Jugando al Carnaval

Hubo una época en que en Lima se celebraba el Carnaval a todo dar, con corsos por las calles y balnearios de la ciudad, acompañados de los juegos con agua y pinturas. Sin embargo, desde hace más de cinco décadas, la capital no conoce de celebraciones en las calles, salvo mojarse o mancharse. En el interior continúa esta tradición, que podría retomarse en la “Ciudad de los Reyes” si la población y autoridades así lo consideran.

| 11 febrero 2013 12:02 AM | Especial | 4.4k Lecturas
Jugando al Carnaval
TRADICIONES PERDIDAS

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Pese a que en Lima no se celebran los carnavales como en otras partes del mundo, en el interior del país continúan realizándose estas celebraciones, que combinan tradiciones pre-hispánicas y hasta cristianas, con cierta conexión con la forma de celebrar en otros países.

Quienes no pueden viajar a provincias para celebrar, acuden a los clubes departamentales. Allí pueden probar el cuy chactado de Cajamarca; el juane en el Club Rioja, el rocoto relleno de Arequipa, y el paiche en el club Loreto.
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Hablar del Carnaval en Lima, por lo menos en las últimas cinco décadas, significa recordar que chicos y grandes juegan a lanzarse agua, sea con un balde o con globos que explosionan líquido elemento en los cuerpos. Otros utilizan pintura, betún o talco, con el objetivo de dejar impresentable al prójimo. Una tradición única en el mundo que en nuestro país data del siglo XIX.

De más está decir que algunos aprovechan para liberar sus bajos instintos, y tocar lo que no les ha sido permitido. Pero eso es harina de otro costal que habrá que ver cómo se frena.

Sin embargo, hubo una época en la que nuestra capital “celebró” el Carnaval a todo dar, con los famosos carros alegóricos, los disfraces, las serpentinas, los pica-pica y el infaltable Rey Momo, centro de atracción de la celebración; y con la elección de la Reina de la festividad.

La celebración del Carnaval en Lima, al modo de lo que se sigue haciendo en otras ciudades de América Latina como Barranquilla, en Colombia; o en Río de Janeiro, en Brasil, el más importante, fastuoso y sensual del mundo; tuvo su apogeo en la época del presidente Augusto B. Leguía (1919 – 1930).

PRUEBA FÍLMICA
Un vídeo de más de tres minutos de duración, colgado en YouTube por el portal Lima Antigua (http://www.youtube.com/watch?v=ObutVZDrkH0), y que probablemente sea de finales de la década de 1920, da cuenta de lo exuberante de aquellas celebraciones en la capital peruana, que comenzaban los sábados, pasando por el domingo, lunes y martes, estos dos últimos días declarados feriados.

En el inicio del vídeo se observan “frailes” conduciendo caballos, muy cerca del Palacio de Gobierno. Luego pasan los carros alegóricos, decorados exclusivamente para la ocasión, bañados en serpentinas, en cuyas toldas están bellas señoritas limeñas, vestidas decorosamente como era en la época. Después pasan otra vez los caballos, cuyos jinetes hacen sonar las cornetas; y otra vez los carros alegóricos con varones que lanzan pica-pica a la multitud que los vitorea.

Tras el paso de estos carros, el corso comienza con el paso de hombres y mujeres, debidamente disfrazados y enmascarados, que cargan letreros con nombres de barrios o calles de la Lima de antaño: El Colmillo, La Unión, El Gallo, Los Borricos, entre otros. Por tercera vez vuelven a desfilar los carros alegóricos, cubiertos con serpentinas, ante la atenta mirada de los hombres de sombrero, tan comunes en la primera década del siglo XX.

Después se aprecia el estrado principal donde aparece el presidente Leguía, que saluda a las damas que lo acompañan en esa sección privilegiada de espectadores, distinta a la de otros que solo observan de pie el paso del corso. En otra zona del estrado, las mujeres vestidas de blanco y también con sombrero, están de espaldas y conversan entre ellas. Vuelven a pasar los disfraces con los letreros de calles o barrios de la ciudad. Y las señoritas en los carros.

Todo esto nos da una idea de cómo nuestros abuelos y tatarabuelos celebraban el Carnaval en Lima, así como en los malecones de Barranco y Miraflores. Si bien seguramente también se arrojaban agua u otros elementos, no dejaban de lado ese tradicional corso, seguramente acompañado de música, bebida y otras diversiones.

A todo esto, la pregunta es, ¿qué pasó con estas celebraciones? Según diversas fuentes, esta festividad fue perdiendo popularidad y volviéndose muy escandalosa y violenta. Los juegos con agua y pintura degeneraron tanto, que causaron algunas desgracias.

