¿Idus de marzo?

La última encuesta de Datum (no se sabe a ciencia cierta si es nacional, como señala Perú 21 en su portada del jueves, o sólo abarca Lima Metropolitana como señala la ficha técnica de Datum publicada en el mismo diario) revela que, como sostuve en mi columna del domingo pasado, el caso Antauro Humala no ha afectado significativamente la aprobación del presidente de la República y, por lo tanto, la del gobierno.

| 18 marzo 2012 12:03 AM | Especial | 1.2k Lecturas
¿Idus de marzo?
“La moraleja es que al Presidente le conviene mantener dos alas en el gobierno para dar que hablar a la oposición mediática mientras él observa desde el balcón.”
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El jefe del Estado tenía en febrero 58 por ciento de aprobación y hoy tiene 55 por ciento. Tres puntos de diferencia que si nos atenemos al margen de error consignado en la ficha técnica de +/- 5 por ciento de Datum, significa que estadísticamente está igual que en febrero. Ello pese a que el 73 por ciento de los encuestados considera que Antauro Humala tiene privilegios por ser hermano del presidente y que el 68 por ciento cree que éste conoce y respalda dichos privilegios. En resumen: a la opinión pública el tema le ha importado un bledo.

Digo esto sólo para señalar el divorcio que existe entre los legítimos intereses, deseos y opiniones de los medios (que son los que han puesto el tema en la agenda pública durante más de una semana) y el pueblo simple y llano cuyas expectativas, por lo visto, son bien distintas a la de los líderes de opinión. Así, en este caso, el gobierno le ha ganado la partida a la oposición, léase: los medios.

Por supuesto que lo dicho aquí no significa ningún juicio de valor sobre el tema sino una constatación fundada en las estadísticas. Tampoco significa una crítica a la labor de los medios, a saber, informar, pues esa es su función. El problema está cuando los medios trascienden esa función para convertirse en operadores políticos desde la portada hasta la contra portada. Digo “problema” para los medios pues su agenda política no necesariamente sintoniza con la de la opinión pública. El caso Antauro es la prueba de ello.

Es obvio hasta aquí que la oposición vende…diarios. Pero que los diarios puedan vender oposición, ése es otro cuento. Para ello se necesita políticos de verdad que ni están en los medios ni en los partidos que no existen. En ese contexto la labor de oposición política de los medios tiene dificultades insolubles. Como tanto en la izquierda como en la derecha los medios apoyan al gobierno por diferentes razones, la inclusión social, unos; las vigas maestras del modelo económico, los otros, la oposición real se ve reducida a aspectos marginales de la política. Así, nadie quiere cargar las tintas más que contra aquello o aquellos que, formando parte del gobierno o su entorno, están en el lado opuesto de sus visiones políticas.

De ahí que el gobierno tenga una gran ventaja sobre la oposición y es que, al ser ésta fundamentalmente mediática, en la realidad no existe políticamente hablando. A la derecha mediática lo que le importa fundamentalmente es que el modelo económico siga su curso. En ese entendido, ¿qué oposición política puede haber si el gobierno está comprometido con ese modelo? Y la izquierda ya comprendió que le conviene conservar el poco poder que le queda en el gobierno a la expectativa de que cambie la marea nuevamente a su favor. ¿Qué oposición puede hacer más que quejarse conceptualmente del “neoliberalismo” y sus aláteres, pero sin tocar al gobierno?

Cuando hablo de gobierno me refiero al presidente de la República. Él es el gobierno. Una verdadera oposición va a la yugular del régimen, no anda mordisqueando piernas. ¿Alguien en los medios va por la yugular? Pues no. La derecha mediática teme que si jala mucho la pita el presidente la mande al cuerno y entonces resucite “la gran transformación” y… a llorar a la playa.

Por eso es que ese sector mediático se limita a oponerse políticamente a todos aquellos que dentro del gobierno les recuerde sus pesadillas. Total, no pierde nada despotricando contra tal o cual ministro o contra la parentela presidencial mientras deja a salvo al presidente recordándole, eso sí, qué representan políticamente para ellos los atacados. O sea, que éstos vayan por ese camino es una cosa, pero que el presidente vaya por ahí es otra. Ése es el mensaje. Y la respuesta del presidente debería ser la lógica. Los atacados deben quedarse en el gobierno para que la derecha tenga con qué satisfacer su ansiedad.

Y la izquierda igual. Si ajustan mucho las clavijas desde sus portadas entonces no vaya a ser que el presidente empiece a desenfundar sables y a enfundarse un uniforme verde aplaudido desde las redacciones de sus competidores mediáticos. Entonces, al igual que la derecha, la izquierda no se mete con el presidente mientras despotrica contra todo lo que se mueva a la derecha, que es bastante.

La moraleja es que al presidente le conviene mantener dos alas en el gobierno para dar que hablar a la oposición mediática mientras él observa desde el balcón.

No hay pues idus de marzo a la vista. Más bien mucho ruido y pocas nueces…mientras todo siga como está.


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