La batalla contra los transgénicos

En la ciudad estadounidense de San Luis no hay nadie que no tenga un amigo, pariente o vecino trabajando para la Monsanto. Esta ciudad en las orillas del río Mississippi tiene el dudoso honor de ser la sede de esa corporación transnacional.

| 08 octubre 2012 12:10 AM | Especial | 1.6k Lecturas
La batalla contra los transgénicos
OCUPA MONSANTO LLEGA A LA CASA DE MONSANTO
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Fundada en 1901, Monsanto fue una de las principales corporaciones químicas del mundo en el siglo XX. Al comienzo de este siglo se transformó en un gigante de la biotecnología, o como dicen los publicistas de la compañía, “un líder en la industria de las ciencias de la vida (life sciences)”. Hoy día Monsanto es la mayor compañía de semillas del mundo (27% del mercado mundial) y domina por un amplísimo margen el negocio mundial de las semillas transgénicas, o genéticamente modificadas.

El lunes 17 de septiembre fue el día escogido por la campaña mundial Ocupa Monsanto para realizar acciones contra la compañía. Se hizo un llamado a activistas del mundo entero a realizar protestas contra las instalaciones o siembras de Monsanto más cercanas. Grupos en lugares tan lejanos como Chile y Argentina piquetearon oficinas de Monsanto y circularon fotos de sus acciones por Facebook.

Ese día yo estaba nada menos que en San Luis piqueteando la entrada principal de las instalaciones de la compañía. Estaba acompañado por docenas de activistas locales, más algunos que vinieron de lugares tan lejanos como Chicago y San Francisco. Entre los manifestantes que hablaron a la pequeña multitud estaba el agricultor texano Eric Herm, quien sembraba el algodón transgénico Roundup Ready de Monsanto, pero se tornó en contra del uso de agrotóxicos y transgénicos. Herm narra su experiencia de descubrimiento y transformación en su libro “Son of a Farmer, Child of the Earth”.

El piquete fue la culminación de dos días de protestas y actividades educativas organizadas por GMO Free Midwest y Occupy Monsanto. Las organizaciones Safe Food Action, Gateway Green Alliance/Partido Verde de San Luis y la Organic Consumers Association llevaron a cabo varias actividades en distintas partes de la ciudad para agitar y educar acerca de la amenaza que representan los cultivos y alimentos transgénicos a la salud humana, a los pequeños agricultores, a las economías rurales y a la soberanía alimentaria en el mundo entero.

El día domingo 16 fue dedicado por completo a eventos educativos, incluyendo charlas y proyecciones de documentales, en el edificio de Community Arts and Movement Project (CAMP), entre la calle Cherokee y la avenida Minnesota en el lado sur de la ciudad, y Black Bear Bakery, negocio a una breve caminata de distancia. CAMP es una organización comunitaria que promueve la expresión creativa, la interconexión social, el vivir saludable y la sustentabilidad a través de una gran variedad de actividades que celebran la diversidad y animan al pensamiento crítico, incluyendo clases, proyectos, artistas en residencia, reparación de bicicletas, jardinería comunitaria, murales, y mucho más. Black Bear Bakery, panadería muy conocida por su pan de centeno Lickhalter, es una empresa colectiva propiedad de sus trabajadores que a menudo presta su espacio para actividades culturales, políticas y creativas, incluyendo conciertos, proyecciones de películas, reuniones, presentaciones y conferencias de prensa.



Los presentadores ese día incluyeron al ingeniero químico Dr. Ollie Fisher, ex-empleado de Monsanto que dio un giro total a su vida y ahora se dedica a promover la salud integral y holística a través del Fisher Wellness Center; Priti Cox, artista de la India que se dedica mediante su arte a narrar y analizar los devastadores efectos de la globalización corporativa sobre la sociedad india; el genetista y autor Stan Cox, quien labora en el Land Institute, una ONG radicada en el estado de Kansas, donde desarrolla cultivos alimentarios perenes de raíces profundas; Orin Langelle y Anne Peterman del Global Justice Ecology Project, quienes trabajan una gran variedad de temas activistas, desde la justicia climática hasta la campaña en contra de los árboles transgénicos; el activista social y ambiental Daniel “Digger” Romano, quien ayuda a establecer redes alimentarias locales como alternativas al sistema alimentario corporativo agrotóxico; la agricultora orgánica, apicultora y maestra Suzanne Renard; el agricultor Eric Herm; y este servidor.

En mi presentación ofrecí un contexto histórico y político para la actual batalla global en torno a los cultivos transgénicos y el patentamiento de semillas, para demostrar que los esfuerzos por controlar las semillas de plantas de valor económico toman lugar desde hace varios siglos y que éstos han sido esenciales en la historia y desarrollo del imperialismo y la industrialización de Europa y Estados Unidos. Monsanto no es más que el más reciente capítulo en esta saga de siglos. Estos temas los abordé en mis recientes artículos “El Gran Juego de Ajedrez Botánico” y “Semillas del Imperio”, que son parte de un trabajo de investigación de mayor envergadura sobre la geopolítica de las semillas y genomas, desde la perspectiva de la ecología social.



