García se fue de robo

Este es el prólogo escrito por César Lévano, director de LA PRIMERA, para la segunda edición del libro “Fe de ratas” de Raúl Wiener Fresco, jefe de la Unidad de Investigación de este diario, quien ha recopilado historias de corrupción que se desarrollan en esa comedia de consecuencias trágicas que es el sistema político peruano.

| 12 noviembre 2011 12:11 AM | Especial | 1.8k Lecturas
García se fue de robo
A solo cuatro meses de la presentación de “Fe de ratas”, Raúl Wiener vuelve a la carga con una nueva edición de su libro.

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DETALLE

“Alan García, Jorge del Castillo y sus cómplices están lejos del impulso antiimperialista y antioligárquico del Apra inicial, aquella que Víctor Raúl Haya de la Torre definió el 8 de diciembre de 1931, en Trujillo, poco después de haber sido derrotado en las elecciones de aquel año”.
1843

El Perú es quizá el país de América Latina donde los gobernantes roban con mayor entusiasmo e impunidad. Alan García es el ejemplo más vergonzoso de enriquecimiento rápido y cínico. Donde puso la mano, acumuló fortunas: tren eléctrico, puertos, Collique, gas de Camisea, reconstrucción de Ica, Agua para Todos: todo ha servido para que este enfermo de codicia se llene los bolsillos.

El presente libro de Raúl Wiener, que alcanza su segunda edición a cuatro meses de su primera aparición, es un ejemplo de periodismo de investigación, en lo que éste tiene de desvelamiento de realidades deliberadamente escondidas y de acumulación de pruebas e indicios rigurosos en defensa de un bien colectivo. El bien defendido por Wiener es el de la economía, la moral y la seguridad nacional.

Contra ese bien atentaron García y, en general, el gobierno aprista. Todo indica que el afán insano de García por dinero se benefició con la existencia de una legión de corruptos, es decir, ladrones, en el Partido Aprista. Algún día se sabrá que las coimas mayores fueron, sin embargo, cobradas por el político que se jacta de ser el único dirigente aprista capaz de reclutar votos. Por supuesto que parte de ese capital político es el apoyo del gran capital, en especial las grandes mineras, los bancos y las transnacionales. Muchos hechos expuestos en este libro parecen escapados de un delirio. Por momentos la tragedia cobra acentos de sainete u ópera bufa. Por ejemplo, cuando en el caso de los petroaudios se demostró que a la ficticia empresa petrolera Discover se le iban a conceder 4 500 000 hectáreas. García nombra en esos días, intempestivamente, ministro de Salud a Hernán Garrido Lecca, quien no conoce eso ni por el forro, pero tenía contactos decisivos para entrar en un negocio de construcción de hospitales proyectado por el dominicano Fortunato Canaán, promotor también de Discover en el Perú.

Recuerda Wiener lo ocurrido con el paso de Garrido Lecca del Ministerio de Vivienda al de Salud, solo porque tenía contactos con ciertas entidades internacionales vinculadas con el financiamiento de obras públicas. “Lo que lleva fácilmente”, escribe Wiener, “a la pregunta de si el cambio ministerial del mismo Garrido, trasladado al sector Salud, sin ninguna experiencia ni preparación para esa función, fue desvinculado del ‘Proyecto Perú’ de Fortunato Canaán. Obviamente, si fue para darle soporte, como parece, no habría manera de evitar la conclusión de que García era el operador principal de las decisiones”.

En los petroaudios del caso se revela que un interesado en las transacciones con Canaán era Jorge del Castillo, que entonces soñaba con ser Presidente de la República, y había llegado a la conclusión de que a Palacio se llega con bastante dinero.

Alan García, Jorge del Castillo y sus cómplices están lejos del impulso antiimperialista y antioligárquico del Apra inicial, aquella que Víctor Raúl Haya de la Torre definió el 8 de diciembre de 1931, en Trujillo, poco después de haber sido derrotado en las elecciones de aquel año.

“Quienes han creído que la única misión del aprismo era llegar a Palacio, están equivocados. A Palacio llega cualquiera, porque el camino a Palacio se compra con oro o se conquista con fusiles. Pero la misión del aprismo era llegar a la conciencia del pueblo antes de llegar a Palacio. Y a la conciencia del pueblo se llega, como hemos llegado nosotros, con la luz de una doctrina, con el profundo amor a una causa de justicia, con el ejemplo glorioso del sacrificio”.

Ochenta años después, García, Del Castillo y sus cómplices no tienen luz doctrinaria que los guíe, carecen de amor por la ajusticia y son ajenos a cualquier reclamo de sacrificio. Por eso, como demostraron las elecciones recientes, no han llegado a la conciencia del pueblo y han reducido el Apra a un grupúsculo al servicio de las peores cosas. El texto de Wiener es una requisitoria periodística que demuestra que la cúpula aprista de hoy merece la cárcel.


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