La literatura oral de MAO

El cantautor Manuel Acosta Ojeda ha convertido sus recuerdos de amigos y copas en anécdotas literario-musicales en un monólogo a modo de confesiones que brindó el sábado último en la Derrama Magisterial denominado “Solo sé que tengo sed”. En esta entrevista habla sobre algunas anécdotas; el Centro Social Musical Felipe Pinglo Alva, cuya junta directiva preside; la industria musical y, sobre todo, las instituciones que deberían velar por la cultura.

| 20 setiembre 2011 12:09 AM | Especial | 3.6k Lecturas
La literatura oral de MAO

Más datos

“La gente confunde bohemia con borrachera. En las reuniones entre amigos había gente que tomaba solo un chilcano durante toda la noche. Uno de los lugares de reunión era el Palermo. Ahí paraba gente importante. Algunas de esas personas por sus ideas no son famosas, como Oswaldo Reynoso, gran escritor arequipeño, tan bueno como Vargas Llosa, o mejor de repente, pero no es tan famoso porque es socialista. El sistema escoge lo que le conviene, le conviene el que baja la cabeza, el que dice “Sí, señor”, pero aquel que protesta es terrorista”.
3629

La música y la literatura se unen en la figura de Manuel Acosta Ojeda. No solo por la calidad de los versos-canciones que ha escrito para beneplácito de los amantes de la música y las letras peruanas, sino también porque ha tenido ese contacto estrecho con cantautores y escritores reconocidos y porque sus anécdotas son otra forma de la literatura: literatura oral.

Inédito libro de anécdotas
Un día, en París, en casa del escritor Alfredo Bryce Echenique, Manuel Acosta Ojeda se encontraba hablando acerca del poeta Juan Gonzalo Rose, gran amigo suyo, y quien, asegura, “caía rápido” en las noches de alcohol y bohemia (por separado, para evitar confusiones). Un día, mientras el autor de “Tu voz” dormía una resaca, los amigos llevaron dos hermanos mellizos a su cama y lo despertaron. La cara de estupor del vate causó risa entre los asistentes y uno de los gemelos le confesó que no se preocupara, que eran gemelos, a lo que el inteligentísimo Juan Gonzalo Rose replicara: “¿Los cuatro?”.

Esta y otras anécdotas sobre personajes de la cultura peruana eran escuchadas por “un señor alto, de barba”, como lo recuerda Acosta Ojeda, “y que parecía muy importante, porque Manuel Scorza y varios escritores lo rodeaban, le hacían muchas atenciones. Yo le contaba a Julio Ramón Ribeyro mis aventuras por diversos países. Una de ellas era en Alemania, en un restaurante de autoservicio, donde hice cola para pagar a la salida y la cajera, alemana, le decía a la gente “auf wiedersehen” y yo escuché “Olvídense” y salí sin pagar y me metieron preso luego porque “auf wiedersehen” suena como “olvídense”, pero significa “hasta la vista”. Y Julio Ramón, que era poco de reírse, se reía; y el señor que estaba de costado paró la oreja y se rio. Entonces, a la salida de la casa de Alfredo Bryce, me dijo: ‘Oye, por qué no escribes esas cosas que has contado. Yo te las publico’. Y yo, acostumbrado a las bromas, le digo: ‘¿Tiene usted un mimeógrafo?’. Y sin saber quién era, cojo su tarjeta y ahí me entero que era Carlos Barral, el editor de Seix Barral y que ha hecho conocidos a muchos escritores, entre ellos Mario Vargas Llosa”.

Antimemorias
El popular MAO (su nombre en siglas) cuenta que Bryce contó esa anécdota con Barral a su manera en sus “Antimemorias”. “Lo cuenta medio chamuscado”, dice MAO, “pero también dice Bryce que Barral le contó a él y a Vargas Llosa que la verdad del Perú la tenía yo”.

Sin embargo, Acosta Ojeda nunca llegó a enviarle ningún texto a Barral, a quien esas anécdotas lo animaron a publicar un libro. Cuando el mundialmente famoso editor se topaba con un peruano o llegaba al Perú le enviaba mensajes a través de terceros para que le diera esos textos.

—Me dio pena porque siempre que llegaba Carlos Barral por aquí, algún peruano me lo recordaba —recuerda con cierta melancolía el autor de “Cariño” —. Tal vez con ese libro hubiera sido famoso. Pero los famosos se tornan vanidosos, y a mí no me gusta la vanidad. La fama a veces corrompe.

