Infierno en el Vaticano

Pese a los desmentidos del Papa Benedicto XVI, la guerra que se vive tras la difusión de documentos confidenciales tiene un objetivo concreto: alejar del poder al secretario de Estado de la Santa Sede, el cardenal salesiano Tarcisio Bertone, al que las denuncias vinculan con una red de corrupción.

Por Diario La Primera | 06 jun 2012 |    
Infierno en el Vaticano
LA LUCHA POR EL PODER Y EL DINERO

Todo comenzó el verano pasado, cuando el secretario general de la Gobernación, monseñor Carlo María Viganó, perdió su batalla por limpiar la Santa Sede y fue enviado a un exilio dorado. Tras la decisión comenzaron a salir detalles de esa lucha interna gracias a un grupo de “topos”, al que los italianos bautizaron como los “cuervos”.

En mayo de 2011, el diario Il Fatto Quotidiano publicó una carta de Viganó dirigida al cardenal Bertone, en la que se defendía ante la “estrategia puesta en acto para destruirme ante los ojos de Su Eminencia”. En ella acusaba, entre otros, al monseñor Paolo Nicolini, director administrativo de los Museos Vaticanos, de falsificación de facturas y de participar en una empresa que adeudaba por lo menos 2.200.000 de euros al Vaticano. En total, las pérdidas alcanzaban los seis millones.


“SISTEMA CRIMINAL”
Además añadía: “Todavía estamos a años luz de la santidad que la Iglesia de Cristo debería inspirar en los pueblos y cada vez más cercanos a una institución material, involucrada y manchada por el sistema criminal que degrada el mundo y humilla la familia de los seres humanos, la verdadera Iglesia. Si aún creen en ello, los poderosos monseñores, no podrán olvidarse de aquel que volverá con potencia y gloria sobre las nubes del cielo. Como un ladrón en la noche. (Mateo cap. XXIV)”.

Cuando Bertone decidió destituir a Viganó, un afligido Papa lo nombró Nuncio Apostólico en Washington, una decisión que no le agradó demasiado al expatriado. El 7 de julio de 2011, le escribió al Papa: “En otras circunstancias tal nombramiento habría sido motivo de alegría y señal de gran consideración y confianza hacia mí, pero en el actual contexto, será percibido por todos como un veredicto de condena hacia la tarea que he desarrollado y por lo tanto como un castigo.”

La destitución animó al grupo que se oponía al secretario de Estado a sacar a la luz las denuncias sobre corrupción y luchas internas en el Vaticano. Así fue como salió a relucir otra misiva enviada por el cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos, en la que contaba que el cardenal Paolo Romeo, arzobispo de Palermo (Sicilia), había comentado en un viaje a China que el fin de los días del Papa estaban cercanos. También revelaba que alistaba a su sucesor: el arzobispo de Milán, el cardenal Angelo Scola.

BANCO INFERNAL
El escándalo desatado por la difusión de las cartas obligó al Papa a formar una comisión investigadora que terminó culpando a su ayuda de cámara, Paolo Gabriele, lo que significó otro duro golpe para él, pero los conocedores de los secretos vaticanos dudan que sea el único implicado.

Un día antes del arresto de Paolo, otra decisión de Bertone conmovió la Santa Sede: la destitución de Ettore Gotti Tedeschi, presidente del Instituto para las Obras de Religión (IOR), el Banco del Vaticano “por no haber desarrollado funciones de primera importancia para su cargo”.

El IOR estaba en la mira de las autoridades por la existencia de cuentas secretas, un manejo que data de décadas atrás. Pero ahora los plazos corren: en julio, la comisión europea Moneyval debe conceder la certificación que le permitirá entrar en la “white list” (lista blanca) de los bancos que hacen operaciones regulares. Una decisión que puede decidir la suerte del banco que tiene un patrimonio de 5.000 millones de euros.

Bertone controla el IOR tras ser ratificado al frente de la comisión cardenalicia que supervisa su manejo, desde el 2008. Las cosas no cambiaron en 2009, cuando Gotti Tedeschi ingresó, ni cuando la justicia italiana abrió una investigación en contra de dos directivos por violar las leyes de lavado de dinero. Tampoco cuando la policía incautó US$ 30 millones de la institución, el 2010.

Las sospechas de manejos ilícitos volvieron cuando el JP Morgan anunció su intención de cerrar su cuenta, luego que la fiscalía decidió investigar dos operaciones sospechosas por la transferencia de 20 millones de euros a la JP Morgan de Fráncfort (Alemania) y de otras tres entidades a la Banca del Fucino.


(1) Papa Juan Pablo I, asesinado en 1978. (2) Benedicto XVI, la crisis del Vaticano le reventó en las manos.

