Juegos de hipocresías

Hay en el país una ley y su reglamento que autorizan la consulta previa como derecho de los pueblos indígenas, frente a las empresas -que vienen de fuera y muy lejos- e invierten para explotar en sus territorios petróleo, gas, minas y hacer grandes carreteras.

| 27 mayo 2013 05:05 AM | Especial | 1.9k Lecturas
Juegos de hipocresías
CONSULTA PREVIA

Más datos

Al tener la concesión y al explorar, la empresa ocupa un territorio y le pone alambres para marcar “su propiedad” aunque formalmente no lo sea. En la fase de explotación ya no hay nada que hacer y la propiedad queda registrada. En esas condiciones ¿qué sentido tendría la consulta? Ninguno. Se trataría de una burla más, como es una burla hacer un estudio de impacto ambiental cuando los daños ya se están haciendo. A los empresarios internacionales y nacionales les gustaría que la consulta previa no existiese para hacer lo que quieren como en el pasado lejano y reciente. A los pueblos indígenas les gustaría que ese derecho ganado desde el Acuerdo 169 de la OIT sea plenamente ejercido y que sus acuerdos sean vinculantes en el preciso sentido de ser tomados en cuenta y respetados.
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A los empresarios internacionales y nacionales les gustaría que la consulta previa no existiese para hacer lo que quieren como en el pasado lejano y reciente. A los pueblos indígenas les gustaría que ese derecho ganado desde el Acuerdo 169 de la OIT sea plenamente ejercido y que sus acuerdos sean vinculantes en el preciso sentido de ser tomados en cuenta y respetados, pero en la incipiente democracia peruana la colonialidad del poder se impone para desvirtuar los mandatos legales y constitucionales y seguir como antes, tratando a los indígenas como menores de edad, sin derechos ni opinión propia.

Resulta ahora que para el gobierno llamado nacionalista los únicos pueblos indígenas a quienes habría que consultar sin compromiso alguno serían los de la Amazonía y no los quechuas y aimaras de los Andes; que el reconocimiento de esa condición sería otorgado a pedido de parte, y que la Base de datos sobre los pueblos indígenas no será publicable sino para cada caso concreto. En buen romance, el dilema parece muy simple: inversión minera o consulta previa.

Las empresas no quieren consulta previa en los Andes y todo indica que el gobierno se inclinará por favorecerlas con el pretexto de salvar las inversiones que el país necesita para volver a asegurar las altas tasas de crecimiento que estarían cayendo. Ya dieron el grito al cielo y aseguran que la consulta previa en los Andes sería un obstáculo para el llamado desarrollo, es decir, su desarrollo.

Una de las primeras lecciones en un curso de antropología peruana de nuestro tiempo es la siguiente: la lengua, el territorio, la cultura y la identidad son 4 pilares de existencia de los pueblos indígenas.

Habría que ser ciego, conservador y reaccionario para suponer que esas cuatro elementos no están presentes entre los cañaris del norte y entre los quechuas y aimaras.

Decir que las comunidades campesinas de los Andes están ya integradas al Estado y que por eso habrían dejado de ser indígenas, es expresión igualmente de un pensamiento antropológico pobrísimo que limitaría lo indígena a un espacio ajeno al mercado y al Estado.

Con ese razonamiento, indígenas habrían sido solamente los pueblos pre-incas e incas. Se puede ser indígena y estar muy bien articulado a la llamada globalización, tener un facebook y tarjetas de crédito y de visita. Los indígenas con derechos son lo nuevo y último de la modernidad.

¿Para qué se autoriza por ley una consulta previa? Sencillamente para conocer y oír la opinión de los pueblos que tienen todo el derecho del mundo de defender sus cuencas de agua, sus tierras de cultivo y de pastos para sus animales.

Son esos pueblos los que producen los alimentos que las peruanas y los peruanos consumimos para vivir. Las grandes empresas multinacionales no producen ni un kilo de papa, ni una cebolla, solo se llevan el oro, la plata, el cobre para multiplicar sus grandes fortunas y dejar una pequeña cantidad de dinero para el Estado.

Si se consulta a los pueblos para no tomar en cuenta sus opiniones, se trata simplemente de una burla. De dos cosas una: se respeta y se toma en cuenta las opiniones de quienes son consultados o no se consulta nada y seguimos como en tiempos de Francisco Pizarro y Alberto Fujimori. La hipocresía del sí pero no, sirve para agregar leños al fuego de los conflictos que ya conocemos y vuelven a aparecer en el horizonte.

Una base de datos es una simple recopilación de informaciones diversas, útiles para conocer, plantear correctamente los problemas y tratar de resolverlos. Como una bibliografía, una base de datos es por definición y principio, abierta siempre, para agregar, actualizar, mejorar las informaciones ya recogidas y eliminar los datos irrelevantes.

Si el gobierno anuncia que no puede publicar la base de datos que había prometido entregar, está confesando que tiene entre manos un gato encerrado. Este hecho es demasiado grave y revela una gran incompetencia.

Hay algo más dentro de este juego de hipocresías: a las empresas les gustaría que la consulta previa se haga en la fase de explotación y no en las de concesión y exploración. Todo comienza con la concesión porque cuando una empresa compra el favor de una concesión, ya tiene un derecho que está muy próximo a la propiedad.

Al tener la concesión y al explorar, la empresa ocupa un territorio y le pone alambres para marcar “su propiedad” aunque formalmente no lo sea. En la fase de explotación ya no hay nada que hacer y la propiedad queda registrada.

En esas condiciones ¿qué sentido tendría la consulta? Ninguno. Se trataría de una burla más, como es una burla hacer un estudio de impacto ambiental cuando los daños ya se están haciendo.

¿Será posible que los funcionarios del Estado con seriedad profesional y ética no se den cuenta de este juego de hipocresías? Guerra avisada no mata gente. Confianza a los inversionistas o consulta previa. Esa es la opción según los empresarios.

Después de Conga va, el gobierno de Humala reafirma su voluntad de agravar el conflicto con los pueblos indígenas. No tomar en cuenta a los pueblos quechua y aimara y, particularmente a Cañaris, será un nuevo error del gobierno con múltiples consecuencias. No se apaga un incendio con gasolina.


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