—Pero usted es famoso.


Con César Lévano y Carlos Hayre.

—Bueno, yo no tengo la culpa —comienza a bromear Manuel Acosta Ojeda. Es conocido su buen sentido del humor. Una noche, su hija, Celeste Acosta, le preguntó qué podrían hacer en una próxima actividad y éste le contestó con frialdad: “¿Qué tal un ensayo de muerte?”. Es famoso por su sentido del humor que penetra hasta los ámbitos vedados para la risa—. La “fama” ha sido un poco la suerte de haber “salido al disco” en la época de oro de la canción criolla, el año 1956, cuando había tanta demanda de música criolla. Las orquestas tropicales, varios artistas, como Lucho Macedo, se veían obligados a tocar un vals o una marinera, porque la gente pedía eso. Si yo hubiera aparecido ahora o en los noventa, no pasaba nada, porque ya no hay demanda. Tuve la suerte de aparecer en ese instante en que surgió Chabuca Granda con “La flor de la canela”, con Los Chamas, Mario Cavagnaro, Augusto “Polo” Campos…

Sí, nombró a Augusto “Polo” Campos. También lo mencionó la noche del sábado, en la Derrama Magisterial, en un espectáculo a modo de monólogo confesional denominado “Solo sé que tengo sed”, intercalando recuerdos y canciones en la voz de algunos invitados y la guitarra de Renzo Gil y el cajón y canto de Henry Guevara, del trío Los Cholos. Tenía que llamarse “monólogo” a ese espectáculo, porque a MAO le dicen, de cariño, “Mono”. La nocturna concurrencia pudo escucharle algunas bromas imperdonables en otra voz: “Con el congresista Javier Diez Canseco, quien está presente esta noche, tenemos un dúo: el dúo ‘Mono-polio’”. Y sobre Augusto “Polo” Campos contó que alguna vez le escuchó decir que le gustaba verle la cara a su amante en el momento justo del orgasmo, a lo que MAO añadió: “¿Y no te da tortícolis?”. El “Mono” le toma el pelo a sus amigos como lo haría un reducidor de cabezas.

El Heraldo Musical
Manuel Acosta Ojeda es “El Heraldo Musical” de la época de oro de la música peruana. Justamente ese nombre, tan preciso, es el que lleva su programa en Radio Nacional, que se emite los domingos a las 3 de la tarde. En él conversa con los invitados a su programa y alterna con música sobre la cual dicta cátedra gratuita. También se sincera y habla sobre la realidad de la música y la industria musical peruana, algo que ha hecho siempre.

—En aquellos tiempos (en el apogeo de la música criolla), las disqueras no me tenían mucho cariño porque yo denunciaba cómo se maltrataba al artista peruano. Al artista extranjero le pagaban casi ocho veces más que al peruano. Y yo fui así de antipático ante la disquera, la radio, la televisión, incluso ante los periódicos, porque los periódicos viven de la propaganda de esa época; entonces me hicieron un silencio tremendo y fue para mí una suerte, porque ese boicot hizo que se interesaran en mí algunos amigos. Me llamaron de las universidades a dar conferencias. Yo siempre tuve una simpatía socialista sin militar en ningún partido. Conocí otra gente, profesores, otros amigos. De repente, me hablaban de hacer la canción de denuncia, la canción de reclamo, la canción de protesta. He estado en distintas partes del Perú. He ido a varios países y dado charlas sobre música peruana en Europa, y conocí muchas canciones de reclamos; comprometidas, como la llaman. Cantantes como Víctor Jara, Mercedes Sosa, entre otros. Me llamaban amigos para escribir en diarios como “La República”, cuando estaba Augusto Thorndike; Gustavo Mohme era millonario, pero sensible con la gente pobre, sobre todo con los artistas populares. Ahí cobijaban a Alejandro Romualdo, Juan Gonzalo Rose, les daban trabajo; a mí también. Yo escribía muy fuerte, sobre temas fuertes. Mi hija Celeste (productora y mánager) me ha preguntado si a mí no me llevaron a la cárcel por eso. Yo le he dicho que nunca. Fui a la prefectura alguna vez, pero tuve muy buenos abogados.



