La muerte de Chávez y sus repercusiones

No hay dudas respecto a que el vacío dejado por Hugo Chávez es enorme. Cabeza visible del ALBA y promotor del llamado Socialismo del Siglo XXI, el expresidente venezolano fue un actor continental y del escenario político internacional. Siguiendo los postulados de Maquiavelo, podemos decir que Chávez tuvo las dos virtudes básicas de un político: instinto y voluntad de poder.

| 17 marzo 2013 12:03 AM | Especial | 1.5k Lecturas
La muerte de Chávez y sus repercusiones

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Existen dos puntos posibles de fricción que tendrá que abordar Maduro: los sectores más radicales del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) y cierto sector del ejército que va a pedir su cuota de poder en el futuro régimen. Dentro del PSUV existen grupos, muy pequeños, pero muy radicales que han advertido que solo reconocen el liderazgo de Chávez. Entre ellos están el Movimiento Tupamaro y el Partido Comunista. Si bien su fuerza política es reducida, las disidencias que pudieran surgir van a ser aprovechadas por la oposición.

Sin instinto no se puede aprovechar la oportunidad, el regalo que la fortuna proporciona en dosis variables, pero que solo unos pocos saben utilizar cuando se recibe. Sin voluntad de poder no se puede dar un golpe militar, sobrevivir a otro, ganar cuatro elecciones, un referéndum revocatorio y otro de reforma constitucional, para terminar políticamente invencible en la cama, abatido solo por la enfermedad y no por el enemigo.
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Sin instinto no se puede aprovechar la oportunidad, el regalo que la fortuna proporciona en dosis variables, pero que solo unos pocos saben utilizar cuando se recibe. Sin voluntad de poder no se puede dar un golpe militar, sobrevivir a otro, ganar cuatro elecciones, un referéndum revocatorio y otro de reforma constitucional, para terminar políticamente invencible en la cama, abatido solo por la enfermedad y no por el enemigo.

La historia nos muestra que el liderazgo mesiánico no se hereda, pero nunca se olvida. Tras el luto que embarga a la sociedad venezolana, ahora se abren diversas interrogantes sobre el futuro político del país. ¿Qué va a pasar ahora?

El canciller Elías Jaua dio una primera respuesta. Nicolás Maduro asumirá la presidencia. Si bien es una confirmación del deseo de Chávez en su testamento político, la oposición venezolana cuestiona la constitucionalidad de este acto.

Justo antes de iniciarse los funerales de Estado, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela emitió una sentencia a la medida de los deseos del oficialismo, para que el vicepresidente Nicolás Maduro reemplace de inmediato al mandatario desaparecido y ejerza de candidato presidencial al mismo tiempo.

Según la Sala Constitucional del TSJ, ante la falta del presidente, “el Vicepresidente Ejecutivo deviene Presidente Encargado y cesa en el ejercicio de su cargo anterior” y “ejerce todas las atribuciones constitucionales y legales como Jefe del Estado, Jefe de Gobierno y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana”.

Para su fallo, el tribunal se basó en su propia decisión del pasado 9 de enero, que permitía esperar a que Chávez, como presidente reelecto en los comicios del 7 de octubre de 2012, se recuperara para jurar su nuevo mandato del periodo 2013-2019. La sentencia además ratificaba en sus cargos a las autoridades en funciones del Ejecutivo en ese momento, bajo la tesis de la “continuidad administrativa”.

El líder de la oposición, Henrique Capriles, calificó esta decisión como “espuria” y “fraudulenta”. Además, dirigiéndose a los jueces del Tribunal Supremo, dijo: “Ustedes no son el pueblo, ustedes no deciden quién es el presidente. Es increíble que ustedes nombren a un presidente y comandante en jefe”.

Esta reacción puede justificarse en el hecho de que la Constitución venezolana en su artículo 233, dispone que en caso de falta absoluta del presidente, el vicepresidente completará el período, solo si ocurriera en los dos últimos años del mandato presidencial.

Si la falta absoluta ocurriera antes de la toma de posesión del presidente electo, el presidente de la Asamblea Nacional (Diosdado Cabello) debería encargarse de la primera magistratura y convocar elecciones universales en un plazo de 30 días.

Chávez, reelecto el pasado 7 de octubre, no alcanzó a jurar su nuevo período el 10 de enero pasado. Por lo tanto, correspondería que el presidente del Parlamento asuma el cargo transitoriamente y convoque a elecciones.

Fuera de una discusión jurídica, la maniobra tiene un claro propósito político. Colocar a Maduro en la presidencia ayuda a consolidar su liderazgo, aún en discusión entre las facciones y grupos de base del oficialismo, y además le permite disponer de los recursos del Estado en la prevista campaña electoral.

La historia electoral reciente de Venezuela, muestra que el chavismo no conoce otra forma de postulación que no sea la de presidente candidato, salvo en las elecciones de 1998, las primeras que ganó Chávez. Toda la estructura del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) está acostumbrada a trabajar con un candidato que es al mismo tiempo presidente.

Existen dos puntos posibles de fricción que tendrá que abordar Maduro: los sectores más radicales del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) y cierto sector del ejército que va a pedir su cuota de poder en el futuro régimen. Dentro del PSUV existen grupos, muy pequeños, pero muy radicales que han advertido que solo reconocen el liderazgo de Chávez. Entre ellos están el Movimiento Tupamaro y el Partido Comunista. Si bien su fuerza política es reducida, las disidencias que pudieran surgir van a ser aprovechadas por la oposición.

La otra tarea pendiente, para el presidente-candidato, va a ser conseguir la lealtad de las Fuerzas Armadas. En cualquier escenario, el respaldo militar parece imprescindible. No tanto por su poder de fuego, sino por el control logístico y administrativo que mantienen sobre funciones vitales del Estado. En el actual gabinete, los militares ocupan tres carteras.

Además, los militares han tenido un rol fundamental en la estructura estatal de asistencia social, principalmente en las llamadas Misiones. De esta forma, empleando un término de Michael Foucault, las Fuerzas Armadas constituyen en Venezuela un cuerpo biopolítico.

En el corto plazo, parece previsible que los militares, siguiendo el pedido expreso de Chávez en su última declaración pública, den su apoyo a Maduro. A largo plazo, Diosdado Cabello (exteniente) puede aprovechar el hecho de que la mayoría de los oficiales del Ejército forman parte de su misma promoción, la de 1987.

Henrique Capriles ya aceptó postular en las elecciones presidenciales a celebrarse el 14 de abril próximo. La empresa no va ser nada fácil para el líder de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). La oleada emocional que está produciendo la muerte de Chávez y el endoso que este hizo, como su último deseo, a la candidatura de Maduro, auguran un triunfo para el actual vicepresidente, respaldado por los recursos del aparato estatal y el poder mediático del gobierno.

Así, Capriles y su equipo no solo deben aceptar el desafío de enfrentar a un mártir recién consagrado. Además, deben persuadir a sus partidarios de que todavía vale la pena acudir a las urnas, a pesar de que participen en un juego cuyo resultado parece cantado de antemano.

De no lograr esa convicción por su base electoral, Capriles podría obtener una votación magra que podrían comprometer sus aspiraciones políticas y tal vez cualquier opción opositora en un futuro.

Óscar Maúrtua de Romaña
Colaborador
Ex Canciller y Director de la Escuela de Relaciones Internacionales y Gobierno de la utp.


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