Homenaje a la vida

Prefiero quedarme, dejar de buscarla en el aire y continuar pensando que el secreto de la vida no está en la vida, está en la lucha, en el sueño, en el sacrificio, en el sufrimiento.

Por Diario La Primera | 10 jun 2012 |    
Homenaje a la vida
CHICLAYO

Busqué a la vida, y la encontré en una ciudad del caliente norte peruano, Chiclayo. Me la trajo el rostro alegre de un hombre que escribía periodismo y hacía poesía. La primera de sus notas políticas la publicó durante el dilatado gobierno de Augusto B. Leguía (1919 a 1930). Estaba escribiendo la más reciente cuando lo sorprendió la muerte a los 105 años de edad… aunque a veces pienso que fue él quien la sorprendió.

Nicanor de la Fuente firmaba con el seudónimo de Nixa. Desde hacía muchos años tenía una estatua suya frente a su casa y me recibió con una amable copa de vino en la diestra cuando cumplía 103. ¿Su secreto? Se moría de risa cuando se lo pregunté, pero adiviné que residía en esa misma risa y en su permanente valentía.

Como la mayoría de los hombres decentes en el Perú, conoció la cárcel por motivos políticos. Participó en las luchas anarquistas al alba del siglo veinte. Fue corresponsal de “Amauta” en el norte del Perú, y concurrió a la fundación del partido socialista de José Carlos Mariátegui y a las luchas del APRA revolucionaria de Víctor Raúl Haya de la Torre.

El filósofo Antenor Orrego dijo refiriéndose a él que “la encrucijada, la tragedia de hoy no se resuelven desde el gabinete frío del poeta neutro. Es preciso aventar el pecho a la calle con el canto o sin el canto. Porque el que canta es el más responsable del porvenir.” Lo dijo hace 80 años, y aunque en nuestros días, está de moda preconizar la literatura “light”, esas proclamaciones cobardes no enervan la bravura como condición indispensable de una vida decente.

Inés de Guijón nació en Chiclayo pero administra desde hace 70 años en Trujillo la más antigua librería del Perú, llamada justamente la “Librería Peruana”, que abrió al lado de su esposo Carlos. Como los buenos libreros o los libreros buenos, compra más libros de los que vende y habla de ellos como una enamorada. Ha sido presidenta de decenas de asociaciones culturales, entre ellas el Instituto Nacional de Cultura, pero lo que más le interesa es prestar libros, y hasta venderlos a plazos u obsequiarlos. Hombres y mujeres salen de su esquina en la plaza de armas decididos a terminar el texto que ya llevan bajo el brazo para poder hablar de él en su próximo encuentro o en el café de lectores que Inés organiza.

-¿Cuántos años tienes Inés?

-No lo podrías creer, Eduardo. Ni yo misma lo puedo creer.

No insisto y de lo único que logro enterarme es que su bisabuela, doña Paula Escurra, ama de casa y eximia pianista, murió de 108 años en 1950 luego de beber el vaso de whisky que había reclamado para irse en paz y con su música a otra parte.

Quería escribir algo acerca de la fuente de la juventud en Chiclayo y traté de buscar a la periodista Tatta Torres, pero no la pude ver. Le estaban haciendo una terapia. Padece de Miastenia Gravis y Polimiositis, ha sufrido caídas feroces en la calle y ahora ya no puede movilizarse sino en silla de ruedas. Sin embargo, continúa dirigiendo una revista literaria, colabora en el periódico, escribe poesía, hace campañas a favor de la lectura, está por publicar un libro y cada seis meses me envía un email en el que recolecta firmas para defender alguna causa justa. En estos momentos, leo un correo electrónico en que nos pide hacer una campaña a favor de los enfermos aquejados por este tipo de enfermedades.

Andrés Zevallos de la Puente, uno de los más grandes pintores peruanos del siglo veinte, tiene noventitantos años, pero acabo de llamarlo, cuando en Cajamarca, su tierra son las 7 de la mañana. Me responde desde su taller adonde ha ido mucho más temprano para terminar un cuadro. El año pasado hizo la portada de una nueva edición de mi libro “Sarita Colonia viene volando”. Estoy seguro de que Sarita debe de estar muy feliz y más dispuesta que nunca para servirnos.

Siempre he supuesto que el olvido y la esperanza hacen la vida, pero Nixa, Inés, Tatta y Andrés me han dejado sin suposiciones. He perdido el amparo que me daría una frase redonda, y prefiero quedarme, dejar de buscarla en el aire y continuar pensando que el secreto de la vida no está en la vida, está en la lucha, en el sueño, en el sacrificio, en el sufrimiento y en toda esa alegría misma que supone vivirla.


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