Justicia digna y con reparación

La historia de Alfredo García resume el sufrimiento de los ayacuchanos durante el período de la guerra interna en el Perú: su padre murió asesinado y nadie fue juzgado por el crimen perpetrado en 1983. Más allá de pedir una sanción severa para los responsables, está el hecho de reclamar justicia, entendida como reparación al deudo.

| 16 octubre 2011 12:10 AM | Especial | 2.1k Lecturas
Justicia digna y con reparación
Décadas de muerte y dolor han dejado una estela de sobrevivientes que hoy claman justicia.
El conflicto armado interno dejó heridas que hasta hoy, a tres décadas de su inicio, siguen sangrando y clamando justicia.

Más datos

“Tú no puedes pedirle a un familiar que perdió un papá, una mamá o un hermano en una época tan dura, que haga borrón y cuenta nueva. Ellos tienen derecho a enterrar a sus seres queridos, a saber qué pasó”.

Condiciones indignantes

De otro lado, Baraybar se refirió a la tendencia del Decreto 051 que dejó el gobierno anterior, que obstaculiza las reparaciones individuales a una mayoría de víctimas, pues determina condiciones exigentes, “casi imposibles”. “Un familiar que tras 30 años sin saber dónde está su ser querido, no solo recibe un monto económico intrascendente, sino que se ve obligado a dar por muerto a su desaparecido y renunciar a su derecho de saber dónde está el cuerpo, sin que el Estado intervenga en ayuda”, criticó.
2114

La reparación, como indica el antropólogo José Pablo Baraybar, no solo debe ser económica y mucho menos solo la persecución del delito, pues la reparación debe ser proporcional al daño causado.

La reparación debe brindar a los deudos o a las víctimas sobrevivientes las condiciones necesarias para poder ser incluidos en la sociedad de hoy, con igualdad de oportunidades en todo terreno.

Alfredo García Chipana, poblador de la comunidad de Raccaya, provincia de Víctor Fajardo, Ayacucho, se enteró 20 días después de cometido el asesinato, de la muerte de su padre.

Eran días intensos del conflicto armado interno: 1983, cuando la organización subversiva Sendero Luminoso tenía secuestrado a uno de los departamentos más pobres del país y el Estado respondía de manera represiva, sin importar la vida de los miles de inocentes que se llevaba de encuentro.

El papá de Alfredo García, don Gonzalo García Arotinco fue víctima de esa represión un 16 de octubre de 1983.

MATANZA
Con inevitables lágrimas de los ojos y pese al inexorable paso del tiempo, García Chipana contó a LA PRIMERA que por esos días estudiaba Administración en la Universidad de Huamanga y un compañero le contó lo sucedido.

Su padre, don Gonzalo García Arotinco y más de 55 comuneros, entre hombres, mujeres y niños, fueron conducidos a Umasi -un pueblo cercano a Raccaya- para un “adoctrinamiento”, por parte de miembros de Sendero Luminoso. Los militares llegaron y acabaron con todos los que hallaron en el sitio.

“Tuve que regresar a mi pueblo y luego dirigirme hacia Umasi. En la puna vi varios cuerpos masacrados, pero no pude identificar a mi padre. Estaban todos enterrados y amontonados, con las cabezas rotas y las costillas fracturadas”, narró García.

El hecho sucedió hace 27 años y hubo solo dos sobrevivientes que pudieron contar el caso, no obstante la indiferencia de las autoridades de la zona, que no atendieron en su momento el reclamo de justicia de los únicos que salieron heridos pero vivos de los flagelos interminables aquella noche del 16 de octubre de 1983.

Recién en el 2009, la Primera Fiscalía de Ayacucho ordenó exhumar los cuerpos enterrados en Umasi y el cinco de setiembre del 2010, la osamenta del padre de Alfredo García Chipana fue trasladada a Lima, donde recibió cristiana sepultura.

Pero la historia no acaba. “No pude denunciar a nadie, pues no se sabía quién o quiénes habían cometido el crimen”, señaló García. He aquí su infortunio: no poder cerrar el círculo del episodio donde su padre perdió la vida.

ENCONTRAR CUERPOS
Lo sucedido con el padre de García Chipana se repitió muchas veces durante el conflicto: víctimas desaparecidas, a quienes sus familiares no pudieron encontrar.

Ante esta situación, el director del Equipo Peruano de Antropología Forense (EPAF), José Pablo Baraybar señaló la necesidad de que el Estado se modernice y dé justicia integral para casos como el del padre de García.

Sin embargo, recalcó que las instituciones estatales carecen de los mecanismos indicados para dar con el paradero de los restos de muchas personas que fueron ultimadas tanto a manos de Sendero como de las Fuerzas Armadas.

“El problema es que no existe suficiente evidencia para judicializar todos los casos, es imposible materialmente, con instituciones que no pueden siquiera con los homicidios simples de ahora. No digo que se cierren las investigaciones, sino que sean más consolidadas y dirigidas”, planteó Baraybar.

A la fecha, son más de 15 mil personas desaparecidas, como parte de este imborrable conflicto armado interno. Es aquí donde entran las ciencias forenses para ayudar a resolver estos casos. Baraybar explicó que lo acostumbrado es que no haya proceso de reconciliación con los familiares de las víctimas, “ni menos ayudarlos a entender cómo desaparecieron sus seres queridos, cuando las autoridades te piden pasar la página bruscamente”.

“Tú no puedes pedirle a un familiar que perdió un papá, una mamá o un hermano en una época tan dura, que haga borrón y cuenta nueva. Ellos tienen derecho a enterrar a sus seres queridos, a saber qué pasó”, subrayó.

Por ello, recomendó que el antropólogo forense debiera sobrepasar las fronteras de su oficio con el fin de explicar a quien perdió el familiar y clama justicia, una respuesta, ante la ineficiencia del sistema judicial.

“¿Cómo puedes reparar a alguien sin el cuerpo de su ser querido, sin completar ese importante proceso de dignificación? Es a través de la dignificación que se traduce en un entierro formal que las personas sentimos recobrar el valor de los nuestros y el propio”, explicó.

REPARACIONES INTEGRALES
En marzo del 2007, se aprobó el Plan Integral de Reparaciones (PIR), con el fin de brindar apoyo a los familiares de las víctimas.

Según Alfredo García Chipana, la suma de mil soles que le dieron es irrisoria. “Yo dejé mis estudios en Huamanga y tuve que ser el sostén de mi madre y mis cuatro hermanos por mucho tiempo. Mil soles es una cantidad que no equivale a todo el sacrificio hecho”, cuestionó García.

No es solo el dinero, sino, como reflexiona García, el daño psicológico que sufrió por la muerte de su querido padre.

“Por esos días, pensé trasladarme a Lima, pero una vez allí, nadie me daba oportunidad para trabajar y ya había dejado mis estudios. Me la tuve que ingeniar para poder trabajar en cosas eventuales”, reveló.

Baraybar también comentó que “la reparación se asocia a otros factores, con garantía de no repetición, con dignificación, con cambios estructurales más complejos. Al deudo puedes darle la cantidad de dinero que quieras, pero si no cambias la estructura que llevó a que sucedieran episodios como el del conflicto armado, lo demás es un saludo a la bandera”.


Gabriel Mazzei
Redacción


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.

En este artículo: |


...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD