La Mina de Oro

“Lo sospeché desde un principio”,-como hubiera podido decir “El Chapulín Colorado”.

| 20 noviembre 2011 12:11 AM | Especial | 1.6k Lecturas
La Mina de Oro
OJO HUMANO

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Y si Ollanta es, de verdad, “El Guerrero que Todo Lo Ve”, tendrá que aguaitar las dos caras del problema, poniendo en marcha la explotación minera, dando trabajo a los “sholos” dueños del sitio y- desde luego- cuidando el tratamiento de aguas y el saneamiento ambiental a corto, mediano y sobre todo, al largo plazo.

De pasache y contado con la tolerancia culpable -y empalmadora- de los gobiernos de turno, tales american companyes, declaraban enviar a sus países de origen, “cobre, plomo, azogue y metaloides”, para en verdad, llevarse oro finísimo.
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-Resulta que el famoso Satélite de Exploración de Recursos Terrestres”, que manejan los gringos -tan inteligentes, ellos- no sólo “descubre”, sino reafirma ahorita mismo, algo que intuyeron los viejos conquistadores capitaneados por Don Pancho. Es decir, que “toda la extensa cordillera de Los Andes, engloba una serie de bolsones minerales de valor diverso y proyecciones de reserva a largo plazo”.

-Y en esto se apoya, mi sapolín yerno “Andy Monkey”, para afanarse buscando “su veta”, o “su yacimiento”, es decir “su mina”, que el mismo satelital informe, valoriza “por cuadrículas” en millones de onzas de oro y otros miles de cobre, para, -por lo menos- los próximos cincuenta años.

Esto viene a corroborar, lo que Humboldt –y no Raimondi, como afirma la gente escasa de carpeta y floja de lengua-, en el sentido de que nuestro amado country es un pedigüeño lamentable, que asienta las posaderas sobre un súper bank del glorioso metal dorado, nada menos.

¿Y entonces pues, por qué somos más pobres que la mujer de “Martillo Loco”, menesterosa dama de mi viejo barrio que se malganaba la vida afilando serruchos, mi estimado?

La respuesta está en algo que mi querido hijo putativo Hernán Garrido-Lecca, hoy sumido en el perfil bajo, suele llamar “la asimetría informativa”. O sea, la vieja creencia que señala al Perú como “país agrario”, siendo así que estas tierras fueron mineras, desde antes que Manco Cápac saliera del Titicaca, cantando chichacumbia.

INCAS, ESPAÑOLES
Si pues. Conforme acreditan los huaqueos -los doctorales y los de toda la vida-, las civilizaciones preincas, conocían y muy bien, la actividad minera, si bien por falta de la adecuada tecnología, practicaban este oficio de una pobre manera artesanal, entre otras cosas, porque el mercado se limitaba a los curacas más poderosos y sus correspondientes “panacas”, que es como se decía “banda”,collera” ,”patota”, “batería” o “partido”, antes de la corrupción lingüística impuesta por el tiempo y los negocios de 18 kilates.

Los españoles, vinieron a estos predios, “en pos de oro” y naturalmente, pusieron al “choletaje”, a escarbar las montañas en busca de eso mismo, en tanto y de pasadita, ajustaban la entrepierna a los curacas, con el fin de averiguar donde había “achote” u “orégano”-en lengua de esquina-, cosa que no siempre lograban porque nuestros originales paisas, eran y siguen siendo, más tercos que mula asturiana, que le gana por rebuzno a la de Cayma que es cabeza dura nomás.

Andando el tiempo, la expansión imperialista de las transnacionales que el judío Kissinger, proclamaba como “vanguardia del progreso”, se aparecieron por acá e hicieron la América por largas décadas, convirtiendo en escombros ciudades como La Oroya y Cerro de Pasco, además de envenenar sus ríos y su aire, según parece, para siempre.

De pasache y contado con la tolerancia culpable-y empalmadora - de los gobiernos de turno, tales américan companyes, declaraban enviar a sus países de origen, “cobre, plomo, azogue y metaloides”, para en verdad, llevarse oro finísimo y ciertos elementos como el “wolframio”, que ustedes no sabrán de lo que se trata, pero a mí me metieron en cana por averiguarlo y resultó siendo un elemento esencial, para calibrar el lanzamiento de los misiles intercontinentales, algo que hoy se reemplaza con el “Coltán”, misterioso barro que es más baratieri y abunda como cancha en la desventurada África de los crolos, aunque este dicho suene a cuentazo de ciencia ficción, como otras tantas verdades que un día te contaré, compadrito.

MILLONES
Bueno pues. ¿Y qué pasa ahora con el oro, el cobre y otras zarandajas que podrían generar millones de dólares para “la inclusión” que predica Ollanta, aunque en verdad, quizás no sepa de lo que se trata?

Sucede que el oro, -“maldito poder, que ablanda corazones”, como cantaba un viejo valsario -, está siendo detectado no sólo en los ríos de Madre de Dios o Puerto Maldonado, donde como bien sabe el otorongo “Comeoro”, se explota desde hace siglos mediante mano de obra esclavizada, principalmente infantil. No.

Ahora, su presencia es evidente en el subsuelo y cerros circundantes de numerosos poblados ancestralmente dedicados al sembrío que les permite malcomer y hacer la siesta arrullados por su rica chichita, nada más y como siempre.

Y como dicen que “el hombre feliz, no tenía camisa”- hay quien vende a los lugareños, la idea, hasta cierto punto verdadera, de que la explotación minera, les va a envenenar la vida, destruyendo su dicha que no me atrevo a calificar de “bucólica”, desde que “El Gordo” Villarán me explicó a gritos que “en el Perú, nadie sabe lo que es bucólico”. Y quizá esto sea por lo menos, parcialmente cierto, mi estimado.

El asunto es, que hoy, existe un tratamiento científico-social, para la adecuación del medio ambiente, de manera compatible con la explotación minera. Y esto, contempla también el manejo de cada proyecto de este tipo, con su derivación “a largo plazo”.

Esto es, para que cincuenta años después de extraída la última pepita del codiciado metal, y muerto de saturnosis su postrer habitante, no quede en cada pueblo que haya sufrido “la fiebre del oro”, algo más que unas cuantas casuchas fantasmas y diez o veinte salamandras, bichos que suelen aparecer y sobrevivir en toda mina clausurada.

Y si Ollanta es, de verdad, “El Guerrero que Todo Lo Ve”, tendrá que aguaitar las dos caras del problema, poniendo en marcha la explotación minera, dando trabajo a los “sholos” dueños del sitio y- desde luego- cuidando el tratamiento de aguas y el saneamiento ambiental a corto, mediano y sobre todo, al largo plazo.

Porque ¿saben una cosa? Jamás, nada ni nadie, ha logrado detener a los atacados por “la fiebre del oro” y en el Perú, estamos al borde del estallido de una gigantesca epidemia al respecto.

Le paso el dato a Doña Nadine, que parece ser quien toma las más calientes decisiones, ahora que Don Isaac está en la banca de los suplentes.

Yo sé porqué lo digo. Más sabe El Diablo, carretitas.

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