realidad no me gusta mucho. No me gusta. No quiero hacer tampoco un derroche de iconoclasia, simplemente nunca me he sentido en su tono, ni en su sensibilidad, por momentos me parece muy melodramático, por momentos muy demagógico, por momentos me parece muy llorón. Hay logros del lenguaje, pero que no sé, no me complacen. Al fin y al cabo, un poeta es un lector caníbal, tú no lees solamente por finalidades académicas, o por el placer estricto, sino normalmente para ver qué comes y qué desechas. Nunca me ha gustado mucho Vallejo. Inclusive desde fines de mis años escolares, comienzos de mis años universitarios. A mí me gustaba Eguren, por ejemplo, como me sigue gustando y no Vallejo.

No por casualidad hice mi tesis de bachillerato sobre José María Eguren”.

La cotidianidad de la vida era, para Cisneros, la oportunidad para reírse de sí mismo. Para muestra, un botón. El cuarto de los “Cuatro boleros maroqueros”, escritos a una “hembrita” que lo abandonó “como a un perro, como a una rata, como a un peruano”, dice: “No me aumentaron el sueldo por tu ausencia / sin embargo / el frasco de Nescafé me dura el doble / el triple las navajas de afeitar”.

Premios del mundo
En 1964 celebra el Premio Nacional de Poesía por “Comentarios reales de Antonio Cisneros”. Fue el primer poeta peruano en ganar el entonces esperado Premio Casa de las Américas (Cuba, 1968), cuando estaba instituido ni el Rómulo Gallegos y el Príncipe de Asturias, otros dos grandes premios para la literatura hispana, y lo celebró gracias a “Canto ceremonial contra un oso hormiguero”.

En el año 2000, la Organización de Estados Americanos (OEA) le otorga el Premio Interamericano de Cultura Gabriela Mistral. Y en 2004 se lleva el Premio Iberoamericano de Letras “José Donoso” de la Universidad de Talca (Chile) y es nombrado Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por el Gobierno francés.

América del Sur y en Europa reconocían el mismo año al autor. En 2010, el Premio Iberoamericano de Poesía “Pablo Neruda” confirmó la valía de su poesía; era el máximo galardón que otorga el gobierno chileno a un poeta de la región.

Ese mismo año, la Cancillería peruana lo condecoró con la Orden al Mérito por Servicios Distinguidos en el Grado de Gran Cruz. El poeta fue, durante estos últimos años, director del Centro Cultural Inca Garcilaso de la Vega del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, muy acorde con sus desacralizadores e irónicos “Comentarios reales de Antonio Cisneros”.

No por gusto decía que la gente nace con talento, “lo que ocurre es que el talento se puede ir perfeccionando o perdiendo” o, en referencia a la mujer, “nunca he sido tan canalla de enamorarlas con poesía”.

Entre sus poemarios se encuentran “Agua que no has de beber” (1971), “Como higuera en una campo de golf” (1972), “Las inmensas preguntas celestes” (1992); y entre sus obras en prosa, “El arte de envolver pescado” (1990) y “Cuentos idiotas (para chicos con buenas notas)” (2002), entre otros.

CORAZÓN CELESTE
Fue amante del fútbol y un hincha del Sporting Cristal a muerte, y con referencia a la poesía y el deporte, alguna vez dijo que tenía su vida “muy esquizofrénicamente medida. Una cosa es la poesía. Una cosa es la cocina. Una cosa es el fútbol. Otra el periodismo”. No por gusto, la primera vez que salió del Perú, a sus 17 años, fue a Medellín cuando formaba parte de la selección juvenil del Perú, cuando “le metimos 4-0 a los colombianos”, como dijera en una entrevista. El periodista Alberto Benza González recuerda, en el Portal Celeste (la web del club), una de las frases que tanto repetía: “Yo vine al mundo, es decir al gramado, con la celeste puesta”.


Marco Fernández
Redacción


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