Inventor de los somaris

Hay el rumor de que en algunos medios de comunicación peruanos, expresamente, está prohibido publicitar a los escritores venezolanos, invitados de honor en esta XVI Feria Internacional del Libro de Lima. No es el caso de LA PRIMERA. Con ustedes Gustavo Pereira, flamante Premio Internacional de Poesía “Víctor Valera Mora” 2011 (100 mil dólares).

| 31 julio 2011 12:07 AM | Especial | 6.4k Lecturas
Inventor de los somaris
Gustavo Pereira considera que buscar la poesía es como buscar la justicia social: una lucha interminable.

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La incertidumbre de hacer un poema (extracto)

La incertidumbre de hacer un poema parte del mismo poema
          que finalmente ignora su papel como poema
y desea con fervor parecerse a una piedra
                    a la arena
                    o al agua
O mejor Ser la piedra
          la arena
          y el agua
          que todo poeta desdice.
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Gustavo Pereira es el inventor de los somaris. Es decir, de aquellos poemas breves sin las restricciones de un haiku en forma ni las de un epigrama en contenido. Pero ¿cómo podemos reconocer un somari? “Realmente, la palabra es un neologismo”, señala el poeta, “al que hube de acudir porque previamente esos breves poemas los denominaba así, poemas breves, y, a veces, en son de burla, poemitas. Acudió a mí una palabra para denominar uno de ellos y de pronto esa palabra, no preciso en qué circunstancia, me pareció tan hermosa…”.

De estructura “no carcelaria, libre, cuyo único constreñimiento es, por supuesto, su carácter breve. De una absoluta poliantea; no hay ni siquiera contenidos definidos. Incluso hay unos en son de broma, en donde el humor cumple su pequeño papel desacralizador”. Un somari, al fin y al cabo, refleja su mundo interior: un somari es un poema breve escrito por Gustavo Pereira.

El crítico venezolano José Balza, en el prólogo (p. XVII) de “Poesía selecta” (Monte Ávila Latinoamericana, 2004) de Gustavo Pereira, recoge una declaración al respecto del autor: el somari es “un pequeño instrumento apto para ser leído con la prontitud que esta complicada sociedad exige, pero que al mismo tiempo no fuese tan… vamos a decir, inofensivo”.

—Tiene usted un somari llamado “El fin de la historia”. Recuerda a Fukuyama.
—Sí, él pensaba que el capitalismo es el fin de la historia, el non plus ultra de la evolución humana. Por eso me vi obligado a escribir un somari con ese título. Pero ya abjuró de ello, lo que me llena de esperanza.

Como diría en otro somari, “El inútil intento de acercarse a la verdad / conduce a otros intentos”.

Pereira no recuerda sus poemas de memoria, porque siempre los corrige. No puede recordar que ha escrito, seguramente, “Que la poesía debe ser vista como un cuerpo / al que todos desean besar / (aunque quema) / y poseer / (aunque se deshace en las manos)”, por ello “Hay un poema / que se escribe / con tinta vacía”.

Pereira cree “que se publican los libros para ahorrarse el trabajo de corregirlos eternamente”.


Poesía y política
Gustavo Pereira (Punta de Piedra, Isla de Margarita, Venezuela, en 1940), abogado desde 1963, con su bufete defiende a obreros, sindicatos, presos políticos en Venezuela. A decir de José Balza (ibídem), era “Tan pobre el abogado como sus revolucionarios defendidos”. No puede escribir crítica sobre poesía, porque considera que “algo orgánico del poema se pierde al ser analizado fríamente”. Sin embargo, en política y literatura, el que busca encuentra, piensa Pereira. “El que escribe poesía, alguna vez encontrará la poesía”.

—¿Considera que ya la halló?
—Esa ha sido mi aspiración eterna, pero todavía a mí me da mucha vergüenza autodenominarme poeta. Creo que es como la justicia social: una lucha interminable.

—Ha escrito usted “Simón Bolívar. Escritos anticolonialistas”. La idea bolivariana de una América unida tiene como 200 años.
—Mientras una minoría disfruta y usurpa las riquezas colectivas, la lucha va a ser la misma. Mientras existan desigualdades sociales, siempre habrá quien busque las razones de esas desigualdades.

—Mariátegui, en el Perú.
—“Los 7 ensayos…” son la primera carta de identidad latinoamericana, que, bebiendo las fuentes marxistas, se negó a tener aquello como un dogma, sino como lo que es: un método de interpretación de realidades concretas. Es como la poesía, que no es un dogma; y creo que éste es el único arte, por no decir la única cosa en el mundo, que el capitalismo no ha podido convertir en mercancía. Un poema no entra en el mercado ni entrará; y cuando entre, dejará de ser poesía.

—Es contradictorio que diga esto al haber ganado un premio recientemente.
—Los premios se hacen a despecho de la poesía, no de los poetas. La poesía llena el alma, pero no la carne. Nadie se sustenta con la poesía; no es una mercancía. Cuando se crean los premios, normalmente los crean los gobiernos como una responsabilidad social, para alentar el incremento de los seres humanos que leen y escriben poesía, porque la poesía es también un servicio público y ejerce una función social que no pide nada a cambio, pero que tampoco rechaza lo que la nutre.


Los peruanos
Le parece absurdo que un poeta no sepa lo que ocurre a su alrededor, además de una falsía. “César Vallejo ha escrito poemas políticos extraordinarios. ¿Qué es la ‘Iliada’? Es un poema político. ¿‘La divina comedia’? Una comedia absolutamente política, donde los enemigos están ahí, en el infierno. Jamás he caído en el chantaje de que los poetas son seres incontaminados que miran las flores, la luna…”.

—¿José María Eguren?
—Gran poeta, pero me quedo con Vallejo, con Arguedas, sobre muchos otros, porque a mí me interesa, tanto como el alma, las entrañas; y si la poesía no se escribe desde el alma y desde las entrañas, o falta alguna de las dos, cojea.

—Arguedas…
—Un poeta extraordinario que escribía en prosa. Además, con un poder conmovedor. Un poder de entrañas. Uno no queda impasible leyendo a Arguedas.

—Vargas Llosa.
—Desde que leí “Los cachorros” me pareció imprescindible en la literatura castellana, pero estoy muy lejos de compartir su visión política del libre mercado, que no confundo con la libre iniciativa personal. Son dos cosas distintas. Los libros de Vargas Llosa son una iniciativa personal, pero ¿qué peruano puede comprar un libro? ¿Qué proporción hay entre un libro de Vargas Llosa y el sueldo de un obrero o campesino peruano?

—Más o menos, el 10 por 100 de un sueldo mínimo.
—¿Se lo habrá preguntado? ¿O escribe solamente para un sector social que tiene acceso a su gran literatura?


Marco Fernández
Editor de Cultura


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