La crisis alimentaria

Los cambios climáticos que ya se sienten en todo el mundo afectando la producción mundial de alimentos se han convertido en un verdadero dolor de cabeza para los gobernantes, sin embargo ningún compromiso serio, a pesar de las diversas cumbres, se ha tomado hasta la fecha. A ello se suma un nuevo y gran dilema: ¿Los campos agrícolas deben ser destinados para producir alimentos para el hombre o para producir biocombustibles para el hambre?

Por Diario La Primera | 06 setiembre 2012 |  2.4k 
La crisis alimentaria
El desabastecimiento de alimentos ya se siente en varias áreas del planeta.
CAMBIOS CLIMÁTICOS AMENAZAN AL MUNDO

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El cambio climático tiene efectos considerables en la economía. Si el mundo escapó de las predicciones de Malthus en 1798 cuando dijo que el crecimiento de la población superaría la producción de alimentos, ahora está ante la inminencia de producir mayor cantidad de alimentos para las personas o cultivos para biocombustibles y alimentos para animales.

Los precios suben también por la estrecha vinculación entre los mercados agroalimentarios, energéticos y financieros. Influye el mayor uso de alimentos para producir biocombustibles y el volumen de transacciones en los mercados a futuro. Nestlé, la mayor empresa alimentaria del mundo, advirtió que enfrentaremos una crisis peor que la del 2008 debido a la enorme cantidad de tierra dedicada a los biocombustibles.
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El sistema alimentario mundial está en crisis. Varios son los factores a tenerse en cuenta para enfrentarla: cambio climático, agotamiento de los recursos naturales, aumento de los precios del petróleo, ausencia de competencia en los mercados mundiales de productos básicos, especulación financiera y expansión acelerada de la producción de agro combustibles.

En julio el precio mundial de los alimentos tuvo la mayor subida desde 2009. Los precios internacionales de algunos commodities agrícolas como el maíz y la soya alcanzaron máximos históricos, los del maíz y del trigo, dos de los granos que con el arroz son la base de la alimentación, crecieron en casi 50 por ciento. Jim Young Kim, presidente del Banco Mundial, ha anunciado la mayor inestabilidad en los precios de los alimentos en lo que queda del presente año.

Según el Banco Mundial, el precio del pan y de los alimentos elaborados serán afectados tanto como el del forraje y de la carne. Alza que amenaza la estabilidad social y la seguridad alimentaria de los países más pobres, donde la gente gasta hasta dos tercios de sus ingresos en alimentos.

El fuerte incremento de precios es atribuido a la merma de las cosechas en Estados Unidos, afectadas por una excepcional sequía pero también a Isaac, el huracán. Ambos han provocado el alza de los precios mundiales de los granos siendo los más afectados el maíz y la soja y por supuesto el ganado que los consume o no tiene dónde pastar. Subirán además la carne y la leche y otros alimentos de consumo casero en un 4% para el próximo año.

El huracán Isaac estuvo en los titulares en tanto la sequía continuaba en dos tercios de la parte continental de Estados Unidos. El 28 de agosto la sequía cubrió el 62,9% de 48 estados. El clima cálido de las grandes llanuras del centro y norte ha provocado el mayor deterioro en los pastizales. Veinte estados, de California a Ohio, reportaron muy malas condiciones en por lo menos el 50% de sus tierras de pastoreo y pastizales. Es la sequía más drástica desde 1956 en EEEUU mientras en Europa soportan la mayor ola de calor desde el 2003.

Son los efectos del cambio climático, eventos que aumentan a causa de las emisiones de gases de efecto invernadero que según la ONU están en camino de impulsar temperaturas de hasta más de 2 grados centígrados por encima de los valores fijados como umbral peligroso para el planeta.

Paradoja del destino, pues las lluvias esperadas para revertir el estrés hídrico de los campos estadounidenses, con la llegada de Isaac, han provocado gran daño a una importante porción de cultivos listos para ser cosechados. La soja batió récords en la Bolsa de Chicago pues la sola mención de posibles nuevas pérdidas por anegamiento de campos o por demora en la cosecha fue suficiente para que los especuladores salieran a comprar contratos de soja (lo mismo ocurrió con el maíz y el trigo).

El cambio climático tiene efectos considerables en la economía. Si el mundo escapó de las predicciones de Malthus en 1798 cuando dijo que el crecimiento de la población superaría la producción de alimentos, ahora está ante la inminencia de producir mayor cantidad de alimentos para las personas o cultivos para biocombustibles y alimentos para animales.

