Hora loca en Miami

La primera vez que abordé un avión en condición de pasajero, me tocó en suerte un viejo cuatrimotor “Electra” de pronóstico reservado, en el cual, casi dejo mi alborotado corazón de entonces, cuando dicha víscera amenazó saltarme por la boca, apenas la aeromoza empezó a explicar la conducta recomendable en caso de siniestro, sin que antes me hubiera quedado claro, que se trataba de un simulacro. Pura finta nomás, pero impresionante, compadre.

| 18 marzo 2012 12:03 AM | Especial | 2.5k Lecturas
Hora loca en Miami 2581

La chibola en cuestión, flaquita, debutante, medio asustada también ella, hacía su trabajo, claro, pero lo cumplía tan a lo vivo, que cualquiera se hubiera imaginado, que estábamos un paso al más allá, apenas despegado el armatoste, integrante de un lote de aviones que terminó estrellándose por todo el mundo, tiempo más tarde. En fin.

Y como los percances difícilmente vienen de uno en uno, me salió en rifa, sentarme al lado de una señorona cucufata que armada de un imponente rosario, rezó durante todas las once horas que por entonces duraba la travesía Lima-Miami, destino de todos los caídos del palto, pero con plata, que hay en nuestro country, los mismos que enderezan la trompita para decir:”Mayami”, ignorando -no sé si a propósito, o por charm huachafo Made in Gamarra- que los propios miamenses, dicen “Miami” nomás y se acabó el detalle.

Resulta que yo viajaba como “chaperón” de un travieso elenco de veinticinco leonciopradinos, invitados por una moña que por entonces se llamaba “Operación Amigo” y consistía en un intercambio estudiantil gringo-cholo, mediante el cual, jóvenes del último año de secundaria, se alojarían en casas familiares de ambos países involucrados en la nota.

Mis superiores de Baquíjano, aprovecharon el viaje, para matricularme en un “trainee” que impartía “The Miami Herald” y yo debía cumplir, alternando mi aprendizaje de edición de magazines y toques anexos, con el control disciplinario de veinticinco mocetones con las hormonas a flor de piel,- ¿Y quién te controlaba a ti?… hubiera preguntado mi tío putativo “Pichón de pato”- pero esa, es otra salsa.

Bueno pues, cumpliendo la misión de pastorear a tan simpático grupo, visité las “Queen Islands”, el “Seacquarium”,-que no sé si se escribirá así- y agarré viaje con una simpática camarera del “Camagüey”, restaurante cubiche que se acomodaba a nuestros gustos culinarios y a las normales dificultades de nuestro peruvian english . Todo marchaba igualmente chévere con mis clases de “newspaper” a cargo de Mr. Beebe, en aquel tiempo “Editor in Chief” de “The Miami Herald”.

Pero bien decían los curitas inquisidores, “que todo será a la Gloria de Dios, siempre que El Diablo, no meta la cola”.

-Y entonces pues, una bella dama, reciente viuda de una de esas guerras que tanto vacilan a los gringos, resultó invitando a todo el elenco, chaperón incluido, a una fiestacha que pensaba dar en su “house” y a la cual, concurriría un selecto grupo de gringas “teenagers”, que, desde luego, integraban el programa de intercambio y estaban en el primer hervor de sus quince a diecisiete, para decirlo en fino.

Como es de suponer, este servidor, les mandó tremendo discurso a sus “chaperoneados”, acerca del decoro, las buenas costumbres y el merengue ese, de dejar “bien puesto el nombre del Perú”, sin imaginar el trasfondo de verdad que dichas palabras, resultarían teniendo hacia el fin de la fiesta, oiga usted.

Ya en el teatro de los acontecimientos, la doña me preguntó si los chicos podían beber “one beer”, a lo cual me opuse cortésmente, pues siempre he sabido que El Diablo come candela, por lo cual quedamos en cocacolita nomás y un cierto “ponche” de sopera que del saque me pareció sospechoso, pero tampoco estaba la china para calzones blancos y de ponerme exquisito, mi añorado “Tío Pichón”, me hubiera comparado a la legendaria “Pata e Yuca”, que treinta años después de estar en el cuento, salía por la puerta falsa del bulín, “para que no la vieran sus amistades”.

-El toniche arrancó normal y los muchachones sacaron a bailar a las gringachas, caballero nomás, aunque se fueron soltando cuando sonó Elvis Presley y sobre todo, cuando “Bill Halley y Sus Cometas”, rompieron con “Rock Around The Rock”, tema musical que hacía furor en todo el mundo en plan de “sound track” de “Semilla de Maldad”, peli que convirtió en rockanrrolero a cuanto palomilla había por ahí, con las consecuencias que más de un sesentón recordará, aunque ahorita esté entreteniendo a sus nietos y se haga el vonhue full equipo.

Yo, entre tanto, intentaba conversar con la dueña de casa, cuarentona, bien puesta, rubia auténtica, “colchonable”, como diría el Dr. Marco Aurelio, gran maestre de las manualidades, y enemigo lingüístico de la tía Martha, que se la tiene jurada por dárselas de criticón.

La doña del cuento, hacía denodados esfuerzos por hacerme creer que mi “spanglish” primarioso, resultaba comprensible, ayudándose con guiños, expresivos ademanes y una que otra sorpresiva carcajada, mientras observábamos el desarrollo de la pachanga juvenil.

De pronto, la buena señora me hizo un requiebro convencional y mismo mago de plazuela, materializó una botella de whisky, rematando el toque con un gesto internacionalmente traducible, como “sólo un poquito, nada más”.

-Y, bueno pues, el suscrito “que firma”, santo nunca ha sido, y judoko mucho menos, de modo que acepté nomás y entre risa y gracia, llegamos a mandarnos, digamos, una media botella de dicho pisco agringado, hasta que sin querer queriendo, terminamos en el dormitorio,(para conversar, nomás, no sean malpensados).

Y una hora más tarde, reacomodándome la corbata, emergí de vuelta a la sala del rumbón y conforme recuerda Juanito Silva Vidaurre, -que era uno de los cadetes- proclamé con voz tonante:”Ahora si, muchachos… ¡Paso de vencedores…que ya se rindió el respeto de la casa!”.

-Dejo el final de esta historia, a los primores de vuestra cumbiambera imaginación, desde luego, aceitada en sus vericuetos, por ese genial cachimbero que es El Diablo. Alguien que muy bien sabe lo que es candela, cuando llega el tiro libre de cualquier hora loca, en Mayami, o en cualquier parte, mi estimado.


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