García no escucha la voz de la selva. Prefiere la de Washington

Que el Apra actúa como instrumento del imperialismo yanqui, se sabía hace décadas, pero esa mayordomía nunca había exhibido la librea como bajo el segundo gobierno de Alan García. Esa servidumbre aparece, siniestra, en un informe del embajador de los Estados Unidos en el Perú, Michael McKinley, quien prácticamente ordena la matanza que ocurrió en Bagua el 5 de junio del 2009.

| 19 junio 2014 05:06 PM | Especial | 1.9k Lecturas
García no escucha la voz de la selva Prefiere la de Washington
Consulta previa… a la embajada
Por: César Lévano
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Esa masacre causó la muerte de 23 policías, cinco pobladores y cinco nativos amazónicos, y la desaparición de un oficial de policía.

La revelación reciente proviene de Wikileaks recién publicados. El contexto fue una protesta amazónica. Pobladores de la selva rechazaban dos decretos de urgencia expedidos por García, y bloqueaban un puente. Mientras duraba el conflicto, los nativos y la Policía habían establecido una relación pacífica, incluso amistosa.

En eso surgieron las presiones de Washington, que ahora se descubren con pruebas. El informe del embajador estadounidense sugería que García, al no actuar con mayor firmeza, estaba favoreciendo la imagen de los amazónicos.

En un primer informe, del 1 de junio del 2009, McKinley expresaba que si el presidente peruano cedía a la presión amazónica eso iba a tener consecuencias para el Tratado de Libre Comercio (TLC) del Perú con los Estados Unidos.

Divina inspiración. De inmediato la ministra de la Producción Mercedes Aráoz declaró que si se accedía a los reclamos nativos, el TLC corría peligro. Cediendo a su musa yanqui, García ordenó el 5 de junio la operación intempestiva, sin diálogo ni estudio, que condujo a la matanza, y expuso: “ya está bueno. Estos ciudadanos no tienen corona”. La ministra del Interior Mercedes Cabanillas canalizó la orden de Palacio.

Hace años llegué a la conclusión de que la óptica de García sobre nuestra Amazonía solo toma en cuenta los intereses de las grandes empresas petroleras y de gas, de los madereros depredadores y de los neolatifundistas peruanos y extranjeros.

Cuando el Congreso aprobó la ley de consulta previa, que reconoce el derecho de los pueblos indígenas u originarios a ser previamente consultados sobre medidas legislativas o administrativas que afecten directamente sus intereses colectivos, un vasto sector amazónico rindió homenaje, en la Corporación Andina de Fomento, a quienes habíamos defendido esa propuesta. Al final, me pidieron que dijera unas palabras, pese a que yo no estaba programado.

Dije allí que no había que excederse en la euforia porque era probable que el presidente García, que había publicado en El Comercio la serie “El síndrome del perro del hortelano”, no promulgara la ley. Eso ocurrió.

García no escucha la voz de la selva. Prefiere la de Washington.

César Lévano


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