El día siguiente fue la gran fecha: el día internacional de Ocupa Monsanto. Las actividades comenzaron con una conferencia sobre los mitos y realidades de la muy publicitada “economía verde” en el lujoso hotel Millenium en el centro de la ciudad, con Don Fitz, editor en jefe de la revista de izquierda verde Synthesis/Regeneration y miembro de la Gateway Green Alliance, y Orin Langelle como presentadores y este servidor de moderador. En ese mismo piso del Millenium tomaba lugar un simposio científico de la industria biotecnológica sobre la bioseguridad de los organismos transgénicos. No era coincidencia, sino astuta estrategia y buena planificación. Meses antes, el profesor Brian Tokar, del Instituto de Ecología Social en Vermont, se enteró del simposio, el cual coincidiría con los actos de Ocupa Monsanto, y se lo informó a Barbara Chicherio, organizadora de GMO Free Midwest. Los organizadores de la protesta entonces rentaron con meses de anticipación la sala Lewis & Clarke, justo frente a donde tomaría lugar la actividad de la industria.

Pero las cosas no salieron exactamente de acuerdo al plan. Aparentemente la administración del hotel se enteró de lo que teníamos entre manos y a último minuto nos cambiaron a otra sala de conferencias, al otro lado del piso, la cual tenía la mitad del tamaño de la que habíamos separado. He aquí el recuento de Don Fitz de lo que ocurrió cuando Chicherio se quejó con el ejecutivo del hotel a cargo:

- “Si usted no deja de hablarme ordenaré que la saquen del hotel”, fue la respuesta más sensata que él parecía capaz de ofrecer. Mirando su carnet de identificación, Barbara vio que él era ‘Rich Martin, Director de servicios de ‘catering’ y convenciones’. (¡Alguien dígame cómo es ‘catering’ en español!)

Mientras se desarrollaba la conversación, Orin Langelle sacó su cámara para filmar la interacción. Rich alzó su mano y gruñó, “¡Fotos no! Aléjese de mí o voy a ordenar que le saquen del hotel”. Cerca de Orin estaba Anne Peterman. Ella sacó su cámara quietamente y filmó a Rich. -

El relato entero de Fitz y algunas fotos de la actividad están disponibles en la página web de Occupy Monsanto.

Una científica rusa que participaba en el simposio de la industria cruzó el pasillo y brevemente se nos unió justo antes de comenzar nuestra conferencia. Era nada menos que Irina Ermakova. Su nombre es desconocido para la gran mayoría del público de Estados Unidos (y Puerto Rico) pero es toda una celebridad de reputación heroica entre activistas anti-transgénicos. En 2007 ella publicó los resultados de estudios que realizó con ratas de laboratorio que demostraron los daños a la salud causados por la soya transgénica.

Por sus hallazgos, integridad y valentía, Ermakova fue objeto de abusos verbales de sectores aliados a la industria de biotecnología. Los editores de la revista Nature Biotechnology desempeñaron un papel particularmente penoso y bochornoso en esta controversia. Aparentemente los organizadores del simposio pensaron que necesitaban de alguna voz “radical” para poder alegar que su actividad estaba “balanceada”. Fue una sorpresa agradable y emocionante el que ella nos hablara brevemente sobre sus hallazgos científicos. Más tarde, ella se nos unió de nuevo cuando hicimos un piquete anti-transgénicos frente al hotel.

Nuestra siguiente acción del día fue en el supermercado Whole Foods Market, supercadena detallista que es considerada el Wal-Mart de los alimentos orgánicos. La mayoría de los consumidores de EEUU creen que Whole Foods vende solamente productos orgánicos, naturales y saludables, pero en realidad una parte considerable de su inventario la componen productos no orgánicos. Y entre todos esos productos no orgánicos hay algunos que tienen contenido transgénico- si un producto no es orgánico no hay garantía alguna de que sea libre de transgénicos. A diferencia de muchos colmados y cooperativas en Estados Unidos que venden alimentos orgánicos, Whole Foods no tiene una política de “no a los transgénicos”.

Algunos de nosotros nos pusimos a caminar por las góndolas, conversando con los clientes acerca de los alimentos transgénicos y la importancia de etiquetarlos. No tuvimos que hacer esfuerzo por conseguir la atención de la gente; al ver nuestras camisetas y botones contra Monsanto y los transgénicos varios clientes vinieron hacia nosotros para preguntar sobre nuestra campaña. La reacción de la clientela a nuestros planteamientos fue extremadamente favorable, y por lo menos un empleado conversó con nosotros y nos expresó abiertamente su apoyo. Otros miembros de nuestro grupo fueron a la caja registradora con varios artículos y le preguntaron a los cajeros si estos eran libres de transgénicos. Según la política de Whole Foods, los empleados tienen que poder contestar cualquier pregunta que le haga la clientela. Los cajeros simplemente no sabían contestar las preguntas. No hubo ningún roce desagradable con la gerencia, aunque la policía sí se presentó.

El evento culminante del día fue el piquete en la entrada principal de las instalaciones de Monsanto. Terreno cero de la revolución genética mundial. Nos sorprendió la cantidad de conductores en la carretera que nos pasaban por el lado y expresaban solidaridad con nuestra protesta. Esos gestos no son poca cosa, considerando el control que ejerce Monsanto en esta ciudad.


Carmelo Ruiz Marrero
Alai
Ruiz Marrero es un autor, periodista investigativo y educador ambiental que lleva investigando e indagando la problemática de la biotecnología transgénica desde la década de los noventa.

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