La fiscalía de Milán también indagaba la entrega de dinero a la fundación y al hospital San Raffaele de Milán, al que Bertone entregó dineros con la oposición de Gotti Tedeschi y los cardenales Nicora y Angelo Scola. El San Raffaele era una clínica en la que pupilas de Silvio Berlusconi trabajaban como adjuntas.

Así, las versiones que hablan de una lucha interna para preservar la identidad de aportantes, entre los que se cuentan mafiosos, narcos y traficantes de armas, cuyos fondos se esconden en las llamadas “cuentas secretas”, se hacen creíbles. Acorralado por la burocracia, enfrentado al director general del banco, Paolo Cipriani, a Gotti se le acabaron los días. Por eso es que antes de marcharse, declaró: “Prefiero no hablar. Si lo hiciera, solo diría palabras feas. Me debato entre el ansia de explicar la verdad y no querer turbar al Santo Padre con tales explicaciones”.

AMBROSIANO
Las acusaciones de blanqueo de capitales tienen vieja data y son anteriores a la quiebra del Banco Ambrosiano en 1982, del que el IOR era el principal accionista. Vienen desde la década del 60, cuando el consejero del Papa Pablo VI, Michele Sindona, se dedicó a “lavar” los dineros de la familia Gambino, con la ayuda de Roberto Calvi, quien tenía a cargo el manejo del Ambrosiano. Calvi y Sindona eran miembros de la Logia P 2.

Tras la muerte de Pablo VI, su sucesor Juan Pablo I (Albino Luciani) encargó a Jean-Marie Villot, entonces secretario de Estado, investigar el negocio. Luciani sabía de qué se trataba, pues cuando era arzobispo de Venecia, en 1972, el Vaticano vendió al Ambrosiano la Banca Cattolica del Veneto, que prestaba ayuda a los más pobres. Un objetivo que no era el de Calvi, Sindona ni del arzobispo Paul Marcinkus, director del banco, que buscaban evadir impuestos.

Luego que Villot presentara un informe lapidario sobre los manejos financieros, Juan Pablo I fallecía en extrañas circunstancias el 28 de septiembre de 1978, a los 33 días de haber asumido el cargo. Muchas versiones hablan que fue envenenado por Marcinkus.

Con el colapsó del Ambrosiano, desaparecieron casi US$1.300 millones en préstamos a empresas fantasmas en América Latina. Marcinkus solo logró evadir la justicia gracias a la extraterritorialidad del Vaticano. Calvi acabó colgado en el puente de Blackfriars, en Londres. Sindona se suicidó. Al final, la Santa Sede se vio obligada a aportar unos US$ 406 millones para acallar el escándalo.

MAFIOSOS
Pero ¿quién es Bertone? Es un viejo hombre de confianza del Papa, que lo designó en la secretaría de Estado en septiembre de 2006, decisión que no agradó a la burocracia vaticana por tratarse de un teólogo. El cargo le correspondía a un diplomático papal. En 2009, cuando cumplió 75 años de edad, Benedicto XVI lo confirmó en el cargo pese a que ya superaba la edad establecida.

La figura del secretario de Estado dista de ser angelical. El escándalo le salpicó en mayo de 2008, cuando la fiscalía de Génova informó que él y el cardenal Angelo Bagnasco, arzobispo de Génova y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, figuraban en las conversaciones de una red mafiosa que se dedicaba a cobrar comisiones ilegales para adjudicar las licitaciones del servicio de catering de colegios y hospitales públicos.

En las escuchas telefónicas, los detenidos hacían alarde de sus relaciones con los prelados para entregar “a dedo” la adjudicación de los servicios de catering, un negocio que mueve más de 29 millones de euros. “El sabe cómo se llama la empresa, sabe que es una empresa próxima a Bertone, sabe que Bertone es un hombre de Bagnasco... Sabe todas las cosas que debe saber”, decía en la grabación uno de los arrestados. Pese a la gravedad de la denuncia, ninguno de los dos obispos fue investigado.

Ahora los opositores de Bertone denuncian que su objetivo es preservar el poder tras la sucesión de Benedicto XVI, quien a sus 85 años es un hombre aislado, acorralado por las luchas internas. Un hombre anciano y enfermo, alejado de su viejo amigo. Al secretario de Estado lo acusan de ambición desmedida, de pretender colocar a un sucesor entre los cardenales italianos.

El acusado no habla de él, pero niega las versiones de luchas internas y asegura que Benedicto XVI no está aislado, que él toma las decisiones. Pero la Iglesia Católica, una institución con siglos de historia, manchada por amparar a sujetos acusados de pederastia y de avaricia, es una clara muestra de que el infierno está presente en la Tierra.


Efraín Rúa
Redacción

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