Por ello, en 1959, el entonces presidente Manuel Prado Ugarteche, con el Decreto Supremo 348, suprimió los feriados, con lo que la fiesta quedó limitada al domingo. Con ello, se perdió la continuidad de las celebraciones con paseos y carros alegóricos hasta nuestros días.

Esta es la razón por la que las generaciones limeñas de por lo menos las últimas cuatro décadas solo han conocido el Carnaval en Lima como el juego con agua, tradición que tiene más de siglo y medio vigente. Dependerá de las autoridades, y de la ciudadanía, rescatar la otra tradición de la celebración con corso, música y disfraces.



EN OTRAS PARTES DEL PAÍS
Pese a que en Lima no se celebran los carnavales como en otras partes del mundo, en el interior del país continúan realizándose estas celebraciones, que combinan tradiciones pre-hispánicas y hasta cristianas, con cierta conexión con la forma de celebrar en otros países.

Una de las regiones donde se celebra con más efusividad el Carnaval es en Puno. Una de las más importante de la región es el Carnaval de Juliaca, festividad en la que se rinde honores a la Pachamama, o Madre Tierra, que dura una semana. Primero se realiza el taripacuy, que consiste en adornar las casas y negocios con serpentinas y flores; y la entrada del Ño Carnavalón, también conocido como Rey Momo.

En el Carnaval de Juliaca hay seis concursos de danza folclórica, conocidos como Pinkillo de Oro, Varilla de Oro, Cristo Blanco, Señor de Huaynaroque o Tokoro de oro, Señor de la Amargura; y finalmente la Parada Folklórica, que tiene lugar el lunes siguiente al miércoles de ceniza, en el que diversas agrupaciones danzan en las calles de la ciudad.

Pero la más importante es la Fiesta de la Virgen de la Candelaria en Puno, la patrona de esta ciudad andina. Esta festividad tiene lugar en la primera quincena de febrero, coincidiendo con la celebración del Carnaval y es acaso la manifestación más importante del país, culturalmente hablando; y una de las fiestas religiosas más significativas de América del Sur, pues expresa las tradiciones de pueblos originarios como el quechua y el aymara, y expresiones mestizas del altiplano.



Además, en Puno también está el Carnaval de Qopamayo, que es parecido al de Juliaca por sus homenajes y pagos a la tierra; y está más vinculada a las tradiciones aymaras.

En Cajamarca está el Carnaval más importante del país. Además de los juegos de pistolas y globos con agua y tinta, otro elemento es la chicha de jora que beben los participantes. Los barrios de Cajamarca se organizan en “patrullas” que recorren la ciudad con bailes y cantos durante los días de festividad, desde el sábado hasta el martes.

La fiesta en Cajamarca finaliza el miércoles de ceniza, con el entierro del “Ño Carnavalón”, en los Baños del Inca, cerca de la plaza de armas de la ciudad, donde se lee el “testamento” del célebre personaje, que deja sus “bienes” a las autoridades y personalidades del lugar.

Además de Puno y Cajamarca, otras regiones del Perú también celebran el Carnaval, como es el caso de Arequipa, Áncash, Apurímac, Amazonas, Ayacucho, Ica, Moquegua, Tacna, por mencionar algunas. Sin embargo, la capital de la República no celebra a todo dar la fiesta.

Pese a esto, es válido recordar que en Lima existen muchos clubes departamentales que surgieron para organizar a los migrantes llegados de provincias en la capital, y que aún lejos de sus lugares de origen, sus hijos y sus nietos, mantienen las tradiciones, y por ende las celebraciones, entre las que está incluida la fiesta del Carnaval.

Quienes no pueden viajar a provincias para celebrar, acuden a los clubes departamentales. Allí pueden probar el cuy chactado de Cajamarca; el juane en el Club Rioja, el rocoto relleno en Arequipa, y el paiche en el club Loreto. También pueden apreciar pequeños corsos en los que son elegidas las reinas departamentales, con reinas de belleza del exterior invitadas para la ocasión.

Dependerá de las autoridades, como la Municipalidad de Lima y las comunas distritales, el Ministerio de Cultura, el sector privado, y la sociedad civil en general, plantear la vuelta de esta celebración en la capital, para no quedarse atrás con respecto a lo que continúa festejándose en otros lugares del Perú, y mayor aún con otras festividades similares en nuestro continente, como en la calurosa Barranquilla o el majestuoso Río de Janeiro.


Víctor Liza
Redacción


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