La falta de lluvias en Australia y el este de Europa, el retraso de los monzones en India menguaron la producción de trigo y otros cultivos. En un mes, la producción de maíz estadounidense bajó en 75 millones de toneladas, y la del trigo ruso en 30 millones. Los problemas de producción de Rusia y las lluvias fuera de temporada en Brasil afectaron a la recolección de caña de azúcar. Como consecuencia, en julio el azúcar subió un 12%.

Suben los precios de los alimentos y también el precio internacional del petróleo, pues hay menos grano para producir combustible alternativo, los precios del etanol a base de maíz han subido 15,6 % en el 2012 lo que determina alzas de los fertilizantes elaborados de derivados del petróleo, lo cual añade presión a los agricultores del mundo. Las tensiones políticas en el Medio Oriente, sobre todo en Irán y China con su creciente demanda de petróleo para abastecer sus fábricas, generan más incertidumbre.

China, con su mercado de alimentos más grande del mundo, tiene repercusiones universales. Si importa maíz, como lo hizo con la soja, podría desatar otra transformación global de la agricultura. Cuando comenzó a importar soja para forraje animal a fines de los 90 más de 30 millones de hectáreas de tierras agrícolas, bosques, sabanas y praderas, en el Cono Sur de América Latina, fueron convertidas para abastecer las nuevas granjas fabriles de China con forraje barato. Y los bajos precios pagados a los agricultores y otras políticas que favorecían a las grandes agroindustrias sacaron de la producción a millones de familias. Las corporaciones y los grandes agricultores comerciales hicieron fortunas, pero las comunidades rurales, en China como en el Cono Sur, sufrieron las consecuencias.

La importación de la soja por China ha generado inmensas ganancias a transnacionales como Monsanto y John Deere, que abastecen a los agricultores brasileños con semillas, productos químicos y tractores. También han ganado los comerciantes de granos y los procesadores de alimento para animales como Cargill y Bunge, que controlan la industria procesadora de soja en China.

¿CRISIS COYUNTURAL O ESTRUCTURAL?
Para algunos la crisis alimentaria mundial es coyuntural y para otros estructural, potenciada por modelos que hacen depender la dieta humana de tres cereales: arroz, maíz y trigo. Dependencia que ha tornado la especialización en monopolio.

Los precios suben también por la estrecha vinculación entre los mercados agroalimentarios, energéticos y financieros. Influye el mayor uso de alimentos para producir biocombustibles y el volumen de transacciones en los mercados a futuro. Nestlé, la mayor empresa alimentaria del mundo, advirtió que enfrentaremos una crisis peor que la del 2008 debido a la enorme cantidad de tierra dedicada a los biocombustibles.

En el 2007 el dinero que se invertía en las «subprime» se diversificó y fue a parar, entre otros lugares, a Chicago, principal mercado mundial del cereal. La especulación como negocio seguro hace subir los precios de los alimentos por las nubes.

La preocupación se extiende. El francés François Hollande se preocupa por la volatilidad de los mercados de cereales y ha dispuesto movilizar todos los recursos para evitar una crisis. Por ello propuso una reunión de emergencia del Grupo de los 20 para analizar causas y efectos de la subida del precio de los granos.

La variabilidad de los precios internacionales de bienes agrícolas desestimulará las inversiones por aumento de riesgos financieros y de incertidumbre para productores y comerciantes lo que afectará sobre todo a la población más pobre. Así lo advirtió el jefe del Banco Mundial cuyas investigaciones demuestran que los alimentos están 24% más caros que el año pasado lo que obliga a los más pobres a invertir casi todos sus ingresos en alimentos lo que a su vez causa 44 millones de personas más en condición de extrema pobreza desde junio de 2010. Para la FAO la población mundial estará en nueve mil millones en 2050 y se necesitará 70% más producción alimentaria que la actual.

Sin embargo un informe del Consejo de Defensa de los Recursos Naturales (NRDC) da cuenta que los norteamericanos arrojan a la basura la mitad de la comida que adquieren, despilfarro que determina una pérdida de US$ 165.000 millones al año y representa una cuarta parte del agua consumida en EE.UU., que se utiliza para el cultivo y producción. La comida desperdiciada va a parar a los grandes vertederos donde se descompone y despide metano. “El gas metano es un poderoso agente del efecto invernadero y el desperdicio de comida genera casi una cuarta parte de todas las emisiones en el país que contribuye al daño del medio ambiente.” Esto es vergonzoso.


Walter Navarro Murgueytio
Colaborador

Referencia
Propia



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