Kafka es peruano

Antes se decía que el mismísimo Tata Lindo, era nuestro paisano. Tiempos aquellos en los que se vivía esperando los goles de Cubillas y suponíamos además-gracias a los expertos en la mermelada- que era “matemáticamente posible” que nuestra selección futbolística dejara de hacer el ridículo internacional…que sigue haciendo.

| 29 abril 2012 12:04 AM | Especial | 2.4k Lecturas
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Y no, pues. Parece que el Buen Señor no come cebiche, ni viaja en micro y mucho menos luce en la billetera nuestro orgulloso DNI, que hoy se falsifica profusamente, allá por mi viejo barrio azangarero a la vuelta de Mapiri.

Resulta que tengo ante mí, a Don Samuel Morales Chavarría, antropólogo y ex asesor político de gente izquierdosa, quien lidiando con una vieja secuela de polio y apoyado en dos heroicos bastones de metal, está en condiciones de creer que el viejo Franz Kafka-autor de “La Metamorfosis” y “El Proceso”, entre otros mamotretos- es más peruano que la papa y además, está vivito y trafeando en algo que Don Samuel titularía “Corrupción Educativa En Los Tiempos de Eugenio Chang”, historia que aquí sintetizo, en su condición, de más asombrosa, que el hecho de despertar una mañana convertido en cucaracha, o atreverse con los entresijos de un poder judicial, o burocrático, en cualquier dimensión del universo.

Resulta que cierta tarde - cálida y sensual-Don Samuel volvía a casa, luego de lidiar con los primores de nuestro transporte público, amén de intentar ganarse la vida, por encima de las limitaciones impuestas a su sistema músculo-esquelético, por el mal recuerdo de aquellos días en que no existía la vacuna que inventó un tal Dr. Sachs.

Y entrando de frentón a su dulce hogar se dio de manos a boca con una estremecedora escena. La doña que solía ayudar a su esposa en las faenas del hogar, lidiaba a pellizcos y tirones de oreja, con su hijo de siete años, que se declaraba incapaz de resolver “la tarea” que le había impuesto su profe del primer año primarioso.

Entonces Don Samuel, que con todos sus padecimientos a bordo, jamás ha dejado de ser un luchador contra la injusticia, interrumpió el forcejeo, intentando averiguar que motivaba tal entredicho materno-infantil.

Y ahicito al toque Roque, resultó averiguando que la conflictiva ”tarea” asignada al pequeño escolar, consistía,-agárrense con fuerza- en escribir del uno al diez mil en números y letras, encarguito que hasta para nosotros que tenemos cierta carpeta, mucha esquina y algo de librería, resultaría cosa así como rodar hacia arriba el rocón que le impusieron los dioses al respondón Sísifo por alegoso y metemano.

Entonces, pues, Don Samuel, que en principio había pensado ayudar al niño a resolver cualquier “melao de caña” de su incipiente escolaridad, sintió dentro del pecho el bururú de sus añejos tiempos y se dijo: “¡No carajo… Niños y viejos unidos…jamás serán vencidos!”... y resolvió “desfacer el entuerto”, tal como hubiera dicho Don Alonso, el Hidalgo de La Mancha.

Y cabalgando el Rocinante de sus recuerdos, empezó por la Defensoría del Pueblo, para luego continuar por las diversas reparticiones de la burocracia educativa, para, al cabo de una serie de agotadoras jornadas y otras tantas mecidas, conseguir a duras penas que la abusiva profesora que dio inicio a tan bizarra historia, fuera “severamente amonestada”….y nada más.

Bueno, eso fue lo que Don Samuel creyó durante una semana.

Resulta que la profe del cuento, es familiar del Dire del centro educativo, ubicado en Punta Hermosa, en el cual, también - ¡Válganos Dios!- labora, más bien laboraba, la esposa del bravo denunciante, porque ahora, la Licenciada María Rojo Villanueva, psicóloga y especialista en Audición y Lenguaje, por la CPAL y la PUCP, ha sido transferida de su rica Punta Hermosa, a un cole de Pamplona Alta, adonde tras un triple trasbordo de combi a micro, arriba muy de mañana y si llega un minuto tarde, le aplican una seria suspensión como primer número del programa, aparte de hacerle la vida a cuadritos, tratando de arrinconarla al desempleo, a ver si así, su esposo aprende a enmendarle la plana a cualquier profe emparentada con un señor Director, ¡no faltaba más!

Don Samuel no puede ya chambear a plenitud, pues a su limitación post-polio, se ha sumado un reciente infarto cerebral. Sin embargo, su swing revolucionario, lo sigue impulsando en infatigable jaleo, por oficinas, direcciones y todo género de instancias legales y educativas, en cuyos ámbitos, este buen hombre busca indesmayable a cierta dama a quien el malevaje llama “La Tía Justa”, o más salseramente “La Señora Ley”…pero ¡Naranjas!

Todo parece indicar que así como el Coronel Buendía de Macondo, emprendió treintaidós revoluciones…”y las perdió todas”, este moderno Quijote podría terminar derrotado en el tráfago de una tremenda represalia múltiple que resultó envolviendo a su esposa a raíz de haber defendido el derecho de un niño a recibir una educación consecuente y un trato civilizado.

Desde esta modesta trinchera, apoyo a Don Samuel y a su abnegada esposa, con todo mi corazón y condeno enérgicamente la canallada de esta burocracia que evidentemente ignora algo que jamás hubieran dicho o creído los viejos Marx o Haya de la Torre, antes de nacionalizar peruviano al actualísimo Franz Kafka.

Es decir, que “la política, es el verdadero opio de los pueblos”-salvo mejor o más ilustrada opinión, como bien sabe El Diablo que a veces juega lo suyo, hasta en las alturas de El Vaticano.


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