La muerte, cada día

Las impresionantes experiencias de 20 años en analizar restos humanos, mayormente víctimas de violaciones de derechos humanos, acaba de volcar el antropólogo forense José Pablo Baraybar en el libro cuyo título resume ese largo trajinar “La muerte a diario”, que acaba de presentar en la Feria del Libro.

| 22 julio 2012 12:07 AM | Especial | 2.4k Lecturas
La muerte, cada día
LIBRO DE JOSÉ PABLO BARAYBAR
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“Son relatos de mi vida desde la infancia, pasando por mi decisión de convertirme después de estudiar arqueología en la Universidad de San Marcos, en antropólogo forense. Es una compilación que se basa en la realidad mayormente dura, dolorosa y a veces satisfactoria en que me desenvuelvo. Por eso he aclarado que cualquier parecido con la ficción es pura realidad”, dice sobre la obra.

En el volumen de casi 250 páginas, que publicó a insistencia y con la ayuda de su esposa Rebeca, presenta casos no solo del Perú sino también de Ruanda, Bosnia, Kosovo, Filipinas, El Salvador, Guatemala, Argentina, España, Haití, lugares a los que fue enviado como consultor de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Cuestionado por el fujimorismo por su papel de forense en el caso del emerretista Tito, ante la sospecha de que fue ultimado con un tiro en la cabeza y no en combate, su planteamiento de que, por haber recibido Tito un solo disparo el caso amerita una investigación judicial, fue refrendado por el padre de la antropología forense mundial, el norteamericano Clyde Snow, quien meses atrás visito nuestro país.

Baraybar asegura no ver color político en los restos que analiza y dice haberse involucrado en temas de derechos humanos desde la matanza de nueve estudiantes y un profesor de la Universidad La Cantuta, hace 20 años. “Fui convocado por la congresista Gloria Helfer y trabajé como asesor en la comisión que presidía Roger Cáceres Velásquez”, recuerda.

Después de participar en la investigación de los restos hallados en la carretera Ramiro Prialé, el profesional recibió, a través de diversos personajes, una serie de amenazas como “cuidado, que te van a matar”, que lo obligaron a salir del país, lo cual le sirvió para seguir un doctorado en antropología física en Estados Unidos y una maestría en una Universidad de Inglaterra. “Sin querer victimizarme por mi labor, siempre he estado y estoy expuesto a peligro”, dice.

Convertido en un muy calificado especialista en materia forense, Baraybar regresó llamado por la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) en la que participó durante algún tiempo. También formó parte del grupo técnico de la Coordinadora de Derechos Humanos.



HAITI Y RUANDA
De las experiencias más dramáticas que vivió menciona la de Ruanda (Africa), donde hubo “un terrible genocidio, se produjeron 750 mil muertes en apenas tres meses en una ciudad del tamaño de Lima, aparentemente era una guerra entre las tribus de los Hutus y los Tutsis, pero, como en muchos otros casos, atrás había otros intereses”.

Sobre Haití refiere que fue una situación complicada por las matanzas perpetradas por militares entre el 93 y el 95. “Ahí me di cuenta que Haití y República Dominicana eran una sola isla pero con diferencias abismales, para un lado pobreza extrema y al otro lado cierta bonanza, solo cruzas una pista y ves otro mundo”.

Entre los trabajos efectuados en otras latitudes siempre se daba tiempo para regresar al Perú y fundar con un grupo de colegas el Equipo Peruano de Antropología Forense (Epaf) reconocido internacionalmente por su seriedad y certeza al analizar restos humanos. “Nuestro interés era conocer el pasado reciente a diferencia de la arqueología y antropología física que se dedican al estudio de huesos del pasado”.

Casos como La Cantuta, Chuchis y Putis, este último en el 2008, donde se encontró una fosa con restos de campesinos ayacuchanos, mujeres, ancianos y muchos niños, marcaron a Baraybar. “Aunque parezca paradójico es un oficio que me permite defender la vida y construir memoria. En todas partes del mundo escucho lo mismo de familiares de víctimas “necesito saber dónde está el cuerpo de mi ser querido, enterrarlo” Si alguien desaparece queda un vacío, es pernicioso. Olvida quien no tiene nada que recordar”, afirma con convicción.

Por su labor en desentrañar casos de derechos humanos los teléfonos de su institución fueron en varias oportunidades chuponeados y sus correos electrónicos hackeados. “Lamentablemente muchos se llenan la boca refiriéndose a la democracia pero difaman impunemente diciendo barbaridades y mentiras y no pasa nada por la corrupción del Poder Judicial”, agrega sin entrar en detalles.

Baraybar recuerda que hace poco tiempo, una mala práctica médica lo dejó ciego durante casi un año y para recuperar algo de la visión tuvo que ser intervenido siete veces. También que fue estafado con la compra de un departamento por parte de Enrique Villasana Yabar, “familiar cercano del expresidente García y que se dedica a delinquir, tiene setenta denuncias penales y cinco órdenes de captura y no pasa nada.

Claro que hay casos peores, entonces me pregunto ¿donde está la justicia?. El Estado puede pagar peritajes caros para desvirtuar y mentir sobre el peritaje a Tito pero no para capturar delincuentes”, comenta.

El antropólogo trabaja actualmente en el caso del joven Oyarce, el hincha aliancista muerto al ser lanzado de una tribuna del estadio Monumental presuntamente por un barrista violento de Universitario y en la segunda edición del libro científico “Traumatismos óseos. Lesiones ocasionadas por violaciones a derechos humanos y conflictos armados”.


Denis Merino
Redacción

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