La bohemia, rasgo cultural
Algo que llama la atención sobre Manuel Acosta Ojeda es su cercanía a las letras, a los escritores tanto como a los músicos. Uno de aquellos, Julio Ramón Ribeyro, a quien conoció a mediados de los años 40. JRR vivía en Miraflores. MAO, en Surquillo.

—Para los miraflorinos, ir a Surquillo era como ir a un safari; un poco peligroso. Él iba con unos amigos literatos, a lugares como El Botellón, y yo algo sabía de literatura, pero no tanto como ellos. Escuchaba nombres de personajes que después conocí (en libros): Tagore, Baudelaire, Rimbaud… Yo no sabía quiénes eran, pero me fui culturizando un poco. Por el 66, 68 conozco a Juan Gonzalo Rose, y antes de presentarnos, antes de darnos la mano, me dice: “Y qué importa mañana la condena…”. Es el final de un vals mío, y es una canción que ha causado muchas embriagueces. La gente iba a las reuniones y, cuando querían irse, les decían siempre: “Qué importa mañana la condena si estuvo un rato el corazón contento”. He sido muy amigo de Alejandro Romualdo, Paco Bendezú, Martín Adán, Mario Florián… No he tenido estudios superiores, pero he tenido muy buena suerte.

MAO es presidente de la junta directiva del Centro Social Musical Felipe Pinglo, que a partir de este primero de octubre abrirá sus puertas todos los sábados. En ese espacio en el tercer piso del Pasaje Olaya 110, en los alrededores de la Plaza de Armas de Lima, se ha organizado almuerzo en beneficio de algún músico de renombre.

—Hicimos los almuerzos por comodidad, porque son al mediodía y al final de la tarde podemos retirarnos a casa —dice MAO—. Conozco esos homenajes donde van 150 personas y gastan 100 soles cada una y el dueño se gana el dinero y solo le da un diploma y el pasaje al artista que homenajea. En el Centro Social Musical Felipe Pinglo no se gana ninguna medalla o diploma; todo el ingreso por entrada ha sido entregado íntegramente a la persona homenajeada, como lo fue con Roberto Tello y Lucas Borja. No porque les haga mucha falta, sino porque se lo merecen. El primer almuerzo fue para los niños trabajadores de la Plaza de Armas y alrededores: lustrazapatos, vendedores de revistas y periódicos, un evento con el que conocimos muchos amigos.

Promesas del Gobierno
Esa manera de vivir ayudando a los demás, empleando el tiempo y las fuerzas para hacer por el otro lo que otros hacen para sí mismos, es otra de sus cualidades. Está haciendo, en parte, lo que otras instituciones deberían.

—He visto gobiernos, he escuchado promesas, desde que nací: el año 1939. Ningún gobierno, ningún Congreso se ha preocupado por la música peruana, como si no fuera patrimonio. Y es que nadie defiende lo que no conoce. A los niños de esta generación les molesta el tondero, el baile, odian el huayno; y la música de la selva, peor. Ojalá que este gobierno cumpla con su nombre: nacionalista. No se va a poder contra la Tv o la radio, pero sí se puede hacer algo con la educación. El Ministerio puede poner en el colegio música buena, peruana o extranjera, porque la música no tiene fronteras. A algunos, de repente, ni les va a gustar, pero las neuronas codifican desde temprano, graban toda esa información. Aunque el niño no quiera, su cerebro se estará modificando. Esos códigos, cuando el niño vaya creciendo, se van a desarrollar. Así como se conoce Machu Picchu, el Señor de Sipán, que también se conozca los valores poéticos. Ya nadie se acuerda de quién fue Alejandro Romualdo, Juan Gonzalo Rose, El “Cholo” Nieto, Eleodoro Vargas Vicuña… Cuánta gente que ha escrito con el sueño de cambiar el Perú y el mundo. Es una obligación que se pronuncien los que tienen la palabra. El Conservatorio Nacional de Música está obligado a decir qué estamos escuchando, si música o ruido. La Escuela de Folklore debe decir si estamos escuchando huayno o un mal remedo de huayno. Y el Ministerio de Cultura también. Al hacer el programa de “Solo sé que tengo sed” he tratado de que la gente vea que los que hablamos de justicia, los que hablamos de revolución no somos amargados o resentidos sociales. César Vallejo fue risueño, José María Arguedas era palomilla y José Carlos Mariátegui también.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.

En este artículo: | | | | |


...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD

1.20515203476