Formación de las ideas

Osmar Gonzales Alvarado, director de la casa Museo José Carlos Mariátegui, conversa con LA PRIMERA sobre las novedades de su libro “Ideas, intelectuales y debates en el Perú”.

| 28 agosto 2011 12:08 AM | Especial | 6.1k Lecturas
Formación de las ideas
Osmar Gonzales Alvarado en el “Rincón rojo” donde José Carlos Mariátegui recibía a sus visitas.
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Osmar Gonzales prefiere entender la historia del Perú desde las funciones que cumplen los sujetos de ideas. Su aspiración es relatar una historia del Perú desde la participación de estos sujetos. Todos sus libros tienen esa motivación de explicar a partir de esas ideas. Y eso explica las fuentes que utiliza; las cartas, por ejemplo.

—Ingresa al mundo íntimo de cada uno.

—Me gusta el proceso de la formación de las ideas. Las cartas ayudan a entender eso. Ese es el proceso que me gusta descubrir, el de la formación de la idea. Otro tema es el contraste entre lo que dicen los autores y lo que viven. La construcción del mundo paralelo. A veces, la honestidad del intelectual que actúa como funcionario del Estado se ve en entredicho cuando se descubre que ha utilizado los recursos del Estado para sus intereses.

La amistad en Mariátegui
Acaba de publicar “Ideas, intelectuales y debates en el Perú” (Editorial de la Universidad Ricardo Palma, 2011), un conjunto de artículos como “La correspondencia de Ricardo Palma”, “De escuela rural a grupo intelectual. La historia del grupo Orkopata”, “Federico More: ‘Miserable e infame burgués’”, “La amistad en Mariátegui”, entre otros.

Para los no entendidos, José Carlos Mariátegui se revela como un seudónimo. José del Carmen Eliseo no era un nombre que le gustara mucho. Utilizaba seudónimos para escribir, como XYZ, Sigfrido, y otros conocidos. Y escribía del Perú “sin conocerlo”: “Creo que Mariátegui tenía aquella facultad especial para entender fácilmente a las personas”, dice Gonzales, “tenía una gran capacidad de comprensión, como Arguedas. Desarrolló una gran capacidad de empatía, de comprensión y que termina siendo una de sus características personales, psicológicas. Con esa empatía habló del Perú y de los peruanos ‘sin conocerlos’; es decir, sin haber viajado a esos lugares del Perú. Las obras de Mariátegui no solo hay que entenderlas en el plano personal psicológico. En ese ensayo muestro cómo Mariátegui siempre comienza hablando de lo más teórico… infraestructura, supraestructura…, pero termina hablando del sujeto. Tiene una gran capacidad de relacionarse con los demás sujetos”.

Mariátegui era un tipo travieso, y era “un gran amante de la belleza femenina”. Mariátegui, el hombre que viajó a Europa “desterrado” por Augusto B. Leguía: “Lo que sucede es que familiares de Mariátegui estaban ligados a Leguía. (Julia) Swayne Mariátegui era la esposa de Leguía. Y Mariátegui quería ir a Europa”.

—Mariategui habló del Perú y los peruanos sin conocerlos…

—No viajó por el Perú. Pero ¿cómo entiende las comunidades, el mundo andino?, porque acá, a su casa, venían Hildebrando Castro Pozo, Luciano Castillo…, hablaba y se entrevistaba con Valcárcel, o venían los obreros, los líderes artesanos… Con los ojos de ellos miraba el mundo de los trabajadores. Entonces, fue una gran facultad la que tenía para generalizar a partir de los individuos que él iba conociendo. ¿Cómo hubiera sido Mariátegui en otro caso? Creo que sus planteamientos hubieran tenido mucha mayor solidez. Es que su capacidad de observar y conocer a la gente es muy grande.

Ventura García Calderón
Una de las novedades de este libro es un ensayo sobre “1911. La novela peruana” de Ventura García Calderón. Este no la firmó con su nombre, sino con un seudónimo: Evaristo Galindo. Ese libro prácticamente había permanecido olvidado en las oscuridades porque Ventura mismo lo quiso así.

—¿Qué escritor escribe para ser olvidado?

—Sucede que escribió para sus amigos, su elite. Incluso en sus “Obras escogidas” no menciona la novela. Él se autosilencia porque la novela es una crítica muy dura a las elites de su tiempo y a su propia generación, que no tomó las responsabilidades políticas de tu tiempo. Riva-Agüero, Víctor Andrés García Belaunde, José María de la Jara y otros. La novela es muy desencantada, retrata a la Lima de su tiempo; retrata a los personajes centrales: el dictador, el caudillo, el cura, los líderes políticos, la señora pía, el mayordomo, el criado, la nana negra; retrata el mundo de las elites y también el mundo debajo del puente, los prostíbulos, la vida jaranera; pero, sobre todo, enrostra a las elites de su generación el haber fracasado en conducir el país. Creo que para no pelearse con Riva-Agüero prefiere repartir la novela solo a algunos amigos y sin reivindicarse públicamente como autor.

Como dice Osmar Gonzales Alvarado, Ricardo Silva Santisteban ha publicado en dos tomos la obra narrativa de Ventura García Calderón, y recoge también “1911. La novela peruana”. Pero no hay un estudio a profundidad. En “Ideas, intelectuales y debates en el Perú” sí podemos encontrarlo. “Creo que es una de las mayores primicias del libro”, dice el autor: “Aquí, Ventura García Calderón retrata el mundo de las fiestas, los salones, los coqueteos, el cura de doble discurso, el poeta que termina siendo alcohólico; tiene una mirada desencantada de Lima. El libro aparece en el 41 en París, cuando ya las cosas habían pasado. Él mira la época de su juventud”.

En este libro también rescata “quizás la primera tesis inédita de Alberto Tauro del Pino sobre el indigenismo literario, una tesis de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Hay también algunas cartas inéditas de Ventura García Calderón con José de la Riva-Agüero. Desecho la idea de José de la Riva-Agüero como homosexual y narro el ‘Itinerario sentimental de José de la Riva-Agüero’”.

Hijos ilegítimos
En unos días sale “Ilegítimos. Los retoños ocultos de la oligarquía”, en colaboración con Juan Carlos Guerrero Bravo, una edición personal de Osmar Gonzales, porque nadie quiso aceptar ese libro. Hace cinco años lo tiene listo. En cartas que analiza Gonzales aparecen los hijos de Javier Prado: “Lo curioso es que Javier Prado tenía hijos por diferentes lugares y criticaba a las ‘razas inferiores’ que se dejaban desbordar por el instinto, el bajo instinto… Y quien dejaba regado hijos por todos lados era el mismo Javier Prado. Yo he contabilizado cuatro por lo menos, que están documentados en ese libro”.


Marco Fernandez
Editor cultura

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